OPINIÓN

Parras, el ocaso de la Feria de la Uva

domingo, 15 de agosto del 2010

La Feria de la Uva en Parras fue una de las fiestas más galanas del norte de México. No era extraño que por el mes de agosto, Parras fuera visitado por personalidades de la política, la industria, de la cultura, del teatro, radio y cine. Salvador Novo nos lo dice en su diario con fecha 2 de septiembre de 1949: “Julieta Recamier regresaba también (al igual que Carlos Pellicer) con los Madero, después de haber asistido en Parras a la inigualable fiesta de la vendimia...”. Y no era para menos, pues la calidad de la feria era similar a las más renombradas del Bajío, tanto así, que el programa estelar de la feria, “Así es mi Tierra”, nació entonces como un regalo musical de Parras para todo México.

Y es que la feria de Parras, en su mejor época, fue promovida por ciudadanos de solvencia moral (no se robaban el dinero) como el entonces gerente de Casa Madero, don José Salinas Iranzo que, aprovechando su amistad con el mejor publicista de México, don Eulalio Ferrer, lanzó desde Parras el programa radiofónico de más honda esencia nacional: “Así es mi Tierra”.

Basta recordar que en Parras, cuando los alcaldes eran personas serias, que inspiraban respeto no sólo por lo que hacían, sino también por lo que no hacían, los parrenses disfrutaban de artistas que se fueron consagrando en su feria, como José Alfredo Jiménez, Lola Beltrán, Lucha Villa y La Prieta Linda, veladas a las que el pueblo asistía, dándole gusto al gusto y brindando con los productos de Casa Madero, que eran exclusivos de la feria, conservando con ello esencia y tradición, como valores distintivos de Santa María de las Parras.

Hoy, por desgracia, el esplendor de esa fiesta memorable es cosa del pasado, pues la feria ha degenerado en un espectáculo deprimente, de intereses mezquinos y rebatingas probadas. Evento que se ha podrido desde el primer gobierno de Evaristo Madero, donde la famosa festividad ha transitado de la buena mesa a la fritanga y la “caguama”; del espanto al esperpento, maratón de juerga cervecera, de chafa rompe y rasga, un espectáculo de grotesca vulgaridad.

Cómo olvidar que en la feria de Parras se llegó a instalar la “Fonda de Doña Petra”, la tradición más genuina de los platillos típicos de la Feria de San Marcos y que a la plaza de toros, frente al Mercado, llegaron a torear Gastón Santos, Fernando Casanova y Edith Evans, donde llamaba la atención doña Martina de la Cruz, acompañada de mariachis, con su rebozo “coyote” terciado al pecho, bordes de oro y plata, pistola al cinto y con todo el trapío que se fue con la feria de antaño, la que imagina Novo en sus memorias, la que instituyeron los periodistas don Gabriel Robledo Luna y José Natividad Rosales.

Y mientras en Parras todo se derrumba, el alcalde Evaristo Madero Marcos pasea por Europa, dejando a sus peores achichincles encargados del changarro, degradando el prestigio “Madero”, el apellido del patriarca Evaristo Madero Elizondo, que siempre se rodeó de los mejores colaboradores.

“En Parras, comenzó a amasar la fortuna familiar Evaristo Madero Elizondo, el patriarca de la familia y es en este pueblo donde el director y presidente de Cemex, Lorenzo Zambrano, se reúne con su familia para honrar a sus antepasados...” (Oro Gris, Pág.139).

En cambio, hoy tenemos que al alcalde de Parras, Evaristo Madero Marcos, ya lo esperan a su regreso de Europa sus colaboradores estrella: Huachi, Toto, Chato, Popo y el Chocorrol; felices de la vida, le han elaborado un letrero con su nombre en rosas rojas color carmesí y con fondo de nenúfares blancos: “Bienvenido Evaristo y Muchas Gracias por Existir”.

Y después de eso, el frío balance de las ganancias de la feria: “todo lo que entró, salió”.