OPINIÓN
Otros Saltillos
sábado, 28 de julio del 2012
Finalmente lo parimos: el miércoles anterior, como parte de la edición número 13 mil 317 de VANGUARDIA, se distribuyó el suplemento “Los Otros Saltillos”, un documento en el cual se relata la historia de una decena de comunidades cuyo nombre es idéntico al de la capital de Coahuila.
La incubación fue larga. Poco más de una década desde que surgió por primera vez la idea. Pero fue una incubación que mejoró sin duda el resultado, pues si hubiéramos intentado la empresa hace diez años, seguramente no habríamos elaborado lo que finalmente se presentó.
Existen diferencias sustanciales entre aquel momento y éste que justifican lo dicho en las líneas anteriores.
La primera de ellas es que en el año 2002 Alejandro Gómez Millán e Ignacio Valdez no figuraban entre mis amigos, es decir, de haber realizado en aquella ocasión el trabajo de exploración, ellos no habrían sido incluidos en la tripulación del barco.
Eso se traduce en una circunstancia muy concreta: no habríamos tenido, producto de esta aventura, un documental de la calidad que ha producido “El Flaco” Gómez y que está siendo ya transmitido a través de los canales locales de Televisión. Tampoco habríamos tenido una colección de fotografías de la calidad que se exhibe -desde la tarde del lunes pasado- en el Centro Cultural Teatro García Carrillo y que se deben a la calidad artística de Nacho.
La tecnología también ha cambiado sustancialmente en los últimos 10 años. Hoy, a diferencia del 2002, la alta definición es un estándar en video y ello implica la posibilidad de realizar un documental de altísima calidad a precios mucho menores que los de principios de siglo.
La calidad de la impresión que hoy es capaz de producir VANGUARDIA también mejoró de forma notable en este período, de tal suerte que el suplemento editado con motivo del 435 aniversario de nuestra ciudad está realmente muy bien impreso.
Hace 10 años tampoco estaba en VANGUARDIA Kowanin Silva, una talentosísima editora cuyo rigor y profesionalismo fue determinante para lograr un producto digno de verse. Mucho le deben Los Otros Saltillos a la pasión de Kowanin por hacer bien las cosas.
En la realización de este proyecto, es importante señalarlo también, no solamente contaron las cosas que cambiaron a lo largo de la última década, sino también aquellas que permanecieron, aquellas que siguieron allí y representan, al final de cuentas, el cimiento indispensable para construir cualquier proyecto como éste.
La más importante de las cosas que no cambiaron es la pasión de VANGUARDIA, de sus directivos, por concretar proyectos periodísticos ambiciosos y por empujar iniciativas incubadas en el amor a Saltillo, a esta ciudad a la cual nuestro periódico se encuentra vinculado estrechamente desde el primer día que circuló.
No cambió el espíritu innovador y el entusiasmo de Armando Castilla, con quien discutí el proyecto por primera vez, al lado de Luke Betts, y con quien conversé en varias ocasiones, en los últimos años, sobre la posibilidad de emprender el viaje.
No cambió la determinación con la cual la señora Diana Galindo suele ver proyectos que, como éste, pretenden contribuir al enriquecimiento del acervo cultural e histórico de nuestra ciudad.
Luke Betts lo dijo bien el martes pasado al participar en la presentación del suplemento: hay proyectos que deben esperar, simplemente porque no es su momento para ser llevados a cabo. Y deben esperar porque la espera implicará que sean mejores al concretarse.
Creo que esa idea aplica bien a Los Otros Saltillos, un proyecto que hoy es bastante más de lo imaginado hace una década.
Lo es por los elementos que he listado arriba, pero también lo es por un detalle adicional: Fundación VANGUARDIA y el Ayuntamiento que preside Jericó Abramo Masso decidieron unir esfuerzos para llevarlo a cabo, para entregárselo a la ciudad como un presente de aniversario.
Ofrezco una disculpa a los lectores por aprovechar este espacio para reseñar la génesis de este proyecto, pero ello obedece a que me siento particularmente satisfecho por haber tenido el privilegio de participar en un proceso como éste y de atestiguar cómo la espera valió la pena.
Aristas
Los Juegos Olímpicos son, estoy absolutamente convencido de ello, uno de los mejores inventos de la humanidad. Lo fueron hace casi 2 mil 800 años, cuando los crearon los griegos, y los son ahora, desde que hace 116 años se instituyeran como una fiesta universal a iniciativa de Pierre de Coubertin.
Las olimpiadas, como otros grandes y buenos inventos, reflejan lo mejor de nosotros, lo mejor de nuestra especie. Nos hacen ver que en medio de este mar de desesperanza en que parece convertirse de pronto la vida cotidiana, sigue viviendo en nosotros eso que nos hace dignos de dominar el planeta.
¡Feliz fin de semana!
carredondo@vanguardia.com.mx
Twitter: @sibaja3