OPINIÓN
Nuestro tiempo en 2011
miércoles, 22 de diciembre del 2010
Otro año que pasa... que se nos pasa, porque los años son de nosotros, los vivos, los que seguimos en este mundo, los que vemos pasar el tiempo hasta que dejemos de estar para seguir contando, para seguir viendo pasar.
Con esta perspectiva que se antoja pesimista lo que realmente deseo es sacar lo mejor de nosotros mismos y aplicarlo a todas las áreas de nuestras vidas luego de otro año difícil.
La economía, la inseguridad, la falta de servicios de calidad en salud pública, en educación, en política, la corrupción y el cinismo. Todo eso lo vimos pasar este año como simples espectadores de una fatalidad impregnada en nuestro tiempo. NUESTRO TIEMPO porque aquí estamos todavía. ¿Eso queremos que continúe? Estoy seguro que no.
Tendemos a pensar que las tragedias de gran magnitud están lejos del alcance de nuestra solución personal. “Si el Gobierno no puede, si los políticos son corruptos, si las cosas no cambian”, escuchamos o decimos en nuestras pláticas.
¿Qué hacer para acabar con todo ese lastre que nos desgasta y angustia?, ¿cómo podemos marcar una verdadera diferencia en este mundo que nos provoca frustración?
Es fácil definirlo pero difícil llevarlo a cabo.
Lo fácil: identificar situaciones donde tiene lugar el favoritismo, el influyentismo, la impunidad, la injusticia cotidiana, aquella que vemos todos los días y que nos afecta.
Lo difícil: comprometernos desde lo más profundo de nuestro ser a luchar contra todo ello. Tener la valentía para exigir justicia, para denunciar, para compartir con otros que a un estudiante las autoridades escolares lo quieren afectar por motivos personales o políticos, que a una vecina le quieren hacer un cobro ilegal por haberse cambiado a otra compañía telefónica, que las autoridades llevan meses o años sin resolver casos por corrupción o ineficiencia, que el comerciante quiere subir los precios a su antojo, que el funcionario abandona su puesto a medio camino por buscar otro proyecto personal de mayor rendimiento económico y político, olvidando sus promesas, etcétera, etcétera.
El educar a los hijos con esta filosofía de “no dejarse” ante lo injusto en vez de la filosofía de defender “lo que te conviene”, aunque sea injusto para otros, es la diferencia.
No podemos quejarnos del cinismo de los poderosos si lo fomentamos en nuestro hogar. No podemos exigir justicia social si lo único que nos interesa es nuestra situación personal. Debemos entender que la pulverización social, la división de sus elementos es la condición básica para que alguien saque provecho ventajoso de nuestra comunidad en todos los órdenes.
La unidad, la suma de muchas conciencias, la colectividad es un elemento poderoso que frena cualquier intento de abuso. Seguimos vivos, tenemos la oportunidad y yo diría, la obligación de hacer de éste un mundo mejor basado en principios justos. Volvamos los ojos al vecino y unamos nuestras voces porque este es NUESTRO TIEMPO.
Sólo las vacas ven pasar los días como ven pasar los autos en la carretera. Nosotros somos mucho más que eso porque tenemos conciencia. Sólo falta despertarla y actuar en el día a día.
Alfonso González Ramírez