OPINIÓN
Nelson Mandela y la igualdad humana
martes, 24 de julio del 2012
Segunda parte de dos
Mandela salió libre sin condiciones y de inmediato se proyectó a la presidencia. Ganó por abrumadora e increíble mayoría, pero aún así fue impugnado por los blancos rectores y discriminadores. El triunfo fue respaldado por el pueblo y todas las naciones del mundo. Ahí terminó nuestro apasionado, perseverante, humilde y exitoso trabajo por una causa humana.
El CMB siempre estuvo con Nelson Mandela, quien tras su elección nos envió una carta que guardo con orgullo como uno de mis más preciados trofeos. Especialmente cuando no soy más que un simple ciudadano del mundo y no tengo ninguna posición que me distinga.
Las Naciones Unidas, en Nueva York, también me distinguieron en 1982 con un reconocimiento por nuestro liderazgo en la lucha deportiva mundial contra el apartheid. El entonces Secretario General de la ONU, Javier Pérez de Cuéllar y el general Joseph Garba, secretario de seguridad, personalmente nos lo concedieron. Ahí estaban Muhammad Ali, Sugar Ray Leonard, Roberto Durán, Larry Holmes, Carlos Monzón, Alexis Argüello, Gerry Cooney, Ken Norton, Don King, Jarvis Astaire, Mickey Duff y 50 campeones más. A las afueras del Salón de las Naciones Unidas estaba completamente lleno de gente.
De Mandela corroboré personalmente que contaba con la humildad de los grandes, lo que desde niño me enseñaron mis padres. En él vi el ejemplar principio de no tomar venganza, luego de pasar 28 años en la cárcel, sino salir al mundo a demostrar su posición de absoluta igualdad, de ser sencillo con todos, grandes o humildes. A mí me ponía su brazo sobre mi hombro al caminar juntos. El comportarse y vivir con impecable dignidad.
En él también corroboré lo que ha sido el tener principios de integridad, justicia, respeto a todo y a todos. El ofrecer la mano y oportunidades a nuestros detractores. Aprender a ser un líder con el convencimiento y no con el hacha. Plantearse objetivos altos, pero realizables, y luchar por alcanzarlos, siempre con determinación, fe y perseverancia. El detectar el mal y enmendarlo con la reforma. También lo que he aprendido siempre durante mi peregrinar en el deporte de nuestros amores, que es el perder siempre con dignidad y ganar con humildad.
Desde mi infancia aprendí el sentido de que todos somos iguales, desde mi pueblito Jaumave, mi inolvidable Ciudad Victoria y mi querido estado de Tamaulipas. También en mi Ciudad Valles, “Perla de la Huasteca potosina”, y desde luego en mi patria querida, México, en donde todos somos iguales, excepto los que son agresivos y los que se creen la “mamá de Tarzán”.
Mandela salió libre sin condiciones y de inmediato se proyectó a la presidencia. Ganó por abrumadora e increíble mayoría, pero aún así fue impugnado por los blancos rectores y discriminadores. El triunfo fue respaldado por el pueblo y todas las naciones del mundo. Ahí terminó nuestro apasionado, perseverante, humilde y exitoso trabajo por una causa humana.
El CMB siempre estuvo con Nelson Mandela, quien tras su elección nos envió una carta que guardo con orgullo como uno de mis más preciados trofeos. Especialmente cuando no soy más que un simple ciudadano del mundo y no tengo ninguna posición que me distinga.
Las Naciones Unidas, en Nueva York, también me distinguieron en 1982 con un reconocimiento por nuestro liderazgo en la lucha deportiva mundial contra el apartheid. El entonces Secretario General de la ONU, Javier Pérez de Cuéllar y el general Joseph Garba, secretario de seguridad, personalmente nos lo concedieron. Ahí estaban Muhammad Ali, Sugar Ray Leonard, Roberto Durán, Larry Holmes, Carlos Monzón, Alexis Argüello, Gerry Cooney, Ken Norton, Don King, Jarvis Astaire, Mickey Duff y 50 campeones más. A las afueras del Salón de las Naciones Unidas estaba completamente lleno de gente.
De Mandela corroboré personalmente que contaba con la humildad de los grandes, lo que desde niño me enseñaron mis padres. En él vi el ejemplar principio de no tomar venganza, luego de pasar 28 años en la cárcel, sino salir al mundo a demostrar su posición de absoluta igualdad, de ser sencillo con todos, grandes o humildes. A mí me ponía su brazo sobre mi hombro al caminar juntos. El comportarse y vivir con impecable dignidad.
En él también corroboré lo que ha sido el tener principios de integridad, justicia, respeto a todo y a todos. El ofrecer la mano y oportunidades a nuestros detractores. Aprender a ser un líder con el convencimiento y no con el hacha. Plantearse objetivos altos, pero realizables, y luchar por alcanzarlos, siempre con determinación, fe y perseverancia. El detectar el mal y enmendarlo con la reforma. También lo que he aprendido siempre durante mi peregrinar en el deporte de nuestros amores, que es el perder siempre con dignidad y ganar con humildad.
Desde mi infancia aprendí el sentido de que todos somos iguales, desde mi pueblito Jaumave, mi inolvidable Ciudad Victoria y mi querido estado de Tamaulipas. También en mi Ciudad Valles, “Perla de la Huasteca potosina”, y desde luego en mi patria querida, México, en donde todos somos iguales, excepto los que son agresivos y los que se creen la “mamá de Tarzán”.