OPINIÓN
Necesario, reglamentar el credito
miércoles, 08 de agosto del 2012
Cualquier persona que tiene dinero en efectivo en la bolsa opta por comprar y consumir donde le quede más cerca (la tiendita de la esquina, el mercado público o el tianguis), con la persona que conoce o quien la convence. Y, si se le antoja, ni siquiera sale de su casa y manda pedir lo que necesita.
Lo anterior hace posible que exista una gran masa monetaria circulando entre el pueblo y que le vaya bien a los micros y pequeños negocios, a los trabajadores, a los artesanos, a los pequeños productores e industriales, a los cooperativistas, etc. La economía popular crece, se desarrolla y le va mucho mejor a la mayoría.
Así era hasta antes del agachupinado Luis Echeverría Álvarez (1970), quien fue impuesto por Estados Unidos como Presidente de México para que, precisamente, iniciara la demolición de la economía popular.
Desde entonces, los Gobiernos que se sucedieron se la pasaron atacando y empobreciendo la economía popular de manera sistemática, estando juntos en este proyecto perverso, antipopular y antinacional el PRI y el PAN. Por eso, desde hace más de cuarenta años, la actual dictadura prianista (disfrazada de “alternancia democrática”) ha reformado la Constitución y las leyes para empobrecer la economía popular y entregar todo al gran capital y las grandes cadenas transnacionales.
Las inmensas fortunas que usted oye mencionar se originaron en reglas de juego que les permiten quedarse y concentrar en pocas manos toda la producción y el mercado mediante el sistema de ventas a crédito y la compra a consignación. Por eso Felipe Calderón y sus secuaces políticos gritan que el crédito en México es apenas del 40 por ciento; esos traidores y entreguistas quisieran que todos los mexicanos, hasta los bebes, estuvieran ya esclavizados con una tarjeta bancaria. Este sistema de crédito al consumo solo beneficia a los monopolios, oligopolios y transnacionales, que pagan salarios de miseria para impedir que la gente tenga dinero en la bolsa; de este modo obligan (con todo el apoyo del Gobierno prianista) a los trabajadores a engancharse y ser esclavos del perverso sistema de crédito, terminando las grandes empresas por acaparar la producción y el mercado. Así es como la mayor parte de las personas, sin efectivo en la cartera, ya no pueden comprar ni consumir en las micros y pequeñas empresas de la economía popular, que pierden productividad, se adelgazan y empobrecen, terminando por quebrar y cerrar.
Al triunfo de la próxima revolución ni siquiera habrá necesidad de expropiar los consorcios nacionales y extranjeros (Walmart, Soriana, Aurrera, Sams, etc.): bastará con prohibir e impedir que esas empresas vendan a crédito (la antigua “lista de raya” del porfiriato), así como prohibir e impedir que puedan comprar a consignación, haciéndolos pagar en riguroso contado la producción que reciben de los productores mexicanos. También se les tiene que prohibir e impedir que puedan cobrar con tarjetas de débito. Las grandes empresas tienen que hacerle como los micros y pequeños comercios y las pequeñas industrias: cobrar y pagar en efectivo o al momento. Además, el crédito únicamente lo debe manejar el Estado en beneficio de la mayoría. Solo de esta manera habrá reglas justas de competencia para todos: el pueblo y la gran propiedad empresarial.
Claro, el Gobierno de la dictadura prianista dirá que impedir la venta a crédito y la compra a consignación haría quebrar la “economía nacional”. Lo que nunca aceptará es que puede quebrar la economía del gran capital (como Wal-Mart, Soriana, Aurrera, Mac Donalds, Starbucks, etc.), pero que a la economía popular le irá muy bien. El Gobierno también puede aseverar que hay mucha inseguridad para cargar efectivo y que por eso es mejor el crédito y el dinero electrónico; lo que usted debe saber es que esa inseguridad es obra del mismo Gobierno, que permite la existencia de bandas delincuenciales para aterrorizar a la gente y “convencerla” de que deje de usar efectivo. El Gobierno tampoco ha informado que, cuando usted usa tarjeta de crédito o debito en las grandes empresas, de inmediato verdaderas cascadas de dinero están cayendo en Nueva York y Londres, empobreciendo la economía mexicana. El Gobierno tampoco le informa que, mediante el sistema de crédito, los políticos amafiados a las transnacionales, desangran a México sacando miles de millones de pesos hacia los paraísos fiscales como las islas Caimán.
Por las buenas, la oligarquía no va a permitir el cambio. Se requiere que el pueblo en masa vaya y recupere las instituciones públicas (Ejecutivo, Legislativo y Judicial). Unas cuantas cargas de decenas de miles de personas al mismo tiempo no la soporta ningún cuerpo policiaco. Además, lo autoriza el Articulo 39 de la Constitución, que dice: LA SOBERANIA NACIONAL RESIDE ESENCIAL Y ORIGINARIAMENTE EN EL PUEBLO. TODO PODER PUBLICO DIMANA DEL PUEBLO Y SE INSTITUYE PARA BENEFICIO DE ESTE. EL PUEBLO TIENE EN TODO TIEMPO EL INALIENABLE DERECHO DE ALTERAR O MODIFICAR LA FORMA DE SU GOBIERNO.
UNA DE LAS MUCHAS PRUEBAS
Hace pocos años un líder sindical “novato” logró con una empresa un aumento tres veces superior a los aumentos miserables autorizados por el Gobierno. Lógicamente, estaba muy contento. Pero, cuando llegó a la Secretaría del Trabajo para depositar el acuerdo entre empresa y trabajadores, los funcionarios le dijeron que no procedía y de ninguna manera le aceptaron el convenio.
Esto solo demuestra que la dictadura prianista (apoyada y sostenida por Estados Unidos) es la mayor enemiga de los trabajadores. A la dictadura prianista no le conviene que le vaya bien al pueblo: quiere al pueblo pobre y miserable para poder comprarle los votos.
Carlos Cordero