OPINIÓN
‘Mi mamá vive en Monterrey, tiene 68 años y creo que es jugadora compulsiva…’
viernes, 17 de agosto del 2012
ESTIMADA ANA:
Mi mamá vive en Monterrey, tiene 68 años y creo que es jugadora compulsiva, todos los días de la semana se va a los casinos de allá y apuesta mucho dinero.
Hace 5 años mi papá se fue de la casa a causa de esa adicción de mi mamá y yo he tratado de ayudarla en varias ocasiones pero se niega, le llamo todos los días por teléfono, pues sólo la veo los fines de semana que voy a visitarla.
Varias veces he intentado explicarle y hacerle entender que ir a los casinos, no sólo en Monterrey, sino en cualquier ciudad, actualmente es muy peligroso, usted sabe, hay mucha inseguridad y ya han ocurrido varios atentados en este tipo de lugares.
A partir de que mi papá la dejó, esta situación ha empeorado, antes iba sólo en las tardes y ahora se va desde la mañana, de hecho me platica que allí desayuna, come y cena, pues como ya todos sus hijos estamos casados y mi papá no está, dice que no quiere quedarse sola en la casa.
Pero no sólo eso ha cambiado, su forma de ser también, ahora está muy aisalada, el rato que la vemos los domingos, está distraída y cuando queremos platicar a veces hasta se muestra enojada y con actitud negativa hacia su familia.
Tanto mis hermanos como yo hemos tratado de una y mil formas hablar con ella, incluso cuando aún estaba mi papá con ella, le ofrecía llevarla a algún tipo de terapia pero ella nunca aceptó.
Es demasiado el dinero que ella ha perdido en las maquinitas, yo varias veces me he hecho cargo de sus ahorros, pero no ha funcionado, pues a diario me pedía que le depositara y finalmente terminamos discutiendo y me pidió que le regresara el dinero que tenía en mi cuenta, me dijo que ella podía manejarlo.
Yo me molesté, le pedí que no me pidiera ayuda, pero finalmente no pude, pues es mi mamá y tengo que estar más al pendiente de ella, sobre todo por la edad que tiene.
Hace como dos años, por decisión propia, comenzó a acudir a sesiones con una psicóloga, dejó de ir a jugar durante casi un año completo. Logró cancelar sus deudas, que para ese entonces ya eran fuertes. Se veía de buen humor, más positiva y madura (aunque parezca increíble reconocer su inmadurez a sus 68 años).
El año pasado, por cuestiones de salud, no fui a Monterrey en un lapso de dos meses. Ella no me lo dijo directamente, pero me empezó a insinuar que las terapias con la psicóloga ya no le funcionaban, que la psicóloga se portaba violenta con ella y que ya no quería ir a las sesiones. Yo le dije que comenzara a tomar alguna actividad que le gustara, como hacer manualidades, o tomar yoga, por ejemplo.
Me dijo que le gustaría hacer yoga y meditación y yo le creí, le dije que la apoyaría en lo que ella quisiera porque me interesaba su bienestar físico y emocional. Ya no volví a preguntarle si seguía jugando y no tenía manera de saberlo porque ella está en Monterrey y yo aquí en Ramos.
Pero el fin de semana pasado fui a visitarla sin avisarle y no la encontré en la casa. Fui a buscarla a uno de los casinos a los que siempre va y allí estaba. Aunque no sé si hice bien, me enojé mucho con ella.
Claro que ella también se molestó porque le reclamé y me dijo que no tengo por qué enojarme, que es su dinero y que lo puede gastar como ella quiera y me comenzó a decir que lo hace porque está sola y quiere distraerse.
Yo la entiendo, creo que no puede con ese sentimiento de frustración que le causó perder a mi papá a causa de ese vicio, pero a la vez pienso que siempre utiliza el mismo argumento para justificarse.
Aún así, le dije que era mejor para mí que ya no me contara que iba al casino, que si ganó o perdió, pues eso a mí me tiene preocupada, siento que no disfruto de mis cosas por estar pensando en ella, la verdad no sé si esta actitud de mi parte sea perjudicial para ella, pero ya me cansé. Gracias por su atención.
AMIGA
ESTIMADA AMIGA:
A pesar de que la ludopatía no es considerada como una adicción, es un trastorno que se caracteriza porque hay dificultad para controlar los impulsos de practicar de manera compulsiva uno o más juegos de azar.
Tanto llega a afectar ese trastorno, que la familia, la pareja, los hijos, pasan a segundo plano para la persona que lo padece.
Es importante que, aunque sé que estás molesta con tu mamá, una vez más intentes ayudarla. Ya logró en una ocasión alejarse del juego por un tiempo determinado. Sin embargo, como sucede en estos casos, volvió a jugar.
Recaer en el juego es fácil y generalmente es sencillo hacerlo cuando se tiene disponiblidad de dinero, cuando ella lleva el control de su familia, aprovecha que está sola y lo pone de excusa para aislarse y volver al juego.
Pero como en cualquier tipo de trastorno, en la ludopatía el papel de la familia es muy importante, es difícil que ella sola lo supere, a menos que, como en la mayoría de los casos, al ver las duedas contraídas, sola decida alejarse.
La familia, ustedes sus hijos, expliquen a tu mamá lo que está sucediendo, hagan cuentas sobre el dinero que gasta por semana, el tiempo que invierte en esos lugares, el riesgo que corre ante la inseguridad actual, etcétera. Pero es importante que se sienta querida, que sienta que sus hijos están con ella en todo momento y que están dispuestos a ayudarla.
ANA
Mi mamá vive en Monterrey, tiene 68 años y creo que es jugadora compulsiva, todos los días de la semana se va a los casinos de allá y apuesta mucho dinero.
Hace 5 años mi papá se fue de la casa a causa de esa adicción de mi mamá y yo he tratado de ayudarla en varias ocasiones pero se niega, le llamo todos los días por teléfono, pues sólo la veo los fines de semana que voy a visitarla.
Varias veces he intentado explicarle y hacerle entender que ir a los casinos, no sólo en Monterrey, sino en cualquier ciudad, actualmente es muy peligroso, usted sabe, hay mucha inseguridad y ya han ocurrido varios atentados en este tipo de lugares.
A partir de que mi papá la dejó, esta situación ha empeorado, antes iba sólo en las tardes y ahora se va desde la mañana, de hecho me platica que allí desayuna, come y cena, pues como ya todos sus hijos estamos casados y mi papá no está, dice que no quiere quedarse sola en la casa.
Pero no sólo eso ha cambiado, su forma de ser también, ahora está muy aisalada, el rato que la vemos los domingos, está distraída y cuando queremos platicar a veces hasta se muestra enojada y con actitud negativa hacia su familia.
Tanto mis hermanos como yo hemos tratado de una y mil formas hablar con ella, incluso cuando aún estaba mi papá con ella, le ofrecía llevarla a algún tipo de terapia pero ella nunca aceptó.
Es demasiado el dinero que ella ha perdido en las maquinitas, yo varias veces me he hecho cargo de sus ahorros, pero no ha funcionado, pues a diario me pedía que le depositara y finalmente terminamos discutiendo y me pidió que le regresara el dinero que tenía en mi cuenta, me dijo que ella podía manejarlo.
Yo me molesté, le pedí que no me pidiera ayuda, pero finalmente no pude, pues es mi mamá y tengo que estar más al pendiente de ella, sobre todo por la edad que tiene.
Hace como dos años, por decisión propia, comenzó a acudir a sesiones con una psicóloga, dejó de ir a jugar durante casi un año completo. Logró cancelar sus deudas, que para ese entonces ya eran fuertes. Se veía de buen humor, más positiva y madura (aunque parezca increíble reconocer su inmadurez a sus 68 años).
El año pasado, por cuestiones de salud, no fui a Monterrey en un lapso de dos meses. Ella no me lo dijo directamente, pero me empezó a insinuar que las terapias con la psicóloga ya no le funcionaban, que la psicóloga se portaba violenta con ella y que ya no quería ir a las sesiones. Yo le dije que comenzara a tomar alguna actividad que le gustara, como hacer manualidades, o tomar yoga, por ejemplo.
Me dijo que le gustaría hacer yoga y meditación y yo le creí, le dije que la apoyaría en lo que ella quisiera porque me interesaba su bienestar físico y emocional. Ya no volví a preguntarle si seguía jugando y no tenía manera de saberlo porque ella está en Monterrey y yo aquí en Ramos.
Pero el fin de semana pasado fui a visitarla sin avisarle y no la encontré en la casa. Fui a buscarla a uno de los casinos a los que siempre va y allí estaba. Aunque no sé si hice bien, me enojé mucho con ella.
Claro que ella también se molestó porque le reclamé y me dijo que no tengo por qué enojarme, que es su dinero y que lo puede gastar como ella quiera y me comenzó a decir que lo hace porque está sola y quiere distraerse.
Yo la entiendo, creo que no puede con ese sentimiento de frustración que le causó perder a mi papá a causa de ese vicio, pero a la vez pienso que siempre utiliza el mismo argumento para justificarse.
Aún así, le dije que era mejor para mí que ya no me contara que iba al casino, que si ganó o perdió, pues eso a mí me tiene preocupada, siento que no disfruto de mis cosas por estar pensando en ella, la verdad no sé si esta actitud de mi parte sea perjudicial para ella, pero ya me cansé. Gracias por su atención.
AMIGA
ESTIMADA AMIGA:
A pesar de que la ludopatía no es considerada como una adicción, es un trastorno que se caracteriza porque hay dificultad para controlar los impulsos de practicar de manera compulsiva uno o más juegos de azar.
Tanto llega a afectar ese trastorno, que la familia, la pareja, los hijos, pasan a segundo plano para la persona que lo padece.
Es importante que, aunque sé que estás molesta con tu mamá, una vez más intentes ayudarla. Ya logró en una ocasión alejarse del juego por un tiempo determinado. Sin embargo, como sucede en estos casos, volvió a jugar.
Recaer en el juego es fácil y generalmente es sencillo hacerlo cuando se tiene disponiblidad de dinero, cuando ella lleva el control de su familia, aprovecha que está sola y lo pone de excusa para aislarse y volver al juego.
Pero como en cualquier tipo de trastorno, en la ludopatía el papel de la familia es muy importante, es difícil que ella sola lo supere, a menos que, como en la mayoría de los casos, al ver las duedas contraídas, sola decida alejarse.
La familia, ustedes sus hijos, expliquen a tu mamá lo que está sucediendo, hagan cuentas sobre el dinero que gasta por semana, el tiempo que invierte en esos lugares, el riesgo que corre ante la inseguridad actual, etcétera. Pero es importante que se sienta querida, que sienta que sus hijos están con ella en todo momento y que están dispuestos a ayudarla.
ANA