OPINIÓN

Maravillosa herencia de los dioses

sábado, 28 de julio del 2012

Los Juegos Olímpicos de Londres 2012 están profundamente enraizados a los mitos y leyendas de la antigüedad. El conjunto de creencias y relatos con los que el hombre se explicaba los misterios de la naturaleza, también ofrece una versión de los orígenes de esta gran tradición cultural de la humanidad. Toda época tiene sus dioses y el deporte no es ajeno a ello. Cuando reinaban en la antigua Grecia, así como en Egipto, Roma o México, eran parte de los sucesos del alma y de la vida cotidiana.

La filósofa María Zambrano, en El hombre y lo divino, dice: “la aparición de los dioses griegos tiene la ligereza de la luz del alba que domina con sólo mostrarse. Y son, como ella, una declaración que equivale a un mandato que tiene algo de juego; no acaba de declararse; anuncia algo que vendrá… Luz en la cual el juego, todos los juegos… están contenidos, así Apolo marcha seguido de su cortejo de musas, criaturas del firmamento y del aire transparente, más que del sol, que si va seguido de un cortejo paga haciéndole invisible”.

Los Juegos Olímpicos de la antigüedad se celebraban en honor a Zeus. Una de tantas tradiciones helénicas dice que su primogénito Heracles fue quien desafió a sus hermanos a una carrera para ver quién obtenía el premio, que consistía en una corona de olivo silvestre. Por eso se le atribuye la gloria de haber creado los Juegos Olímpicos. Pero otra leyenda refiere que fueron Júpiter y Saturno quienes se retaron a luchar en Olimpia, aunque el premio de la victoria ya no fue la corona de olivo, sino el imperio del mundo. Otros relatos insinúan que, habiendo Júpiter triunfado sobre los titanes, instituyó por sí mismo esta fiesta, en la que Apolo se distinguió por su habilidad al ganar la carrera contra Mercurio.

Las deidades del México antiguo también rivalizaban a través del deporte. Según el historiador del arte, Paul Westheim, se trata de una interpretación mítica que transformaba el mundo de las apariencias en una realidad encantada. En el artículo El mito como realidad, dice: “La rivalidad deportiva del juego de pelota se vuelve lucha entre deidades, Tezcatlipoca contra Quetzalcóatl, y se vuelve cuestión crucial para la comunidad… Al calor de la lucha nace la emoción, el éxtasis del corazón, inflamando el fervor del hombre, su anhelo de servir a los dioses, lo que quiere decir, su anhelo de contribuir al mantenimiento del universo. Danza y sacrificio, esto es: adoración de los dioses, ruego por su benevolencia, forman el acto de la fiesta deportiva”.