OPINIÓN

Literatura coahuilense

domingo, 03 de junio del 2012

Recientemente, la Universidad Autónoma de Coahuila presentó una Colección de Antologías de literatura coahuilense, reedición de cuatro títulos publicados en el pasado siglo.

“Once poetas de Nueva Extremadura”, obra de Federico Berrueto Ramón y Jesús Flores Aguirre, que vio la luz en 1927. Obra trascendental para la literatura local porque significó el primer esfuerzo por aglutinar a los escritores que entonces cultivaban la poesía, algunos todavía indecisos entre el romanticismo, que hacía tiempo dejó de suspirar y el modernismo que estaba a punto de romperle el cuello al cisne. No obstante que algunos de los poetas antologados tomaron rumbos ajenos a las letras, otros lograron trascender su tiempo y ocuparon lugar preponderante en la literatura local y nacional, como el propio Flores Aguirre. “Todos juntos”, edición original de 1971, es el título en el que Armando Guerra y Abraham Nuncio reunieron prosa narrativa de jóvenes autores, excepto Ildefonso Villarello, maestro quizás de los otros, inscritos casi todos en la corriente “ondera” de los años setenta. “Once de Coahuila”, clara reminiscencia de los Once de Nueva Extremadura, es una antología editada originalmente en 1987. Reúne narrativa, poesía y teatro, de autores que en su mayoría aún se dedican a las letras, ya sea como escritores, profesores o editores. La cuarta de las antologías, con apenas 15 años de su primera edición en 1997, es “Botella al mar”. El mismo subtítulo, “Crestomatía literaria”, indica la selectividad, que por lo demás tiene cualquier antología, en la elección de seis autores, todos en torno a un movimiento literario local gestado en La Laguna por Saúl Rosales Carrillo.

Rescatar estas viejas publicaciones, de por sí casi imposibles de encontrar, implica poner en las manos de los que hoy hacen literatura y de los estudiosos de la misma un recorrido por la obra de quienes les precedieron, en un periodo de casi un siglo atrás. De su estudio, quizás pueda descubrirse la existencia de características comunes en la creación literaria, la fortaleza de sus raíces y las influencias que los modelaron como las que a su vez ejercieron ellos en las generaciones posteriores.

Un buen esfuerzo de la Universidad, que en lo literario deja fuera otros esfuerzos importantes: las publicaciones periódicas literarias coahuilenses. Las de mayor alcance son quizás dos, “Papel de Poesía”, hoja literaria saltillense de periodicidad mensual, y la revista “Cauce”, publicada en Torreón. Alrededor de las dos ronda la figura de un poeta que nació y vivió muchos años en Saltillo y residió sus últimos en Torreón: Rafael del Río, a quien hoy es preciso rescatar.

“Papel de Poesía” surgió hace casi 72 años, en octubre de 1940. Esta hoja literaria de gran formato y distribución nacional gratuita, nació de las inquietudes literarias de tres jóvenes saltillenses: Héctor González Morales (a quien también debemos sacar del injusto olvido), hermano del poeta Otilio González, poeta élmismo y dedicado más particularmente al teatro; Rafael del Río, uno de nuestros mejores poetas, autor de “Sitio en la Rosa”, y Óscar Dávila Dávila, intelectual saltillense, promotor cultural y autor de ensayos sobre Sor Juana Inés de la Cruz y Manuel José Othón.

El nacimiento de “Papel de Poesía” se dio en un ambiente cultural de primer orden, provocado por la efervescencia de las revistas literarias editadas en la capital, entre ellas “Letras de México” y “Taller”, y alguna de provincia. En junio de 1946, cerró con 49 números. Curiosamente, dos años después, julio de 1948, Héctor González Morales publicó un último número en homenaje a don José García Rodríguez con motivo de su fallecimiento. 50 números que esperan su rescate.

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