OPINIÓN

La sustentabilidad, cuestión de sentimientos

domingo, 08 de julio del 2012

Cuando alguien pone por escrito sus ideas, comparte una visión, una plataforma de vida en la que hay intereses y por supuesto experiencias personales. Y es desde lo personal  donde se puede proyectar el terreno de los sentimientos. Luego de que en 1987 se acuñara la primera definición de desarrollo sustentable en el marco del Informe Brundtland se fue analizando la necesidad de construir una visión interdisciplinaria que produjera una nueva disciplina de la sustentabilidad. Es importante destacar que dentro de tal proceso de interdisciplinariedad se considera la parte espiritual del género humano que está vinculada  a las emociones. Entonces caemos en la cuenta de que la sustentabilidad también es cuestión de sentimientos.

En el transcurrir de la vida de un pueblo como Bustamante Nuevo León, en el que me encuentro en este momento, se puede paladear lo que es la sustentabilidad en su origen prístino. ¿Cómo una pequeña población hoy periurbana ha sido capaz desde hace centurias de administrar sus recursos naturales para la sobrevivencia de su población? ¿Cómo sus habitantes han logrado crear un ecosistema a base de agua rodada que ha posibilitado el desarrollo social y a la par, construido un paisaje singular? ¿Cómo lograron la sustentabilidad?

El respeto por la Madre Tierra es algo que está implícito en la cultura de los pueblos originarios. No es de sorprender que sean los pueblos indígenas, -muchos de ellos asentados en territorios que actualmente son considerados áreas naturales protegidas-, los que por siglos hayan protegido los más ricos ecosistemas del país. Los pueblos originarios tienen un contacto emocional con la Tierra lo que se puede corroborar en sus tradiciones orales, en las danzas y fiestas que organizan al iniciar las siembras, y al levantar las cosechas.

Bustamante Nuevo León es un municipio fundado por tlaxcaltecas que en tiempos novohispanos fueron considerados la nobleza indígena. Hábiles políticos, los tlaxcaltecas tenían profundos conocimientos de la herbolaria, sobre tecnologías hidráulicas y sobre técnicas de construcción con adobe. La cultura del árbol y de las acequias es una heredad que se mantiene viva en esta municipalidad que en sus orígenes fuera una colonia de San Esteban de la Nueva Tlaxcala.

Lo maravilloso es que la huella tlaxcalteca siga presente en estos momentos en que nogales centenarios cobijan a cientos de aves migratorias que junto a la fauna local parecen ofrecer un concierto irrepetible; huella que se desdobla en las tres acequias que se construyeron hace cientos de años y que han permitido rodar el agua desde las fuentes intermitentes tierra arriba. Los tlaxcaltecas fundadores y sus descendientes con gran maestría ejercieron su conocimiento en materia de mecánica de suelos y topografía a lo largo de treinta y dos kilómetros de acequias. Para tener estos alcances constructivos, que aunque no son la Gran Muralla China ni la pirámide de Chichén Itzá, representaron un esfuerzo notable para vencer el cuasi desierto, ellos tuvieron que tener una enorme convicción, un profundo sentido de pertenencia y amor a la natura.

En Bustamante se placea el espíritu de la tlaxcaltequidad y su rico patrimonio cultural hace evidente que la sustentabilidad también es cuestión de sentimientos. Me alegra que esta comunidad vaya a ser la sede del seminario “Presencia de los tlaxcaltecas en el noreste de la Nueva España” que la Universidad Autónoma de Coahuila y la fundación Mundo Sustentable están organizando para septiembre próximo.