La prisa del futuro

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Opinión
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La celebración guadalupana fue la manifestación mayor.

 Caen las divisiones y las desigualdades y se peregrina en paz con cantos y plegarias. Hay una convergencia unánime solo para estar cerca y mirar en un momento milagroso de fe y amor.

Desde un presente de carencias, de contradicciones, de obstáculos, y de heridas se anhela y se vislumbra, en la esperanza, un futuro de salud, de prosperidad, de armonía fraterna, de justicia y paz para todos. La imagen de una mujer en espera, de tierna mirada y manos juntas es una imagen de madre atenta y orante.

El adviento de la esperanza quiere la prisa del futuro. Y solo lo acelera esa transformación interior que puede alcanzar la intercesión materna. Logra hacer de una colectividad una comunidad y una familia de hijos y de hermanos.

Francisco, servidor eclesial, habla así en su mensaje homilético de la celebración eucarística, musicalizada por la misa criolla, en la sede romana: El Magnificat nos introduce en las bienaventuranzas, síntesis primordial del mensaje evangélico. A su luz, nos sentimos movidos a pedir que el futuro de América Latina sea forjado por los pobres y los que sufren, por los humildes, por los que tienen hambre y sed de justicia, por los compasivos, por los de corazón limpio, por los que trabajan por la paz, por los perseguidos a causa del nombre de Cristo, porque de ellos es el Reino de los cielos.

Se ve la consonancia del sermón de la montaña con el himno de alabanza y gratitud de María, la madre del Salvador que apenas se gestaba en sus entrañas, el futuro es el fruto próximo que será sostenido por las pruebas que soporta el tallo y las ramas en todas las intemperies del presente y por el duro hundirse de las raíces desde la semilla que germinó en el pasado.

Cada peregrino acude con la mejor actitud que encuentra en su interior. Se intenta lograr esa fuerza espiritual que logra la conducta filial y fraterna. Es la única que puede construir un futuro de fe de progreso, de justicia y de paz como bienes que no pueden negarse a cualquiera que tenga la dignidad humana...




El autor de Claraboya, quien ha escrito para Vanguardia desde hace más de 25 años, intenta apegarse a la definición de esa palabra para tratar de ser una luz que se filtra en los asuntos diarios de la comunidad local, nacional y del mundo. Escrita por Luferni, que no es un seudónimo sino un acróstico, esta colaboración forma ya parte del sello y estilo de este medio de comunicación.

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