OPINIÓN

La industria del sobrepeso

miércoles, 18 de septiembre del 2013

Otra vez puso el grito en el cielo la Asociación Nacional de Productores de Refrescos y Aguas Carbonatadas, el legislativo federal está a punto de aprobar un impuesto equivalente a un peso por cada litro de refresco que se consuma en México, esto implicaría la recaudación de por lo menos 19 mil millones de pesos al año.

Este impuesto forma parte de la Reforma Fiscal y tiene su origen en el problema de sobrepeso que coloca a México en el segundo lugar mundial en obesidad, característica directamente relacionada con las enfermedades crónico-degenerativas como la hipertensión y la diabetes.

Cada persona obesa es en potencia un gasto gordo que se puede cuantificar en cientos de miles de pesos necesarios para pagar consultas, medicamentos, tratamientos, procedimientos, trasplantes, horas de internamiento y un largo etcétera.

En la última década los índices de obesidad y sobrepeso crecieron exponencialmente, al mismo ritmo que los dividendos de las compañías refresquera; el periódico El Economista publicó a mediados de 2011, una nota informativa en la que Muhtar Kent, Presidente y Director General de Coca Cola Company declaró que durante el 2010, de las 206 naciones donde se vende esa bebida, México ocupó el segundo lugar en crecimiento en ventas adicionales.

La empresa FEMSA, uno de los más grandes distribuidores de refrescos de cola, publica en su página que sus ingresos anuales rondan los 66 mil 141 millones de pesos y sus utilidades sobrepasan los 10 mil 400 millones de pesos. La encuesta que periódicamente realiza el INEGI respecto de la industria manufacturera muestra que durante el 2012 la venta de refrescos creció en un 2.18 por ciento con una venta total de 19 mil millones de litros.

Si bien el consumo de refrescos no es la única causa del sobrepeso y la obesidad, si contribuye de manera importante a que cientos de miles de personas sufran y mueran a causa de las enfermedades crónico- degenerativas.

Y es que los gigantes de las bebidas endulzadas gastan millones de dólares en publicidad para inducir a las personas a comprar bebidas que afectan la salud y ante ese esfuerzo publicitario sus campañas de responsabilidad social saben a poco. Organizar un torneo de futbol en las secundarias o dar pláticas sobre alimentación no es nada comparado con el daño que causa el consumo de refrescos.

Los potentados que incrementan sus fortunas engordando a los mexicanos deberían tener hoy algo de ética, al menos un poco, para aceptar el impuesto sin chistar y tendrían que revisar para no trasladar ese impuesto a los consumidores, un gran número de ellos son pobres.

El impuesto no es una solución, es imperante para el país detener el crecimiento en los índices de obesidad y sobrepeso de la población, es urgente prevenir las enfermedades crónico-degenerativas que se proyectan para la próxima década, porque podrían llevar a la quiebra a México. Por eso el recurso que se recaude por el impuesto debe ser destinado íntegramente a la prevención, mediante programas transparentes y medibles, de lo contrario, el impuesto solo será demagogia.

Comentario a petición de parte.

El jueves recibí en mi correo electrónico un mensaje remitido por Abraham Marcos, representante del casino Circus, quien asegura que la empresa Atracciones y Emociones Vallarta no tenía ninguna relación con el casino Royale de Monterrey en el momento en que fue incendiado. Marcos me pidió publicar esa versión en este espacio, queda cumplida esa petición.