La impunidad estimulada
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El contexto político y jurídico actual es una clara invitación a la delincuencia. Conviene ser un pillo, ¿no lo sabía usted.?
A Ramón Alberto Garza, por ese premio que le otorga la vida.
Con el paso del tiempo he venido cayendo en la patética conclusión de que el gobierno, diputados y senadores y la sociedad civil estimulan la impunidad a través de su actuación o de su omisión. ¿Cómo sostener el enunciado anterior? Muy simple: sin retrasar agresivamente las manecillas del reloj de la historia, en cuyos anales encontramos, en términos generales, pruebas abrumadoras de la corrupción de que ha prevalecido en nuestro país desde el año remoto de la bugambilia, simplemente ubiquémonos en la administración de la señora Fox que obligó a su marido prometer el encarcelamiento de los llamados "peces gordos". Por supuesto que sobraban los gigantescos cetáceos, priístas dignos de ser recluidos en una prisión federal por mucho más allá de siete vidas. ¿Resultado? A la hora de la hora a la señora Fox le tembló el pulso tal vez porque en su fuero interno tenía planeado enriquecerse igualmente y deseaba evitar represalias futuras. Se tendió entonces un velo que amparó a todos los delincuentes defraudadores del tesoro público.
Calderón no iba a aprehender a sus correligionarios, quienes como el tal Nava, presuntamente se enriquecieron hasta construir enormes fortunas con cargo al ahorro del dolorido pueblo de México. La impunidad volvió a hacer acto de presencia en los escenarios políticos del país que vio con sorpresa, horror y furia eternamente controlada, cómo saqueaban las arcas nacionales y surgían rufianes que exhibían una sonrisa plena e irritante mientras viajaban en sus aviones supersónicos y mostraban sus bienes y su riqueza "explicable" sin temer a la autoridad ni a la sociedad, misma que los invitaba a cenar a sus hogares distinguiéndolos con un don Ulises o un don Fidel, en lugar de escupirles a la cara.
El cambio de poderes en Guerrero, Puebla, Oaxaca, Tabasco, Michoacán, Culiacán y Nuevo León, entre otros tantos más, permitió a la sociedad alimentar esperanzas respecto a la aplicación de la justicia. En México todos soñábamos con ver atrás de las rejas a Moreira, a Fidel Herrera, a Ulises Ruiz, a Marín, el "gober precioso", además de otros cargos deleznables, a Godoy, a Granier, a Natividad "Rati" González Parás, etc., todos ellos presuntos delincuentes, presuntos defraudadores, descarados presupuestívoros.
Llegó el cambio, fueron sustituidos y la justicia no se impuso jamás en tanto continúan disfrutando su fortuna mal habida sin que los nuevos gobiernos inicien acciones legales en contra de ellos ni, lo que es peor, la sociedad proteste ni los congresos sancionen a los responsables de las flagrantes estafas.
¿Por qué sostengo la existencia de la complicidad de los gobiernos y de la sociedad a favor de los rufianes? Porque el primero actúa como si nadie hubiera atentado en contra de los intereses de la nación por lo que se abstiene de iniciar proceso alguno en contra de quienes resulten responsables y la segunda, porque no protesta ante los desfalcos, ni toma la calle ni escupe a los culpables ni promueve paros de contribuyentes ante el despojo del que fue víctima. En resumen: el contexto político y jurídico actual es una clara invitación a la delincuencia. Conviene ser un pillo, ¿no lo sabía usted.?
@fmartinmoreno