OPINIÓN

La clausura pop

miércoles, 15 de agosto del 2012

Antes de comenzar los Juegos, al ver lo poco entusiasmados y muy pesimistas que estaban sobre el evento que se les venía encima, se dijo mucho sobre lo negativos que son los ingleses respecto a sí mismos.

Siento disentir, pero creo que la idea necesita tener al final un asterisco. Los ingleses quizá sean negativos respecto a sí mismos, pero cuando se comparan con otras naciones, son... bueno, los únicos súbditos de su Majestad la Reina.

Es decir, están por encima de todos; en un segundo lugar vienen Estados Unidos y las naciones de la Commonwealth, y en un distante tercero las demás. Por eso no fue una sorpresa que la ceremonia de inauguración resultara un show magnífico, siempre y cuando uno fuera británico —de preferencia inglés— y pudiera entender todas las referencias.

Para el resto del mundo, fue algo así como un ejemplo gigantesco, en vivo y a todo color, de cómo recrearse mirándose el ombligo. Si en Barcelona, Atenas y Pekín los países anfitriones vieron la inauguración como una oportunidad para presentar al mundo su cultura, los ingleses en cambio se congratularon a sí mismos por haber sido como fueron, y ser como son.

El evento anticipó el tono de lo que vino después.

Por razones geográficas, seguí las Olimpiadas alternando entre dos canales holandeses, uno belga, uno alemán y el buque insignia de los británicos, la BBC. Las diferencias eran notables: mientras los primeros transmitían constantemente competiciones en vivo, la BBC sólo los retransmitía si tenían repercusión mundial —como los 100 metros— o si en ellos participaban deportistas nacionales. Si no era así, ofrecía reportajes sobre los británicos que iban a competir más adelante, al margen de lo que estuviera ocurriendo en ese momento.

En otras palabras, en la BBC no había espacio para deportistas que no pertenecieran al Team GB, a menos que fueran oponentes.

Me intrigaba, pues, la ceremonia de clausura. Un evento al que espectadores y deportistas suelen llegar agotados y nostálgicos, y que generalmente carece de energía y nervio.

Pero contrario a lo que podía esperarse, la clausura no fue ni formal ni estirada (¿quizá porque la Reina no estuvo presente? Es pregunta). Bastante menos solemne, mucho menos pagada de sí misma que la inauguración, con una sensación de alivio en vez de inquietud, fue una celebración de una parte de la cultura pop inglesa que va más allá de la isla.

En vez de música clásica y referencias culteranas hubo espacio para celebrar la moda, los automóviles y la música de Pink Floyd, David Bowie, The Beatles, George Michael, Queen, Spice Girls, Oasis, Fat Boy Slim (!), Jessie J, y The Who. Pueden gustarle más o menos al espectador, y no faltará quien se queje de que faltaron Elton John y Rick Astley —otros lo agradecieron—, pero la música creó la atmósfera para ver a miles de deportistas relajados y con ánimo de disfrutar, bailando y cantando en un estadio lleno de pixels de colores.

Laceremonia de clausura devino concierto, y el estadio discoteca. Algo usualmente aburrido y cansino se transformó en un espectáculo vibrante y colorido, con una atmósfera de carnaval y fiesta.

No está mal. Son valores más cercanos al deporte que las cansinas, aburridas y burocráticas caras de los miembros del Comité Olímpico Internacional, o las rigideces y formalidades que generalmente marcan las ceremonias de clausura.

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