OPINIÓN
Jirón Quilca. Previos y tonos A la noche de baile
martes, 17 de julio del 2012
Alas 11 de la noche la ciudad abre una de sus bocas: Mujeres y hombres del departamento de limpieza son cambiados de rumbo. Andan las calles enfundados en un notable color naranja, las líneas sintéticas que les pegan a sus camisas, esas líneas fosforescentes que advierten, por si alguien, por si un auto, por si el golpe. Es que hay accidentes y a veces han sido atropellados en medio de una noche de “previos” y “tonos”.
En otra zona, en el corazón ebrio de Lima, inician los “previos”, momentos que son parte de la noche larga, de esas noches que inician con el azul de luces de neón y terminan con la parda y celeste luz de la mañana.
Nada mejor: “previos” en Jirón Quilca, con librerías que guardan tirajes bandidos, paredes maquilladas con hermosos grafitis. Y al fondo, el taxi de 8 soles para llegar a la Taberna Santiago Queirolo, avenida San Martin 1062, esquina con mi corazón alegre.
Abrimos la puerta. Murmullos, sonidos de cristales chocando. Entre madera y escritores nobeles que nos miran desde su vida en las fotografías, salvajes cabelleras o pulcros cortes europeos. Jóvenes y viejos se mezclan para pedir una cerveza o un pisco sour de esta taberna, la de mayor tradición bohemia en la ciudad. Una joven con vibrantes colores grisrosavioleta marcando el lado izquierdo de sus cabellos y pensamientos. Un hombre que habla desde la mesa de su amor por la mar helada de hoy. Que es la mar es su amor, que es lo primero, que a ella llega y la abre con esa tabla de surf hasta que se todo es sal, calor hecho de pulso acelerado.
Maestros y alumnos sentados en las mesas luego de la academia. Alguien canta una canción. Alguien golpea un muro.
Salimos de allí para llegar al “tono” y la noche se vuelve una casa antigua donde la tribu escucha música chicha, eléctricos tonos. Dos máscaras caen sobre los rostros de Felipe Salmon y Rafael Pereira, ellos son Dengue Dengue Dengue! Primitivos, selváticos, figuras emblemáticas de las noches peruanas. Un modo oriental psicodélico que se alimenta de la cumbia selvática peruana nos envuelve.
Cerveza Pilsen. Una hilera larguísima en el baño de mujeres. Los lápices rojos van a los labios. A un costado de la fiesta se abre el cielo, y ropa cuelga lavada de un tercer piso. Esa ropa me lleva a una de las heridas latinoamericanas: el hambre y algo de su tierra abierta por las minas. Un empujón me devuelve a la fiesta.
Amaneció sin mi consentimiento. Camino por las calles de antiguos árboles y collares de flores en San Isidro y La Magdalena, donde la bandera peruana ondea ya en algunas casas por las fiestas patrias cercanas. Veo corredores de fondo trotando suave, aleteando sus pasos. Llevarán al menos unos veinte kilómetros de recorrido. Para mí, Lima se bebe, se toca y se funda con el baile. He bailado en ella, he bebido de todos sus colores ahumados. Ya puedo decir que es mía de cierto modo.
claudiadesierto@gmail.com
En otra zona, en el corazón ebrio de Lima, inician los “previos”, momentos que son parte de la noche larga, de esas noches que inician con el azul de luces de neón y terminan con la parda y celeste luz de la mañana.
Nada mejor: “previos” en Jirón Quilca, con librerías que guardan tirajes bandidos, paredes maquilladas con hermosos grafitis. Y al fondo, el taxi de 8 soles para llegar a la Taberna Santiago Queirolo, avenida San Martin 1062, esquina con mi corazón alegre.
Abrimos la puerta. Murmullos, sonidos de cristales chocando. Entre madera y escritores nobeles que nos miran desde su vida en las fotografías, salvajes cabelleras o pulcros cortes europeos. Jóvenes y viejos se mezclan para pedir una cerveza o un pisco sour de esta taberna, la de mayor tradición bohemia en la ciudad. Una joven con vibrantes colores grisrosavioleta marcando el lado izquierdo de sus cabellos y pensamientos. Un hombre que habla desde la mesa de su amor por la mar helada de hoy. Que es la mar es su amor, que es lo primero, que a ella llega y la abre con esa tabla de surf hasta que se todo es sal, calor hecho de pulso acelerado.
Maestros y alumnos sentados en las mesas luego de la academia. Alguien canta una canción. Alguien golpea un muro.
Salimos de allí para llegar al “tono” y la noche se vuelve una casa antigua donde la tribu escucha música chicha, eléctricos tonos. Dos máscaras caen sobre los rostros de Felipe Salmon y Rafael Pereira, ellos son Dengue Dengue Dengue! Primitivos, selváticos, figuras emblemáticas de las noches peruanas. Un modo oriental psicodélico que se alimenta de la cumbia selvática peruana nos envuelve.
Cerveza Pilsen. Una hilera larguísima en el baño de mujeres. Los lápices rojos van a los labios. A un costado de la fiesta se abre el cielo, y ropa cuelga lavada de un tercer piso. Esa ropa me lleva a una de las heridas latinoamericanas: el hambre y algo de su tierra abierta por las minas. Un empujón me devuelve a la fiesta.
Amaneció sin mi consentimiento. Camino por las calles de antiguos árboles y collares de flores en San Isidro y La Magdalena, donde la bandera peruana ondea ya en algunas casas por las fiestas patrias cercanas. Veo corredores de fondo trotando suave, aleteando sus pasos. Llevarán al menos unos veinte kilómetros de recorrido. Para mí, Lima se bebe, se toca y se funda con el baile. He bailado en ella, he bebido de todos sus colores ahumados. Ya puedo decir que es mía de cierto modo.
claudiadesierto@gmail.com