Estornudos con causa...

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Opinión
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¿En qué se parecen una pelota y una vaca?

¿En qué se parecen una pelota y una vaca? Pues en que la vaca da leche; un derivado de la leche es la mantequilla; la mantequilla se inventó en Asia; Asia es un continente; los continentes forman parte de la Tierra; la Tierra es un planeta... ¡y los planetas se parecen a las pelotas!

-Sí: es un chiste sangrón. Los preferidos de Chiqui-Drácula -diría enseguida el otrora popular Carlitos Espejel en su papel de anti comediante infantil de aquel clásico de la televisión de mi infancia: Chiquilladas.

Pero no pretendemos dedicar este espacio a las remembranzas de la niñez. Dejemos eso para las visitas al psicólogo y para las sesiones del grupo de terapia colectiva donde siempre es necesaria la munición para poner a chillar a la concurrencia.

La intención es distinta. Se trata de ofrecer -como se ha hecho en colaboraciones anteriores- un nuevo ejemplo de cómo dos cosas (dos fenómenos, para ser más precisos) aparentemente inconexos guardan relación cercana, estrecha, íntima (nunca mejor utilizado el segundo adjetivo).

Pero antes de entrar en materia, permítaseme contar una anécdota que sirve en este caso de prólogo situacional:
En cierto lugar de trabajo -del cual no daré mayores señas porque cualquiera podría identificar fácilmente el sitio en los trazos descriptivos de mi relato-, teníamos un compañero cuya característica fundamental era su capacidad para estornudar de forma estentórea.

No hacía falta voltear a ver: si el sonido era superior a los 80 decibeles, provenía del aparato respiratorio de nuestro camarada, pues nadie más sería capaz de provocar estruendo semejante.

Confieso de una vez que el asunto siempre me provocó una curiosidad morbosa. Me llamaba la atención un detalle en torno a los estornudos del colega: eran sospechosamente uniformes, anormalmente parecidos, misteriosamente similares.

Por definición, según los especialistas en fisiología, el estornudo es una reacción espontánea del organismo producida por la irritación de las membranas mucosas de la nariz o la garganta... Pero algo de estudiado había en aquellas "explosiones súbitas, forzadas e involuntarias de aire a través de la nariz y la boca", como se describe técnicamente el estornudo.

No podían ser tan similares, me decía a mí mismo. Bastaba estudiar el entorno para caer en la cuenta de cómo existe una variación natural en nuestros estornudos. Unas veces resultan luengos y sonoros, las otras son apenas una ligera perturbación en el fluir de la existencia. Nadie, de acuerdo con la información empírica recogida por este columnista, estornuda siempre igual y ello se debe, hemos logrado concluir, a que se trata de episodios espontáneos, no de actos premeditados.

Pero cierto día apareció ante los ojos de acá, su charro negro, un breve texto ofreciendo el atisbo de una explicación: el estornudo es, por su naturaleza explosiva y la cantidad de energía liberada de forma instantánea, la sensación más parecida al orgasmo.

-¡Ajá! -díjeme enseguida-: conque de eso se trata. ¡Con razón le salen tan parejitos, tan uniformes!... Y hasta parece que los disfruta.

Sin embargo, es preciso decirlo, hasta ese momento el asunto constituía apenas una sospecha. No había evidencia científica que nos permitiera afirmar, sin lugar a dudas, que aquello era en realidad un espectáculo erótico-nasal, una sofisticada forma de autocomplacencia sexual.

Pero ahora la hemos encontrado y todo hace indicar que sí, que teníamos razón y, así como las vacas y las pelotas terminan pareciéndose tarde o temprano, los estornudos y los orgasmos están secretamente conectados a través de improbables caminos en el interior de nuestras humanidades.

Los doctores británicos, Mahmood Bhutta y Harold Maxwell, otorrinolaringólogo el primero y psiquiatra el segundo, han realizado un estudio peculiar mediante el cual han detectado a casi una veintena de personas que aseguran sufrir una crisis de estornudos después de tener un orgasmo, o cuando por su mente pasan ideas eróticas.

Cualquier investigador en ciernes dirá que se trata de una evidencia muy pobre para llegar a conclusiones tajantes, pero al respecto los citados científicos han ofrecido una explicación atendible: "Los resultados de nuestras investigaciones sugieren que este fenómeno podría ser mucho más común de lo que se piensa, aunque no se conoce porque quizá la gente no habla de ello porque lo consideran algo vergonzoso".

En efecto, agregaríamos aquí, habrá para quienes resulte vergonzoso plantear a los demás, o incluso a un médico, la extraña conexión entre sus pensamientos lúbricos y los estornudos o, peor aún, si estos últimos le sobrevienen justo en el momento en el cual ha llegado al clímax del placer.

Personalmente sospecho una explicación adicional: habrá quienes, como mi excompañero de trabajo, hayan encontrado en este fenómeno una fuente de placer secreto que puede practicar en público.

Por cierto: ¿ya se fijó cómo estornudan sus compañeros de oficina?

¡Feliz fin de semana!

carredondo@vanguardia.com.mx
Twitter: @sibaja3

Columna: Portal, periodista con más de 30 años de experiencia en medios de comunicación impresos y electrónicos. Ingeniero Industrial y de Sistemas por la Universidad Autónoma de Coahuila y Licenciado en Derecho por la Universidad del Valle de México. Además, es máster en Administración y Alta Dirección por la Universidad Iberoamericana y tiene estudios concluidos de maestría en Derechos Humanos en la Facultad de Jurisprudencia de la UAdeC. Se ha desarrollado profesionalmente en el servicio público, la academia y el periodismo. Integrante de la Comisión de Selección del CPC, del Sistema Anticorrupción de Coahuila.

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