OPINIÓN

Empresas B: responsabilidad social corporativa

domingo, 15 de julio del 2012

En el marco del vigésimo aniversario de la creación de la Profepa fui invitado por esta institución para compartir en la Universidad Autónoma de Guadalajara algunos aspectos sobre la competitividad verde desde el ángulo del aprovechamiento del biogás que se captura en los rellenos sanitarios y que apoya la mitigación de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Entre otras cosas compartí que ya son 192 países los que han ratificado el Protocolo de Kioto y que en la conferencia de Durban llevada a cabo a finales del año pasado, las partes acordaron negociar un segundo periodo para dicho protocolo, hasta el 2017 ó 2020 según lo que se determine en Qatar en noviembre del presente 2012. Todo esto habla de la incertidumbre que se vive en el mercado de los bonos de carbono, pues aún no se tiene certidumbre si podrán registrarse nuevos proyectos bajo el Mecanismo de Desarrollo Limpio después de 2012 y el precio de los certificados de reducción de emisiones (CERS) sigue bajando por la situación de la economía en la Comunidad Europea, aunque se espera que el precio suba con la posible participación de China y los Estados Unidos de América.

El maestro Arturo Rodríguez Avitia, subprocurador de la Profepa, informó datos alentadores para la industria. Por ejemplo, que para el 2015 habrá 2.3 millones de empleos en el campo de las energías renovables y un millón de empleos en el campo del reciclaje. Informó también que en este momento hay 2.5 billones de pesos para desarrollar los mercados de agua, eficiencia de su uso y saneamiento. Rodríguez Avitia clarificó que hay un fuerte componente social en la economía verde, y que la responsabilidad social empresarial no era precisamente dirigir campañas para pintar escuelas o reforestar parques. Esto lo subrayo porque estoy de acuerdo con tal aseveración, ya que la responsabilidad social empresarial tiene que partir desde su estructura humana y de su core business. A este respecto me pareció iluminadora la participación de Bar van Hoof, de la Universidad de los Andes, Colombia, con la ponencia “Empresas B como impulsoras de la economía verde”.

De acuerdo con Bar van Hoof las Empresas B (de la analogía resultante del Plan B), utilizan el poder de negocios para resolver problemas sociales y medioambientales, creando un impacto positivo. Reportan su desempeño social y ambiental a través de estándares con reconocimiento global y amplían su responsabilidad fiduciaria para maximizar el valor para las partes interesadas.

Pero lo más interesante es su visión sobre lo que no hacen las Empresas B. Este tipo de empresas no practican la responsabilidad social empresarial convencional; no practican la filantropía; no maximizan su rentabilidad sólo en el corto plazo y no aceptan proveedores, ni clientes, ni financiación, sin transparencia ni sustentabilidad.

Según los criterios de las Empresas B, se puede hacer negocio a partir de la responsabilidad social corporativa, entendiendo esta apreciación como el DNA de la empresa que por sí misma genera riqueza con actividades asociadas directamente con una economía de flujos cíclicos que privilegia el enfoque ecosistémico para no desechar de manera brutal aquellos residuos que pueden ser útiles en la cadena de valor de nuevos productos.

Bar von Hoff declaró que ya existen 533 empresas de 60 industrias distintas que generan 3 mil millones de dólares en siete países. Ver para creer.