OPINIÓN

El príncipe azul

lunes, 02 de julio del 2012

Conversando con una amiga en un elegante restaurante de la ciudad, de manera natural y espontánea se dio el siguiente diálogo:

- Me acabo de divorciar –inició ella la plática- y me siento triste, sola. Me gustaría volverme a enamorar, volver a sentir una ilusión, ¡ya sabes! Enamorarme de alguien muy especial.

- ¿Cómo te gustaría que fuera ese ser tan especial? –le cuestioné-
- Ah pues mira –comenzó a detallarme-, me gustaría que fuera atento, caballero, trabajador, saludable, muy responsable y sobre todo fiel.

- Comprendo –le respondí- Sería algo así como tu príncipe azul verdad.
- Sé que no es algo fácil de encontrar –me comentó ella-, es casi como buscar una aguja en un pajar, sin embargo tengo esperanzas de que ese ser especial sí exista en la realidad, y no únicamente en mi imaginación.

Dime una cosa –inicié mi observación- ¿Te has puesto alguna vez a pensar que ese ser tan especial y difícil de encontrar, tenga también su propia lista de requisitos para su princesa?

Una pausa, mientras ella me observaba en silencio. No aparentaba concebir la idea de que su príncipe también fuese muy exigente para elegir pareja.

Supón que ese señor que se encuentra sentado allá en la esquina, sí el de traje y corbata –le dije a mi amiga mientras con los ojos señalaba la mesa del rincón-, cumpliera con tu exigente lista de requisitos.

Ella discreta, volvió despacio su mirada hacia el lugar de la mesa donde se encontraba mi hipotético candidato.

- Yo encantada –confirmó solo de verlo-
- Bien –le respondí- la mitad de la ardua tarea está hecha. Él es ahora un fuerte candidato a ser tu hombre ideal. Sin embargo, y me parece que el dilema más grande radica aquí, él también posee una lista de requisitos indispensables para buscar y encontrar a su princesa.

No lo conozco a él –continué con mi teoría- pero puedo también suponer que él anhela una mujer a su lado, saludable de mente y cuerpo, de buenos sentimientos, básicamente creyente, virtuosa, limpia y sobre todo leal.

- ¡Yo soy esa mujer! –me dijo levantando la mano-
Un silencio
- Él –aclaré- después de conocerte, es decir posterior a tratarte… ¿opinará lo mismo?
- ¿A qué te refieres? –preguntó ella-
- Mira, soy empresario, y con los años he advertido que los trabajadores también sueñan con un ideal como empresa para contratarse, que les cubra todos sus exigentes requisitos. Siempre hablan con orgullo de sus cualidades profesionales, sobre todo para solicitar incremento en su salario pero jamás les preocupa si su patrón opina lo mismo acerca de su desempeño. Digamos que dan por hecho que su empleador opina igual, y dejame decirte que comunmente no es así.

Se me figura que en ocasiones este fenómeno se repite fuera del ámbito empresarial, es decir y retomando el tema, tú tienes una exigente lista de requisitos para tu príncipe soñado, la cual él tendría que cubrir de manera cabal, pero curiosamente tu atención no está en la lista de requisitos suya, es decir, como que tú das mágicamente por hecho, que eres esa princesa que él busca y necesita, al igual que los trabajadores dan por hecho que son excelentes en su desempeño, sin nunca consultar ni constatar con el que les paga su sueldo.

El silencio y la mirada de mi amiga en mi rostro, me dio a pensar que con mi teoría, le había dejado tema para meditar.

- ¿Estás dispuesta a ofrecer, lo mismo que esperas recibir?

leonardodelcio@hotmail.com