OPINIÓN
El arcón del idioma
domingo, 05 de agosto del 2012
El lenguaje, ese organismo palpitante y sujeto a los caprichos del tiempo, vive una aventura que no acaba, una que no acabará mientras haya quienes se sirvan de él para comunicarse. Entre los muchos avatares del lenguaje, el idioma castellano no es el menos interesante. Desde su nacimiento ha venido arrastrando una historia y acompañando en la suya a quienes lo hablamos. Mejor dicho: nuestra historia es su historia.
Desde la biológica fusión entre el latín y las lenguas vernáculas de las regiones de Hispania, el castellano ha sufrido todo tipo de mutaciones, de alteraciones y de vuelcos “de la airada Fortuna”. La historia de la lengua castellana es tan apasionante como la de cualquier cultura y tan asombrosa como el movimiento de las células vistas a través del microscopio. Por eso habría que entender el presente lingüístico como una etapa más, una etapa fugaz, que se irá como tantas otras. La pureza del idioma es una quimera.
En esta etapa —la nuestra— resulta sumamente divertido enfocar la lente del curioso sobre algunas frases que, ahora, se han convertido en frases hechas. ¿Lo serán dentro de un siglo? Nadie lo sabe. Lezama Lima lee perplejo una frase coloquial del siglo 16 o 17 que aparece en “El Quijote”: alguien dice “un vidrio de agua” por “un vaso de agua”. Lo que entonces era una frase hecha hoy —¿quién lo hubiera creído?— adquiere calidad poética.
No sé si las que ahora nos torturan como frases hechas puedan alguna vez alentar un soplo lírico. Tampoco sé si las frases reiterativas que hoy se utilizan con profusión alberguen en su profundo seno significativo alguna incontrovertible filosofía de la vida. Veamos una muestra de ellas.
1. ‘Por algo suceden las cosas’ o su equivalente: ‘Todo sucede por algo’. Misteriosa frase. Tiene cierto airecillo búdico y determinista: presupone que todo está escrito en el Gran Libro de la Vida, que el Destino es ineluctable y que Amado Nervo jamás tuvo razón. Ni somos “arquitectos de nuestro propio destino” ni el “libre albedrío” nos pertenece del todo. Esta frase suele decirse en circunstancias dolorosas; pretende ser un consuelo para quien la escucha. ¿De verdad lo es? Si seguimos la pista a la ruta histórica que la frase nos sugiere, podemos despeñarnos en el origen del mundo. ¿Por qué sucedió la vida? ¿Por qué sucedió el Universo? O, en otra versión: ¿todo para esto?, ¿todo pára en esto?
2. ‘Nada sale de la nada’, frase que Shakespeare utiliza en algunas de sus obras, especialmente en “El Rey Lear”. Parece un sofisma: nada más lógico que lo que dice, pues ¿qué puede salir de la nada sino nada? La frase ostenta un carácter teológico, si pensamos en que la única Persona que sacó algo de la nada es Dios. Pero para un mortal como cualquiera de nosotros eso sería del todo imposible. Hasta la vida que engendramos surge de la unión de dos sistemas que se encuentran, azarosamente, gracias al coito. Somos sólo instrumentos para perpetrar la vida. La sensualidad, el erotismoy la pornografía son otra cosa.
3. ‘Nada es para toda la vida’. Vaya perogrullada. Imagino esta frase impresa en una tarjeta decorada con flores y pajarillos. Esta esquela es entregada a un enfermo terminal: ¿la frase sería leída como un consuelo? Por otro lado, se dice “nada es para toda la vida”, no “la nada es para toda la vida”, lo que no es lo mismo, aunque no sé si da igual. En el primer caso, se entiende que “nada de lo que somos o de lo que poseemos” vive eternamente; el sentido del segundo es más tenebroso: ¿la nada es para toda la vida? Pero ¿qué es la nada? Heráclito escucha impertérrito estas elucubraciones.
4. ‘El hubiera no existe’. Pero claro que existe. Es un tiempo verbal, el pretérito pluscuamperfecto. ¿Qué es lo que se dice cuando se pronuncia esta frase? Algo muy simple y terrible: de nada sirve lamentarse por lo hecho o lo no hecho. “Si me hubiera casado con...”, “si no me hubiera casado con...” y cosas así. Se entiende que quien dice algo como esto ha pasado a ser infeliz después de una boda errática... El hubiera sí existe: no sólo es un tiempo verbal; también es la expresión válida de nuestro fracaso. Tenemos el derecho de expresarlo, siempre que tal fracaso no ensucie la vida de los otros y la nuestra.
5. ‘Nadie puede dar lo que no tiene’. Otra perogrullada. Otra frase de “superación personal”, paradigma de los profesionales de la “automotivación”, que hoy saturan los medios, lo mismo que los politólogos y los comentaristas deportivos. Hermana gemela de “Nada sale de la nada”, esta frase puede conformar toda una familia semántica con otras del mismo jaez. ¿Es cabal si trasladamos el sentido de estas palabras a un código matemático? ¿Podemos decir: - entre - = +?
6. ‘La vida da muchas vueltas’. Esta frase me lanza de lleno a “la rueda del Dharma” o “dharmachakra”: las enseñanzas del Buda histórico que expresan la verdad universal. Esta “rueda”, como la vida, “da muchas vueltas”, pero el sentido del símbolo búdico y el de la metáfora occidental no es precisamente el mismo. Cuando hoy decimos que la vida da muchas vueltas aludimos, casi siempre, a la necesidad de venganza. Pensamos o expresamos: “no haré nada contra ti por ahora, pero ya la vida se encargará de ponerte en tu lugar, de vengarse por mí”. Adoptamos una fingida resignación ante aquella persona que nos ha hecho daño y ponemos en las manos de “Dios” la venganza que no queremos —o no podemos— ejecutar. Pero ¿hay de verdad una “justicia divina”? En esas vueltas que da la vida, ¿alguna vez pagarán los perversos y los malvados puros? Por otra parte, la frase parece contradictoria: o se refiere a una vida única o implica al mito del eterno retorno.
7. ‘Vuelvo a lo mismo’. O su equivalente: “Volvemos a lo mismo”. Es frecuente acudir a esta frase en la conversación, incluso si la misma acaba de empezar... ¿Vuelvo a lo mismo? ¿Para qué, si ese “mismo” ya fue dicho una y otra vez?
8. ‘También esto pasará...’ Cuando estamos en medio de una tribulación esta frase parece brindarnos un poco de serenidad. Solemos repetirla como un mantra, sin detenernos a pensar en que ese trago cuya amargura deseamos pasajera forma parte de todo aquello que también pasará, es decir, nuestra vida. Una criatura que apenas sale del vientre de su madre bien podría decir, como salutación al mundo y como íntimo consuelo: también esto pasará. Pero eso implicaría que la transubstanciación es real. Ah, y que la vida es una catástrofe.
Dejo aquí este breve catálogo de frases hechas. Ya encontraré otras en el abundante arcón de nuestro castellano.
Desde la biológica fusión entre el latín y las lenguas vernáculas de las regiones de Hispania, el castellano ha sufrido todo tipo de mutaciones, de alteraciones y de vuelcos “de la airada Fortuna”. La historia de la lengua castellana es tan apasionante como la de cualquier cultura y tan asombrosa como el movimiento de las células vistas a través del microscopio. Por eso habría que entender el presente lingüístico como una etapa más, una etapa fugaz, que se irá como tantas otras. La pureza del idioma es una quimera.
En esta etapa —la nuestra— resulta sumamente divertido enfocar la lente del curioso sobre algunas frases que, ahora, se han convertido en frases hechas. ¿Lo serán dentro de un siglo? Nadie lo sabe. Lezama Lima lee perplejo una frase coloquial del siglo 16 o 17 que aparece en “El Quijote”: alguien dice “un vidrio de agua” por “un vaso de agua”. Lo que entonces era una frase hecha hoy —¿quién lo hubiera creído?— adquiere calidad poética.
No sé si las que ahora nos torturan como frases hechas puedan alguna vez alentar un soplo lírico. Tampoco sé si las frases reiterativas que hoy se utilizan con profusión alberguen en su profundo seno significativo alguna incontrovertible filosofía de la vida. Veamos una muestra de ellas.
1. ‘Por algo suceden las cosas’ o su equivalente: ‘Todo sucede por algo’. Misteriosa frase. Tiene cierto airecillo búdico y determinista: presupone que todo está escrito en el Gran Libro de la Vida, que el Destino es ineluctable y que Amado Nervo jamás tuvo razón. Ni somos “arquitectos de nuestro propio destino” ni el “libre albedrío” nos pertenece del todo. Esta frase suele decirse en circunstancias dolorosas; pretende ser un consuelo para quien la escucha. ¿De verdad lo es? Si seguimos la pista a la ruta histórica que la frase nos sugiere, podemos despeñarnos en el origen del mundo. ¿Por qué sucedió la vida? ¿Por qué sucedió el Universo? O, en otra versión: ¿todo para esto?, ¿todo pára en esto?
2. ‘Nada sale de la nada’, frase que Shakespeare utiliza en algunas de sus obras, especialmente en “El Rey Lear”. Parece un sofisma: nada más lógico que lo que dice, pues ¿qué puede salir de la nada sino nada? La frase ostenta un carácter teológico, si pensamos en que la única Persona que sacó algo de la nada es Dios. Pero para un mortal como cualquiera de nosotros eso sería del todo imposible. Hasta la vida que engendramos surge de la unión de dos sistemas que se encuentran, azarosamente, gracias al coito. Somos sólo instrumentos para perpetrar la vida. La sensualidad, el erotismoy la pornografía son otra cosa.
3. ‘Nada es para toda la vida’. Vaya perogrullada. Imagino esta frase impresa en una tarjeta decorada con flores y pajarillos. Esta esquela es entregada a un enfermo terminal: ¿la frase sería leída como un consuelo? Por otro lado, se dice “nada es para toda la vida”, no “la nada es para toda la vida”, lo que no es lo mismo, aunque no sé si da igual. En el primer caso, se entiende que “nada de lo que somos o de lo que poseemos” vive eternamente; el sentido del segundo es más tenebroso: ¿la nada es para toda la vida? Pero ¿qué es la nada? Heráclito escucha impertérrito estas elucubraciones.
4. ‘El hubiera no existe’. Pero claro que existe. Es un tiempo verbal, el pretérito pluscuamperfecto. ¿Qué es lo que se dice cuando se pronuncia esta frase? Algo muy simple y terrible: de nada sirve lamentarse por lo hecho o lo no hecho. “Si me hubiera casado con...”, “si no me hubiera casado con...” y cosas así. Se entiende que quien dice algo como esto ha pasado a ser infeliz después de una boda errática... El hubiera sí existe: no sólo es un tiempo verbal; también es la expresión válida de nuestro fracaso. Tenemos el derecho de expresarlo, siempre que tal fracaso no ensucie la vida de los otros y la nuestra.
5. ‘Nadie puede dar lo que no tiene’. Otra perogrullada. Otra frase de “superación personal”, paradigma de los profesionales de la “automotivación”, que hoy saturan los medios, lo mismo que los politólogos y los comentaristas deportivos. Hermana gemela de “Nada sale de la nada”, esta frase puede conformar toda una familia semántica con otras del mismo jaez. ¿Es cabal si trasladamos el sentido de estas palabras a un código matemático? ¿Podemos decir: - entre - = +?
6. ‘La vida da muchas vueltas’. Esta frase me lanza de lleno a “la rueda del Dharma” o “dharmachakra”: las enseñanzas del Buda histórico que expresan la verdad universal. Esta “rueda”, como la vida, “da muchas vueltas”, pero el sentido del símbolo búdico y el de la metáfora occidental no es precisamente el mismo. Cuando hoy decimos que la vida da muchas vueltas aludimos, casi siempre, a la necesidad de venganza. Pensamos o expresamos: “no haré nada contra ti por ahora, pero ya la vida se encargará de ponerte en tu lugar, de vengarse por mí”. Adoptamos una fingida resignación ante aquella persona que nos ha hecho daño y ponemos en las manos de “Dios” la venganza que no queremos —o no podemos— ejecutar. Pero ¿hay de verdad una “justicia divina”? En esas vueltas que da la vida, ¿alguna vez pagarán los perversos y los malvados puros? Por otra parte, la frase parece contradictoria: o se refiere a una vida única o implica al mito del eterno retorno.
7. ‘Vuelvo a lo mismo’. O su equivalente: “Volvemos a lo mismo”. Es frecuente acudir a esta frase en la conversación, incluso si la misma acaba de empezar... ¿Vuelvo a lo mismo? ¿Para qué, si ese “mismo” ya fue dicho una y otra vez?
8. ‘También esto pasará...’ Cuando estamos en medio de una tribulación esta frase parece brindarnos un poco de serenidad. Solemos repetirla como un mantra, sin detenernos a pensar en que ese trago cuya amargura deseamos pasajera forma parte de todo aquello que también pasará, es decir, nuestra vida. Una criatura que apenas sale del vientre de su madre bien podría decir, como salutación al mundo y como íntimo consuelo: también esto pasará. Pero eso implicaría que la transubstanciación es real. Ah, y que la vida es una catástrofe.
Dejo aquí este breve catálogo de frases hechas. Ya encontraré otras en el abundante arcón de nuestro castellano.