Dos historias en pugna: Peña, PAN y pacto
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Porque la batalla por la narrativa continuará en varios frentes: dentro del pacto, con cada partido participante tratando de contar su propia historia y evitando que se imponga la de sus asociados
Desde la perspectiva de la comunicación política, la verdadera pugna de esta agitada semana se está dando entre dos historias en busca de la atención, la retención y la aceptación de las audiencias.
Una historia cuenta un logro sin precedentes, que ha despertado incluso el interés internacional. Después de tres lustros de disensos irreductibles, hay un relato de construcción de consensos para sacar adelante un inesperado programa de reformas, acordado en el Pacto por México por el presidente Peña Nieto y los liderazgos nacionales de los principales partidos.
Pero esa historia provoca el malestar de los autores de la otra historia, la que apuesta a perpetuar la incredulidad extendida en la posibilidad del éxito, arraigada en una cadena de sucesivas violaciones a las expectativas de la población, las más recientes, las frustradas por la alternancia de partidos en el poder presidencial con la llegada del PAN a Los Pinos en 2000. La historia contra la historia de éxito remata con el argumento de que la fórmula pactista para alcanzar los celebrados acuerdos de hoy, subordina al PRI y al gobierno a los partidos asociados a favor de las reformas.
- Batalla de narrativas
El presidente Peña hizo público el lunes el Plan Nacional de Desarrollo de su sexenio y allí amplió la narrativa de la primera historia. Lo hizo con un mensaje de corte fundacional a partir de la construcción de un cuerpo de nuevas creencias e imágenes de optimismo, en el sentido de que están dadas las condiciones para romper el estancamiento y mover a México.
Y allí encajó un rasgo característico del nuevo plan, que no se limita -dijo- a administrar coyunturas, sino a impulsar cambios de fondo, en un escenario de unidad y corresponsabilidad con partidos y sociedad. Adicionalmente, anunció que por primera vez un plan sexenal estará sujeto a un esquema de medición del cumplimiento de las metas que permitirá rendir cuentas, hacer correcciones y evitar corrupción. Un mensaje, éste, de inoculación frente a los estereotipos narrativos usados contra los gobiernos priístas.
La otra historia, en cambio, que encontró en el removido coordinador de los senadores panistas, Ernesto Cordero, un súbito portavoz, vio el mismo lunes, en ese escenario de unidad y corresponsabilidad en que participa su partido, un riesgo de convertir a los partidos suscriptores del Pacto por México en satélites del PRI.
- La guerra sigue: el Pacto y sus crisis
Pero esta narrativa que estigmatizaba al PRI y a lo que tuviera que ver con él fue la historia ganadora del PAN en 2000, bien contada por un candidato, Fox, erigido en el héroe que echaba al mismísimo demonio priísta de Los Pinos. Y habrá que ver si el mismo relato se abre paso 12 años después de dos gobiernos panistas, contada por un personaje identificado en los medios como cabeza visible del grupo del ex presidente Calderón, cuyos saldos de gobierno hicieron caer al PAN al tercer lugar en las presidenciales del año pasado.
Pero la pugna no puede reducirse a un choque intestino de panistas, resuelto entre "maderistas" a la cabeza del partido, convencidos del Pacto por México, y "calderonistas" opuestos al Pacto, que ven caer a su principal portavoz.
Porque la batalla por la narrativa continuará en varios frentes: dentro del pacto, con cada partido participante tratando de contar su propia historia y evitando que se imponga la de sus asociados, y contra el pacto, con la narrativa de la descalificación y la profecía de fracasos e imposiciones que se pretende auto cumplida por los auto excluidos. Además, el pacto seguirá enfrentando otras pruebas, como la que le hizo perder el paso con los preparativos de los priístas veracruzanos para utilizar programas gubernamentales con fines electorales, una crisis definida a partir de la característica central de sus efectos: impedir el funcionamiento de las instituciones. Y aquí parece haber un efecto colateral del Pacto, como una institución que se detiene ante la menor señal de transgresión de las partes.
Por José Carreño Carlón