OPINIÓN
Diario de un nihilista
viernes, 20 de julio del 2012
Ecología humanitaria. El nini José Trinidad demanda un tratamiento especial de parte del Estado mexicano para los pobladores del municipio de Cherán, porque los talamontes acaban de asesinar a dos de sus paisanos. Esa comuna indígena de Michoacán se declaró autónoma hace tiempo y no permite que en su territorio se lleven a cabo elecciones. Sin embargo, después de mandar al diablo a las instituciones, ahora no solicitan sino exigen la presencia del Ejército y la Marina. Y lo conseguirán, sin duda alguna, porque son indígenas y los gobiernos mexicanos siempre han tenido una actitud paternalista hacia ellos. Cuando lo cierto es que el crimen organizado no hace distingos de raza, color, idioma o clase social a la hora de intimidar, extorsionar, torturar o masacrar a individuos y grupos sociales. Ante el crimen, que es pura ilegalidad, como ante la ley todos somos iguales. Así lo vemos en Torreón, donde no han muerto dos personas por proteger sus árboles, para que duerman a pierna suelta las mariposas monarca, sino que caen a diario entre cinco y doce hombres y mujeres casi por cualquier causa. Ricos y pobres pueden caer a cualquier hora del día, en cualquier crucero, plaza comercial o fiesta privada. Esta situación lleva ya cinco años y ningún organismo internacional de derechos humanos, ninguna organización europea de esas que abogan por la vida de los pingüinos y de los tigres, mucho menos los Cascos Azules de la ONU, ha tomado cartas en el asunto. ¿Dónde está la asociación ecologista que defienda a los indígenas de Cherán y a los habitantes de las colonias suburbanas de Torreón como si fueran especies valiosas, aunque su piel no valga lo que cuesta una piel de zorro, de marta, de cibellina? Hace falta una ecología humanitaria, que defienda y preserve a la especie más valiosa del planeta, la humana. El Estado mexicano protege de manera especial a los indígenas porque los considera un grupo social desvalido e inerme. No menos desvalidos e inermes se encuentran los habitantes de las zonas suburbanas de las ciudades medias de la República, no menos ante las balas del Ejército que antes las balas del crimen. Una vez que el presidente Calderón decretó la temporada de cacería contra los cárteles del narco, los ciudadanos quedamos indefensos, porque la presa está fuertemente armada, a veces mejor que sus cazadores, y porque el campo de tiro y persecusión son las propias ciudades, donde la población queda entre dos fuegos.
Bandidos. Hipócritamente nos escandalizamos con el PRI, cuando el nombre de los dos grandes partidos británicos, los tories y los whigs –que llevan tres siglos alternándose el poder en la democracia más perfecta del mundo- significa, respectivamente, “asaltantes de caminos” y “cuatreros”. Los partidos políticos perfectos como los que imagina AMLO no existen ni en Dinamarca, ni en Finlandia ni en Suiza, mucho menos en el Distrito Federal, donde el PRD gobierna desde hace quince años.
Funestas profecías. “México 2006, 2012. La historia se repite como comedia, farsa o tragedia. Así será cada sexenio hasta 2042. Pobre izquierda”: Gabriel Quadri, vía twitter, miércoles 18 de julio.