OPINIÓN
Diario de un nihilista
viernes, 22 de junio del 2012
Ninis. ¿Fue la democracia de la época de Pericles una democracia nini? Es cierto que los griegos no trabajaban, pues consideraban al trabajo una cosa ruin, propia sólo de esclavos. Pero sí pensaban, leían los pergaminos de entonces, conversaban, usando para comunicarse un vehículo mucho más veloz que la internet: las ideas. Hay en el movimiento 132 un sentimiento de culpa por el tiempo que pasan esos jóvenes desconectados de la realidad. Tomar la calle es la solución adecuada a tanta soledad, a la infrarrealidad virtual en que viven. La laptop que elegantemente esgrimen, como antaño hicieran los comunistas con la hoz o el Pípila con su losa de piedra, es un instrumento que por el momento no les permite ni trabajar ni estudiar: es más atractivo divagar por los infinitos senderos que se desprenden y desembocan en la supercarretera del ocio. Una vez que pase la novedad de la internet, se convertirá en un instrumento de trabajo. Mientras tanto –Jesús Cedillo dixit-, todo es redes sociales y mensajes de 14 palabras: las indispensables para no decir nada, para no comunicar otra cosa que un gruñido, un eructo o un bostezo. Estos muchachos no son confiables porque son los mismos que reportaban histéricamente, en meses pasados, balaceras que nunca ocurrieron, al tiempo que inflaban las cifras estimadas de los muertos de las que sí habían sucedido. No lo son porque se dedicaban entonces, acaso inconscientemente, a propagar el miedo, en lugar de aportar una solución meditada a la guerra del narco. Le hacían el trabajo sucio a los cárteles, magnificando sus crímenes y publicitándolos con una eficacia subterránea que ya quisiera Televisa. Ahora intentan propagar su fobia por Peña Nieto a través de los mismos canales y hacerle así el trabajo sucio a AMLO, para que éste no se ensucie las manos ni su reputación, sospechosamente adquirida, de profeta amoroso. Ahora bien, si los jóvenes obradorizados actúan como obradoristas, es Obrador el responsable de conducirlos por sendas éticas. Si los 132 terminan como porros en las reyertas poselectorales, quizá cobren hasta entonces una conciencia moral y efectúen un recuento de sus hechos, de su irresponsabilidad, de su fanatismo, de su inconsistencia política. Cuando hablan de la matanza de Tlatelolco, suenan como AMLO hablando del Fobaproa o de Antonio López de Santa Ana: anacrónicos, desubicados, ilegítimos. Ellos tienen que ver más con los globalifóbicos y con los ocupas, que son dos formas posmodernas de anarquismo, pero de un anarquismo pequeñoburgués, manifestado por jóvenes europeos y norteamericanos hartos del bienestar, mismo que eructan ruidosamente, pero al que jamás renunciarían realmente: mejor que los africanos continúen muriéndose de hambre y de sida. Gritarle a Peña Nieto ‘asesino’ por el asunto de Atenco, sería como llamar ‘asesino’ al subcomandante Marcos por la matanza de Acteal. Es más fácil armar pancartas con cinco o seis palabras –la mitad de las que requiere un tuíter- que pensar, como hacíanlos adolescentes griegos en sus gimnasios, liceos y academias, espacios más sobrios que las caducas instalaciones del ITAM y la Universidad Iberoamericana. Cuando empiecen a usar su laptop como una herramienta de trabajo, podrán participar productivamente en la política nacional, territorio que les pertenece pero que no han abordado seriamente hasta ahora. Se ha dicho que los millares de jóvenes en edad de votar, son en realidad una carga para la democratización de las Universidades en las que están inscritos, en el nivel del bachillerato, por su carácter maleable, manipulable. Nosotros pensamos que en esas instituciones se debería impartir la Política como una ciencia, antes de involucrar a los jóvenes en procesos sociales que ni siquiera comprenden o que entienden a medias. (22 de junio)