Crisis en el PAN
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Si algunos tenían todavía alguna duda de la profunda crisis que atraviesa mi partido, los acontecimientos de esta semana han dejado muy claro el desorden interno que padecemos. Gracias a Gustavo Madero, México entero se percata de que Acción Nacional tiene un problema interno grave; el común denominador de esta crisis es una lucha por el poder sin reglas ni límites. Una lucha que enfrenta a una minoría empeñada en imponer su parecer a la gran mayoría de dirigentes y militantes dispersos a lo largo y ancho del territorio nacional.
No debiera extrañarnos que después de dejar el poder, un partido atraviese por un proceso de adaptación e incluso de crisis. El ejercicio del poder desgasta, por eso se pierden elecciones. Un partido que llega unido al poder, por lo general sale dividido. Al terminar un periodo de gobierno sin refrendar su triunfo, es natural que el líder pierda influencia porque ya no existe el proyecto que unió al partido.
Este fenómeno sucede en todo el mundo. Los republicanos todavía no se han recuperado de su primera derrota frente a Barack Obama. Los liberales de Canadá se fueron hasta el tercer lugar. Los laboristas del Reino Unido vivieron incluso una campaña interna por el liderazgo del partido, en el que contendieron dos hermanos. Pero al final, en las democracias consolidadas, la alternancia es un fenómeno frecuente y normal, las opciones políticas ayer derrotadas, acaban por regresar al poder.
¿Cómo explicar que en estos países, los partidos que dejan el poder y pasan a la oposición, más temprano que tarde enderezan el camino y acaban regresando al poder? Todos los países que mencioné han experimentado por décadas, la alternancia en el poder. El que gana las elecciones se dedica a gobernar, después viene el desgaste natural frente al electorado; luego se pierde la elección, viven una crisis, llegan a acuerdos al interior, se adaptan a su nueva realidad, asumen su rol de oposición, vuelven a buscar el poder en unidad y regresan.
Entre otros factores, los partidos de estas democracias maduras lo logran, porque sus políticos no dependen de las cúpulas partidistas. Quienes integran los parlamentos tienen una sola prioridad: representar el interés de sus electores para ganarse la confianza del ciudadano y eventualmente lograr ser reelecto. En esta lógica de incentivos, administrados por una ciudadanía que los quita o refrenda con su voto, las cúpulas de los partidos en todos sus niveles, se tienen que acoplar al sentir ciudadano; de lo contrario, perderán la confianza de los electores y por lo tanto, perderán las elecciones. Como en México no existe la reelección, el ciudadano queda automáticamente excluido del juego de poder, acaparado por las cúpulas partidistas que, desde la Ciudad de México, deciden el rumbo del país.
Gustavo Madero destituyó a Ernesto Cordero como Coordinador de la bancada panista en el Senado, a pesar de que el exSecretario de Hacienda y exprecandidato presidencial del PAN, cuenta con el apoyo de la mayoría de los Senadores del PAN. La lógica de Madero es muy elemental y autoritaria. No cuestiono la facultad estatutaria del Presidente nacional del PAN, para nombrar y remover a los coordinadores de bancada; pero señalo que el propio estatuto del PAN establece que esas decisiones debe tomarlas en consulta con los miembros del Grupo Parlamentario, cuya mayoría, en esta ocasión, apoya a Cordero.
En el interior del PAN, como en toda organización humana, especialmente en las que se ocupan de la política, existen grupos o corrientes. Estas corrientes deben negociar, conciliar y privilegiar lo que nos une frente a lo que nos divide, atendiendo siempre al sentir ciudadano que se expresa en las urnas. Ésa es la vía para que los partidos se fortalezcan y maduren, lo es también para que México progrese y madure como sociedad democrática. Ya vivimos el alto costo de la parálisis legislativa, sólo el acuerdo inteligente, que implica ceder sin traicionar principios, nos permite avanzar como país.
El PAN está viviendo un suceso inédito en su historia. El "grupismo" llegó al Comité Ejecutivo Nacional y ninguna corriente cuenta con mayoría entre los militantes. El problema estalló cuando la dirigencia, desde una de esas minorías, pretende imponer sus decisiones a los demás grupos.
Esa imposición elimina la posibilidad de hacer política, de negociar, de tender puentes, de ceder en algo para que el todo se fortalezca y la organización reemprenda su camino de regreso al gobierno.
Con esta última decisión, Madero aniquiló la posibilidad de diálogo y el PAN se encuentra en una grave crisis sin que se vea la luz al final del túnel. Lo más absurdo es que lo hace en pleno proceso electoral. Este tipo de decisiones inoportunas y aberrantes muestran su falta de experiencia y tacto.
Algo en común tienen Gustavo Madero y Carlos Orta el dirigente local: ambos imponen sus decisiones de manera facciosa y eliminan el diálogo. En lugar de colocarse a la altura de las circunstancias y construir un liderazgo moral incluyente, actúan facciosamente, lo que denota ignorancia y falta de experiencia.
Twitter: @chuyramirezr