Claudia Luna Fuentes
En unas horas tomaré de nuevo un vuelo: Ciudad de México-Madrid-Tánger. Tengo una cita con la Luna en la arena roja de Merzouga. Volveré a mirar rostros que son otros rostros de mi propia cara. Quiero beber esas serpientes caligráficas que navegan por el aire, ese embrujo que es sonido del idioma árabe. Es un sinsentido decirlo, pero hasta cierto punto, disfruto no entender nada. Me gusta mirar y saber que la sonrisa o el mutis es suficiente para ubicar una avenencia o un desencuentro. Es que me quedo callada. No hay de otra, y algo adentro crece.
En unas horas tomaré de nuevo un vuelo: Ciudad de México-Madrid-Tánger. Tengo una cita con la Luna en la arena roja de Merzouga. Volveré a mirar rostros que son otros rostros de mi propia cara. Quiero beber esas serpientes caligráficas que navegan por el aire, ese embrujo que es sonido del idioma árabe. Es un sinsentido decirlo, pero hasta cierto punto, disfruto no entender nada. Me gusta mirar y saber que la sonrisa o el mutis es suficiente para ubicar una avenencia o un desencuentro. Es que me quedo callada. No hay de otra, y algo adentro crece.

Quiero volver al zoco de Tánger por aceite de argán. Regresar y trepar de nuevo por una escalera angosta y colorida hasta llegar a lo alto de una tetería en la que te atienden hasta que ya te has ido, y dejan ese largo intervalo, como una posibilidad de miradas y conversaciones, cuando conocí a un profesor de inglés marroquí que nos contaba su intento de ir de viaje al mundo occidental. Desde allí, puedes mirar los cubos de los edificios con mujeres que tienden la ropa ocultas en sus velos y escuchar a la ciudad.

Mi madre me dijo el año pasado: ahora que vas con tiempo pon atención, vas al lugar de donde viene mucho de nuestra civilización, ¡los árabes nos heredaron tanto! es un país refinado y culto. Sé que ella disfrutaría nomás de mirar, como hicimos años atrás, cuando encontramos la belleza de un paisaje humano. Sí, entramos a un hotel en El Cairo y enmudecimos. Frente a nosotros había una escalera de mármol amplia, con asideros dorados y un hombre silencioso, él les daba brillo con un paño. Aquello era un prodigio con su túnica larga y ámbar, con una mirada de aceitunas entre la leche.

El año pasado fui a las dunas de Mhamid con la Luna en lo alto, cerca de la frontera con Argelia; ahora iré a las dunas cinematográficas donde uno pierde la vista entre sus montañas móviles, a Merzouga, todavía más cerca de la frontera y unas horas más cerca de Tánger. He convencido a mis amigos de quedarnos en tiendas para ver la Luna. Espero que sea posible.

El motivo central del viaje profesional es ir al Festival Internacional de Teatro Tánger El espacio de todos los espacios, que se celebrará del 24 al 28 de octubre, donde el anfitrión y generoso hombre es Tarik Rami, quien además, permitirá colocar la muestra de arte del colectivo Yo soy Zapalinamé en el Palacio Moulay Hafid. La que luego se expondrá en el Museo de la Casbah dirigido por Salimi Sofie, gracias a un intercambio que ha hecho posible el creador Annafs Azzakia Ben Sbih y su asociación Tánger Medi-Atlántica. Allí, también, en la sala de Al MICHOIR, el 14 de noviembre 2014 se inaugurará la exposición fotográfica titulada “Paisajes y figuras de un sahara mexicano” que propusimos Annafs y yo, con imágenes de Susana Veloz, Germán Siller, Ignacio Valdés y Talía Barredo, acompañadas con textos y poemas que he escrito sobre este otro sahara (sahara significa desierto, en árabe). Esta exposición tendrá su contraparte en el Museo del Desierto y será inaugurada con días de diferencia, en el marco del XV aniversario de fundación. Iré también a dar una lectura en la Universidad de Universidad Abdelmalek Saadi, gracias a la disposición del poeta y maestro de esta universidad, Mezouar El Iddrisi, en donde algunos alumnos se encuentran traduciendo algunas cosas que he escrito.

Pero debo confesar que el Café Hafa me hace guiños de nuevo, sobre todo luego de haber leído “Los cuadernos del Hafa” escritos sin piedad y magistralmente por Pablo Cerezal, y sobre todo, por supuesto, después de haber tenido al mar Mediterráneo como contrapunto de los pensamientos. Quiero llegar y no hacer nada, Solo tomar té marroquí y escribir. Eso y hacer nada, olvidarme de mí por un rato. Aumentar la multiplicidad interior, adentro de un velo y adentro de mí, entre las dunas.