OPINIÓN

Compra de votos

lunes, 13 de agosto del 2012

El escándalo de compra de votos en la pasada elección presidencial en México, no es menor. Pero tampoco y para desgracia de todos, no ha asustado suficientemente. Es decir, a los partidos políticos involucrados. Y muy especialmente al llamado “Partido de los Vividores”, el PRI. Ya no hay duda que el triunfo de Enrique Peña Nieto será validado por las instancias legales correspondientes. Pero si vale la pena abordar el fenómeno.

La compra de votos o lealtades no es nueva. Siempre ha existido, desde el origen de la democracia. En la antigua Roma, Julio César compraba votos con alimentos, dinero o espectáculos en el Coliseo. Al pueblo, entonces, “pan y circo”. En un pequeño libro que releo con cierta frecuencia, Moses Finley cuenta la siguiente anécdota fechada allá por el año 70 a.C. la cual a la vez, ha leído en escritura de Plutarco.

Finley cuenta que en excavaciones en la Acrópolis, en la ladera occidental, se encontraron un lote de 190 ostraca (tejuelo donde se escribía el nombre del político), los cuales llevaban el nombre de Temístocles; nombre escrito por pocas manos, lo que indica claramente, señala el analista, “que se habían preparado de antemano para distribuirlas entre los posibles votantes, pero al final no se usaron”.

Damas y caballeros del Jurado, así se las gastaban en la fina democracia antigua, romana y griega. Por lo demás, esto de la “compra” de votos por parte del PRD en el DF, por parte del PRI a nivel nacional y la torpeza del PAN para obtenerlos y así imitar las mañas de los dos anteriores partidos, en sí y para desgracia de todos, no es ni será motivo de causa de “nulidad de la elección”. Es motivo de una sanción penal, multa o cárcel, pero no para anular una elección.

Como este escritor es un villamelón en estas lides jurídicas, he preguntado y solicitado asesoría con el fino Notario José Ramón Oceguera. Éste, con paciencia y bonhomía, me explicó con “peras y manzanas” la cuadratura del círculo. Aquí voy a tratar de dejarlo por escrito. El Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE) no prohíbe la compra de votos, sólo lo proscribe. Específicamente en el Artículo 4, párrafo 3 y en el Artículo 347. Pero ojo, el Código Penal Federal si prohíbe la compra directa de votos en su Artículo 403. Se lee: “Se impondrán de 10 a 100 días de multa y prisión de seis meses a tres años a quien… solicite votos por paga, dádiva, promesa de dinero u otra recompensa…”

Esquina-bajan

Por lo demás, estas investigaciones tardan años—por desgracia— en resolverse y en que la autoridad dictamine. Le voy a poner un ejemplo al respecto y tomo como ejemplo al multicitado “Partido de los Vividores.” Allá por las lunas del año 2000 y cuando bramaban las campañas presidenciales donde fue masacrado el priísta Francisco Labastida Ochoa, se denunció el muy famoso “Pemexgate”.

El “Pemexgate” consistió en que en contubernio, empresa y Sindicato, habrían desviado 500 millones de pesos enefectivo del Sindicato Petrolero a las arcas de la campaña presidencial. En este amasijo de corrupción y complicidades, un coahuilense, el que era llamado “gran estadista”, Rogelio Montemayor Seguy, terminó luego de la investigación respectiva, huyendo en USA y con un grillete electrónico para monitorearlo.

Priístas culpables. Fueron condenados a pagar una multa de mil millones. Pero da la casualidad que fue hasta mayo de 2003; es decir, 3 años después de la elección empezaron a pagar los platos rotos. Rogelio Montemayor fue inhabilitado para ejercer cargos públicos por 20 años, aunque se salvó por los recovecos de la porosa ley, de pagar multa por 1,400 millones de pesos (Expediente 02/2002 y acumulado, 04/2002; con resolución del 27 de abril de 2005. 213 fojas. Según oficio No. CI-SFP-323/2008.) Obeso expediente de corrupción en poder de este escritor.

Letras minúsculas

Para ganarle al PRI, hay que ser el triple de mañosos. Por lo demás, si usted vendió su voto lector, pues es muy suyo, ¿por qué no habría de venderlo?...