OPINIÓN

sábado, 24 de septiembre del 2011

Mis estimados y gatosos lectores. Ahora sí que ando que echo lumbre y no por la polémica de la prohibición de la Fiesta Brava, sino por la actitud de nuestros diputados que hacen y reforman las leyes. Verán porqué.

Resulta que, amén de la sospechosa descongelada que le dieron a esa iniciativa que desde hace un año estaba archivada en el escritorio del diputado priísta, antes panista, Juan Manuel Villegas, lo trascendente del caso es los argumentos que están utilizando para apoyar a los grupos de antitaurinos.

Luego de la ridícula aparición del diputado Villegas, y de su comparsa la diputada también tricolor, otrora perredista, Yaneth Babún, apareció en escena el jovenazo Francisco Tobías manifestar su aprobación de la iniciativa antitaurina y se pronunció a favor de los grupos ecologistas, así de golpe y porrazo, tendensioso, pues.

Pero lo que me a mí me molesta no es que vayan a suspender la fiesta. Lo que me molesta, como ciudadano mexicano, es que nuestros legisladores no tienen ni idea de lo que dicen y argumenta.

Imagínese usted que este chavalillo diputado, a quien apenas le acaban de salir los dientes de leche, se puso a decir que la fiesta de los toros no es cultura, respaldando su argumento con que a sólo el 8 por ciento de los coahuilenses les gustaba la tauromaquia, y que por esa pobre cifra la fiesta no se puede llamar cultura. ¡Hágame el favor!

Entonces, considerando su distorsionada visión estadística, la lectura no es cultura, pues el gusto por leer libros entre los mexicanos apenas llega al uno por ciento, así que la lectura no es cultura.

Y así pasa con la pintura, pues apenas un mínimo porcentaje de saltillenses sabe reconocer y distinguir un cuadro de Rembrandt de uno de Monet, o uno de Goya a otro de Picasso, y es por eso que ahora podemos asegurar que la pintura no es cultura. ¡hágame el refavor cabón!, como dice mi admirado cronista de la ciudad, Armando Fuentes Aguirre “Catón”.

Y lo peor, yo recuerdo a ese diputado Tobias pasearse desde niño por las plazas de toros, aventando sombreros y aplaudiendo a los toreanderos… ¿y ahora, por convenir así a sus intereses políticos, es antitaurino?, ¡qué extraño!

Pos así está todo, muy extraño. Yo sólo espero que la justicia y la cordura impere entre los involucrados y que entiendan los que van a tomar la decisión que la fiesta de los toros no es Armando Guadiana, el blanco de las supuestas venganzas del gobernador electo, sino que la fiesta es 500 años de historia, de miles de personajes que han dado su vida a ella y millones de momentos de mágicos y gloriosos que se han vivido en el ruedo en todo ese tiempo.

Como decía el recordado don Santiago Ramos: “El toro tiene muchos enemigos”.

Que dios nos agarre confesados.