OPINIÓN

¡Que vivan los estudiantes!

jueves, 24 de mayo del 2012

Y, de repente, en medio de estas campañas “aburridas” y en un momento político signado por la guerra de lodo, la repetición ad náuseam de spots y las promesas fantasiosas, irrumpen los jóvenes y le dan color a esta contienda descolorida.

El elemento disparador de las protestas de los últimos días fue la visita del candidato presidencial del PRI, Enrique Peña Nieto, al campus de la Universidad Iberoamericana en Santa Fe, y, más que la recepción y su comparecencia, la despedida de que fue objeto y la manera en que algunos medios manejaron la información: en unos casos, ignorando el acontecimiento; en otros, reprobando el comportamiento de los estudiantes. A partir de allí, lo que prevaleció fueron los excesos, la intención de unos y otros de “llevar agua a su molino”.

Algunos comentaristas reprobaron la actitud “intolerante” de los jóvenes, desestimando un hecho: que el candidato priísta se había presentado en el auditorio José Sánchez Villaseñor y pudo exponer su visión y sus propuestas y dialogar con el público en un clima de absoluto respeto. Por cierto, los muchachos hicieron su tarea: buscaron en internet las vulnerabilidades del candidato y encontraron “Atenco” y algo más.

La parte más bulliciosa —nada perturbadora, salvo para las buenas conciencias— fue la que ocurrió al término de su participación: los abucheos, los gritos de “¡fuera!”, “¡fuera!”. Los críticos de Peña magnificaron las protestas, hicieron creer que, ante el repudio de los estudiantes, se había tenido que refugiar en un baño, como si los candidatos presidenciales no tuvieran necesidades fisiológicas, y descubrieron que los chavos de la Ibero empezaban a parecerse a los “sectarios” de la UNAM.

También calentó el ambiente la reacción inmediata de dirigentes priístas y de sus aliados “verdes” de censura a los estudiantes; y, peor aún, al sugerir que no se había tratado de alumnos (“se veían mayorcitos”, dijo alguno); otros más hablaron de acarreo y pidieron investigar la eventual puesta en marcha de una trampa. El manejo inteligente del coordinador de la campaña, Luis Videgaray, reconociendo el derecho de los jóvenes a discrepar, no pudo evitar la avalancha. En el colmo de la conjetura sin sustento, un analista descubrió un complot de los jesuitas.

Lo que siguió es aleccionador: la respuesta aguda y rápida de los jóvenes, la utilización de las redes sociales para replicar. El apoyo del rector José Morales Orozco a sus estudiantes sólo confirma el carácter de la Ibero como universidad en el sentido más alto del término: un espacio académico ejemplar que alienta la diversidad, el debate, y que forma ciudadanos comprometidos con su país, con su entorno y su tiempo.

Y después, las marchas hacia Televisa (viernes) y al Zócalo (sábado), que expresan su vitalidad, su inconformidad, su vehemencia. Manifestaciones sin liderazgos reconocibles, ajenas a estructuras partidistas, “sin despensa ni prebenda”. (La movilización del domingo fue otra cosa, convocada abiertamente por partidarios de AMLO). ¿Cómo interpretar la emergencia de un sector que muchos creían despolitizado, indiferente a la confrontación electoral?

Lo inaceptable hubiera sido que los candidatos encontraran en las universidades, públicas o privadas, a una juventud apática, fatigada, amaestrada.

Hay que ver con simpatía la libre expresión de un sector de la sociedad, el de la juventud estudiantil, que con su entusiasmo crítico evoca otro momento y nos recuerda la profundidad de las transformaciones políticas que ha experimentado nuestro país en las últimas décadas. Una de las contribuciones mayores a la democracia del movimiento estudiantil de 1968 fue su decisión de recuperar los espacios públicos hasta entonces reservados a la gloria del Señor Presidente, así, con mayúsculas. Eran los días del partido casi único, de medios controlados, de opacidad en el ejercicio de gobierno, de simulación democrática. Años en los que —escribió el maestro Gastón García Cantú— el único partido clandestino en la Universidad era el PRI. No era un tinte de orgullo, y quizá no le sea aún, militar en el partidazo.

Posdata: Es inevitable el recuerdo de Violeta Parra: “¡Que vivan los estudiantes, jardín de nuestra alegría; son aves que no se asustan de animal ni policía […] Me gustan los estudiantes que rugen como los vientos, cuando les meten al oído sotanas y regimientos. Pajarillos libertarios igual que los elementos. Caramba y zamba la cosa, ¡vivan los experimentos!” .

@alfonsozarate