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Coahuila, más inseguro que nunca

Onésimo Flores Dewey
 
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  • 08 abril 2010
  • La embajada norteamericana mantiene una alerta sobre la situación de inseguridad que se vive en Coahuila. El mensaje a sus ciudadanos es claro: si no tienen a qué ir no vayan, y si tienen a qué ir piénsenlo dos veces. La alerta llega después de una sangrienta racha que incluyó balaceras en centros comerciales y bares, presuntamente asociadas con la disputa de grupos criminales por el control de la plaza. No exageren, respondió con aplomo el gobernador Moreira: “Si agregamos 30 años de muertes en Coahuila, nos da a un año de muertes en California”.

    La declaración merece un poco de debate, no sólo por su inconsistencia con la realidad, sino por su falta de cuidado analítico. No es válido comparar peras como Coahuila con manzanas como California, ni siquiera cuando nos hieren el orgullo. El segundo tiene 15 veces más población que el primero, por lo que cualquier comparativo en números absolutos es francamente ridículo. El argumento es tan falaz como decir que un coche de cuatro asientos con seis pasajeros va menos lleno que un autobús de cuarenta asientos con sólo 10 tripulantes.

    Si comparamos la tasa en lugar de comparar el número total de homicidios, aparece un dato que sin ponernos al nivel de Afganistán, si justifica los temores diplomáticos. No sólo la tasa de homicidios por cada 100 mil  habitantes en Coahuila es cuatro veces superior a la registrada en California, sino la incidencia de este delito en nuestro estado va en rápido aumento, mientras que en la tierra del Terminator permanece estable. Salvo que contemos a los muertos de las películas de Hollywood, es sustancialmente más peligroso Coahuila que California.
     
    Pero entrémosle al tema. ¿Qué tan inseguro es Coahuila? Para dirimir esta duda, habría que aprovechar el método sugerido por el Gobernador, y comparar nuestro desempeño con el de otras entidades.
    Empecemos revisando las estadísticas de robos anuales, por cada 100 mil habitantes por supuesto. De acuerdo con datos del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en el 2007 Coahuila era el estado más seguro de la región, y por mucho. Las tasas de robos en Nuevo León y Tamaulipas casi duplicaban a las de nuestro estado.
     Sin embargo, para el 2009 emparejamos los cartones. La incidencia de robos en Coahuila creció en 80 por ciento, mientras que en el resto de la región permaneció estable. Pasamos de 6 mil 450 robos anuales en la primera mitad del 2007 a 11 mil 700 en el mismo periodo del 2009.

    Si comparamos el número de muertes asociadas al crimen organizado (ejecuciones, bajas por enfrentamiento y bajas por agresión contra la autoridad) la fotografía es más dramática. De acuerdo con la misma fuente, en el 2007 se registraron 18 homicidios de este tipo en nuestro estado, 80 en Tamaulipas y 130 en Nuevo León. Dos años después el “ranking” en la región cambió radicalmente. El número de este tipo de homicidios bajó un poco en Nuevo León, creció hasta 90 en Tamaulipas y se disparó hasta 180 en Coahuila. ¡Un crecimiento de mil por ciento en dos años!

    Hay quien dice que estas estadísticas sólo reflejan el fracaso de la estrategia federal de combate al crimen. Por ejemplo el diputado Rubén Moreira, en un artículo publicado el 3 de abril en El Universal, sugiere que la estrategia federal es utilizada con fines electorales, que el discurso presidencial es “radical” y “fundamentalista”, y que “la estrategia de seguridad está produciendo víctimas entre aquellos que se supone deberían ser los beneficiarios”. Quizá tiene razón, pero olvida decir que la responsabilidad de brindar seguridad es compartida, y que la estrategia del Gobierno estatal es exactamente la misma que la del Gobierno Federal: militarizar las policías.

    Al día de hoy, los jefes de policía de 10 municipios, los cinco principales mandos de la policía estatal, y el Subsecretario de Readaptación Social son ex militares. Según Isabel Arvide, una periodista reclutada para dirigir esta estrategia, Coahuila cuenta con “el grupo más numeroso de militares en situación de retiro que se desempeñan en funciones de seguridad pública en una entidad de la república”. El Ombudsman nacional ya criticó duramente el “Modelo Coahuila”, y por razones de espacio no voy a ahondar en el tema. Sin embargo, vale preguntar, ¿si la estrategia es tan mala, para qué la replicamos?

    Coahuila nunca había sido tan inseguro como ahora. Y no veo en qué ayude negar la existencia del problema o endilgarle la responsabilidad al Presidente.

    Robos por Cada 100,000 habitantes

    Muertes en Coahuila

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