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Cartel del Golfo y Zetas: Divisiones intestinas
Hechos recientes demuestran que hay conflictos en el interior de los cárteles y esto traería como consecuencia más células de delincuentes y la guerra arreciaría
Fuente:
sábado, 29 de octubre del 2011
Foto: Vanguardia/Especial
México, DF. Hay acontecimientos al interior de estas organizaciones que evidencian nuevos conflictos.
Rupturas intestinas en Los Zetas y el Cártel del Golfo que podrían derivar en más células criminales, en segmentos de los grupos armados que ya pelean entre sí en Nuevo León y Tamaulipas.
Dentro de Los Zetas estarían quienes fueron partidarios del desaparecido Efraín Teodoro Torres, “El Z-14”, asesinado en 2007 en Veracruz.
Porque esos Zetas inconformes consideran que el segundo en la cadena de mando, Miguel Ángel Treviño Morales, “El Z-40”, traicionó a “El Z-14”.
Pero, además, porque piensan que continúa traicionando a otros mandos de Los Zetas, como Jaime González Durán, “El Hummer”, en noviembre de 2008, y Enrique Rejón Aguilar, “El Mamito”, en agosto de 2011.
Esas células creen que Miguel Ángel Treviño Morales, “El Z-40”, el segundo de a bordo, entregó en 2007 a Efraín Teodoro Torres para que lo asesinaran.
Que filtró información a la Secretaría de Seguridad Pública Federal para que fueran capturados Jaime González Durán, “El Hummer”, en Reynosa, y Enrique Rejón Aguilar, “El Mamito” o “El Z-7”, en el Estado de México.
Por otro lado, en el Cártel del Golfo hay dos bandos que tienen una clara pugna, como lo reportó la compañía de inteligencia global Stratfor el martes 25 de octubre.
Pero el reporte de esa agencia estadounidense, más que un análisis de información clasificada, parece provenir de las declaraciones hechas tras las rejas por el sobrino de Osiel Cárdenas Guillén y Ezequiel Cárdenas Guillén.
Porque ese informe sobre el conflicto dentro del Cártel del Golfo es divulgado apenas seis días después de la aprehensión de Rafael Cárdenas Vélez en Puerto Isabel, Texas.
Estos pleitos en las dos organizaciones pueden tener un desenlace terrible para la región porque podrían segmentar todavía más los grupos de la delincuencia organizada en la zona noreste, lo cual desataría más violencia.
Pero, sobre todo, estas guerras intestinas representan una gran oportunidad para la gente de Joaquín Guzmán Loera, alias “El Chapo”.
Con su Cártel del Pacífico y sus alianzas con el Cártel de la Nueva Generación de Jalisco, con Los Caballeros Templarios y, finalmente, con el Cártel del Golfo, estaría finalmente ante la posibilidad de tomar el noreste de México.
Una región que trató de tomar en 2007, cuando su Cártel del Nuevo Milenio todavía contaba con el grupo de los Beltrán Leyva entre sus filas.
Por ello, ante estos conflictos y posibles quiebres, “El Chapo” Guzmán se frota las manos mientras las sociedades de Nuevo León y Tamaulipas vislumbran un futuro incierto.
Y es que el Cártel del Golfo y Los Zetas terminaron por separarse y podrían seguir resquebrajándose en células criminales debido a una naturaleza violenta que acabó con el esquema tradicional del narcotráfico.
La lealtad dentro del Cártel del Golfo, que controlaba el narcotráfico de Colombia hacia Estados Unidos vía el noreste de México, llegó a su fin cuando un sicario tomó las riendas de la organización.
Luego de la detención en Nuevo León del capo Humberto García Ábrego, el jefe de sicarios de la organización terminó como el nuevo líder.
Era la primera ocasión que un jefe de matones se convertía en líder de un cártel.
De hecho, su ascenso le valió a Osiel Cárdenas Guillén el mote de “El Mata Amigos”.
Porque asesinó en 1998 a su amigo y entonces nuevo líder del Cártel del Golfo, Salvador Gómez Herrera, “El Chava Gómez”.
Ya como capo de la organización criminal, Osiel creó a Los Zetas reclutando militares desertores. Primero un grupo de siete y luego otros siete para completar a los 14 fundadores.
Ahí se marcó el destino del Cártel del Golfo como un sicariato con diversas actividades delictivas, más que como una empresa de transportación de droga hacia el norte.
Eso explica por qué unos años después de la aprehensión de Osiel Cárdenas Guillén el 14 de marzo de 2003 –fue extraditado el 7 de marzo de 2005 a Estados Unidos–, la división del cártel creó un caos en todo el país.
Una guerra entre el Cártel del Golfo y Los Zetas que inició en enero de 2010 pero que tuvo su origen a finales de 2009, cuando fue asesinado Víctor Peña Mendoza, “El Concord 3”, en Reynosa.
“El Concord 3” era el tercero en la línea de mando de Los Zetas, organización dirigida por Heriberto Lazcano, “El Lazca”, y Miguel Ángel Treviño Morales, “El Z-40”.
Los desacuerdos por la autonomía que ya mostraban Los Zetas, así como una nueva alianza del Cártel del Golfo con otros grupos del país, provocaron que los del Golfo asesinaran a “El Concord 3”.
Su muerte es atribuida a mandos del Cártel del Golfo, organización liderada por Ezequiel Cárdenas Guillén, “El Tony Tormenta”, y su segundo de a bordo, Eduardo Costilla, “El Coss”.
Aparentemente, para la Agencia Antidrogas de Estados Unidos, el autor material del homicidio fue Samuel Flores Borrego, “El Metro 3”, encargado de la plaza de Miguel Alemán.
Al saber del asesinato, los líderes de Los Zetas, “El Lazca” y “El Z-40”, exigieron que el Cártel del Golfo les entregara a “El Metro 3” y a cualquier otro involucrado en el homicidio de “El Concord 3”.
El plazo vencía el 25 de enero de 2010, o la guerra estallaría.
Pero en lugar de entregarlo, “El Tony Tormenta” y “El Coss” continuaron su alianza con La Familia Michoacana, El Cártel del Milenio de Sinaloa y la célula criminal que dirigía en Tijuana Teodoro García Simental, pero que tras su detención ahora es liderada por Raydel López Uriarte, “El Muletas”.
Esto encolerizó a Heriberto Lazcano, “El Lazca”, y a Miguel Ángel Treviño Morales, “El Z-40”. Y empezó la guerra.
Por su parte, Los Zetas se aliaron con el Cártel de Juárez, que lidera Vicente Carrillo Fuentes, “El Viceroy”, pacto que explica la violenta guerra en Chihuahua, y particularmente en Ciudad Juárez, durante los últimos años.
Además, Los Zetas hicieron alianzas con el cártel de los Beltrán Leyva, dirigido ahora por Héctor Beltrán Leyva, “El H”, y con lo que queda del Cártel de Tijuana, que comanda Fernando Sánchez Arellano, “El Ingeniero”.
En esta redistribución del poder, la sociedad civil quedó en medio del conflicto entre dos grupos que habían pertenecido a la misma organización.
Rupturas intestinas en Los Zetas y el Cártel del Golfo que podrían derivar en más células criminales, en segmentos de los grupos armados que ya pelean entre sí en Nuevo León y Tamaulipas.
Dentro de Los Zetas estarían quienes fueron partidarios del desaparecido Efraín Teodoro Torres, “El Z-14”, asesinado en 2007 en Veracruz.
Porque esos Zetas inconformes consideran que el segundo en la cadena de mando, Miguel Ángel Treviño Morales, “El Z-40”, traicionó a “El Z-14”.
Pero, además, porque piensan que continúa traicionando a otros mandos de Los Zetas, como Jaime González Durán, “El Hummer”, en noviembre de 2008, y Enrique Rejón Aguilar, “El Mamito”, en agosto de 2011.
Esas células creen que Miguel Ángel Treviño Morales, “El Z-40”, el segundo de a bordo, entregó en 2007 a Efraín Teodoro Torres para que lo asesinaran.
Que filtró información a la Secretaría de Seguridad Pública Federal para que fueran capturados Jaime González Durán, “El Hummer”, en Reynosa, y Enrique Rejón Aguilar, “El Mamito” o “El Z-7”, en el Estado de México.
Por otro lado, en el Cártel del Golfo hay dos bandos que tienen una clara pugna, como lo reportó la compañía de inteligencia global Stratfor el martes 25 de octubre.
Pero el reporte de esa agencia estadounidense, más que un análisis de información clasificada, parece provenir de las declaraciones hechas tras las rejas por el sobrino de Osiel Cárdenas Guillén y Ezequiel Cárdenas Guillén.
Porque ese informe sobre el conflicto dentro del Cártel del Golfo es divulgado apenas seis días después de la aprehensión de Rafael Cárdenas Vélez en Puerto Isabel, Texas.
Estos pleitos en las dos organizaciones pueden tener un desenlace terrible para la región porque podrían segmentar todavía más los grupos de la delincuencia organizada en la zona noreste, lo cual desataría más violencia.
Pero, sobre todo, estas guerras intestinas representan una gran oportunidad para la gente de Joaquín Guzmán Loera, alias “El Chapo”.
Con su Cártel del Pacífico y sus alianzas con el Cártel de la Nueva Generación de Jalisco, con Los Caballeros Templarios y, finalmente, con el Cártel del Golfo, estaría finalmente ante la posibilidad de tomar el noreste de México.
Una región que trató de tomar en 2007, cuando su Cártel del Nuevo Milenio todavía contaba con el grupo de los Beltrán Leyva entre sus filas.
Por ello, ante estos conflictos y posibles quiebres, “El Chapo” Guzmán se frota las manos mientras las sociedades de Nuevo León y Tamaulipas vislumbran un futuro incierto.
Y es que el Cártel del Golfo y Los Zetas terminaron por separarse y podrían seguir resquebrajándose en células criminales debido a una naturaleza violenta que acabó con el esquema tradicional del narcotráfico.
La lealtad dentro del Cártel del Golfo, que controlaba el narcotráfico de Colombia hacia Estados Unidos vía el noreste de México, llegó a su fin cuando un sicario tomó las riendas de la organización.
Luego de la detención en Nuevo León del capo Humberto García Ábrego, el jefe de sicarios de la organización terminó como el nuevo líder.
Era la primera ocasión que un jefe de matones se convertía en líder de un cártel.
De hecho, su ascenso le valió a Osiel Cárdenas Guillén el mote de “El Mata Amigos”.
Porque asesinó en 1998 a su amigo y entonces nuevo líder del Cártel del Golfo, Salvador Gómez Herrera, “El Chava Gómez”.
Ya como capo de la organización criminal, Osiel creó a Los Zetas reclutando militares desertores. Primero un grupo de siete y luego otros siete para completar a los 14 fundadores.
Ahí se marcó el destino del Cártel del Golfo como un sicariato con diversas actividades delictivas, más que como una empresa de transportación de droga hacia el norte.
Eso explica por qué unos años después de la aprehensión de Osiel Cárdenas Guillén el 14 de marzo de 2003 –fue extraditado el 7 de marzo de 2005 a Estados Unidos–, la división del cártel creó un caos en todo el país.
Una guerra entre el Cártel del Golfo y Los Zetas que inició en enero de 2010 pero que tuvo su origen a finales de 2009, cuando fue asesinado Víctor Peña Mendoza, “El Concord 3”, en Reynosa.
“El Concord 3” era el tercero en la línea de mando de Los Zetas, organización dirigida por Heriberto Lazcano, “El Lazca”, y Miguel Ángel Treviño Morales, “El Z-40”.
Los desacuerdos por la autonomía que ya mostraban Los Zetas, así como una nueva alianza del Cártel del Golfo con otros grupos del país, provocaron que los del Golfo asesinaran a “El Concord 3”.
Su muerte es atribuida a mandos del Cártel del Golfo, organización liderada por Ezequiel Cárdenas Guillén, “El Tony Tormenta”, y su segundo de a bordo, Eduardo Costilla, “El Coss”.
Aparentemente, para la Agencia Antidrogas de Estados Unidos, el autor material del homicidio fue Samuel Flores Borrego, “El Metro 3”, encargado de la plaza de Miguel Alemán.
Al saber del asesinato, los líderes de Los Zetas, “El Lazca” y “El Z-40”, exigieron que el Cártel del Golfo les entregara a “El Metro 3” y a cualquier otro involucrado en el homicidio de “El Concord 3”.
El plazo vencía el 25 de enero de 2010, o la guerra estallaría.
Pero en lugar de entregarlo, “El Tony Tormenta” y “El Coss” continuaron su alianza con La Familia Michoacana, El Cártel del Milenio de Sinaloa y la célula criminal que dirigía en Tijuana Teodoro García Simental, pero que tras su detención ahora es liderada por Raydel López Uriarte, “El Muletas”.
Esto encolerizó a Heriberto Lazcano, “El Lazca”, y a Miguel Ángel Treviño Morales, “El Z-40”. Y empezó la guerra.
Por su parte, Los Zetas se aliaron con el Cártel de Juárez, que lidera Vicente Carrillo Fuentes, “El Viceroy”, pacto que explica la violenta guerra en Chihuahua, y particularmente en Ciudad Juárez, durante los últimos años.
Además, Los Zetas hicieron alianzas con el cártel de los Beltrán Leyva, dirigido ahora por Héctor Beltrán Leyva, “El H”, y con lo que queda del Cártel de Tijuana, que comanda Fernando Sánchez Arellano, “El Ingeniero”.
En esta redistribución del poder, la sociedad civil quedó en medio del conflicto entre dos grupos que habían pertenecido a la misma organización.
