Foto: Especial
Tres fiestas ligadas al sincretismo religioso en las que explota la música, el baile y los colores de cada pueblo
Existen cinco carnavales en el mundo que merecen la denominación de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO: el de Oruro, en Bolivia; el de Barranquilla, en Colombia; el de Binche, en Bélgica; el de Makishi, en Zambia, y el de Drametze, en Buthan.

Aunque de entre los cinco cuya conservación ha recibido el espaldarazo de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), dado su interés histórico y belleza, a los de Oruro, Barranquilla y Binche les une ser manifestaciones de un sincretismo religioso entre las costumbres locales y el cristianismo.

Sin embargo, los carnavales de Zambia y Buthán reflejan cada uno costumbres arraigadas y mitos religiosos, el primero en divinidades locales y étnicas, mientras que en el segundo se representan epopeyas míticas de personajes pertenecientes a la hagiografía budista.

ESTALLIDO MULTICULTURAL EN LATINOAMÉRICA

Si hay algo que caracteriza a los carnavales que se celebran en Latinoamérica, además de su colorido, es la expresión intercultural fraguada por la convivencia de distintos pueblos y etnias.

La amalgama de culturas que enriquecen la personalidad de estos países está enraizada en el origen de su historia.

Ururo es considerada la capital folklórica de Bolivia y sus carnavales fueron declarados Patrimonio de la Humanidad en 2001. Su carnaval representa una síntesis de ese proceso multicultural que ha vivido la localidad a lo largo de más de dos mil años y tiene su origen en las ancestrales invocaciones andinas a la Pachamama (madre Tierra), al tío Supay (diablo) y a la Virgen de la Candelaria (Virgen del Socavón).

Durante estas fiestas, la población se vuelca para conmemorar uno de los acontecimientos más esperados durante todo el año. 28 mil danzantes, alrededor de 10 mil músicos distribuidos en 150 bandas y una distancia de cuatro kilómetros se convierten en los elementos fundamentales del carnaval.

Alrededor de 400 mil espectadores entre nacionales y extranjeros se acercan todos los años a esta localidad atraídos por la belleza y singularidad de estas fiestas, donde todos bailan y cantan en honor a la Virgen del Socavón, Patrona de los mineros y Reina del folklore de Bolivia.

Pueblos preincaicos, prehispánicos, cazadores, ganaderos, pescadores, todos ellos están representados en esta fiesta multicolor. En el mundo andino, Ururo era lugar de peregrinación religiosa y allí tenía lugar encuentro e intercambio entre diversos pueblos que viajaban hasta allí para adorar a las deidades protectoras llamadas Wakas.

BARRANQUILLA, EL FOLCLOR DE LA COSTA DEL CARIBE

Al carnaval de Barranquilla se acercan más de un millón y medio de personas cada año, entre visitantes y locales que participan activamente en la fiesta.

Es el acontecimiento lúdico más importante de Colombia y posee dos importantes reconocimientos como Patrimonio Cultural de la Nación y Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad, títulos otorgados por el Congreso de la República y por la UNESCO respectivamente.

Las fiestas de carnavales de Barranquilla constituyen un acontecimiento cultural por lo que tiene de expresión del folclor de la Costa del Caribe colombiano.

Los trajes, danzas y cumbiambas, así como las máscaras e indumentarias están llenos de significados que constituyen la simbología de cada pueblo y sus más arcaicas expresiones culturales, creencias y mitos procedentes de la mixtura entre la civilización aborigen y la africana, que en la actualidad conforman Colombia, y que encuentran en Barranquilla durante estas fechas el único espacio en ese país donde tiene lugar tan amplia manifestación intercultural.

Los disfraces tradicionales de estos carnavales colombianos son el marimonda, el garabato, el congo, el torito y el monocuco, este último de origen europeo. Y entre la multitud que baila y canta por la calle, disfraces que provocan la risa y los sustos a los viandantes; todo tipo de animales, negros africanos, cabezones, seres mitológicos y una gran variedad de personajes que convierten Barranquilla en una explosión de creatividad y colorido.

Las fiestas de carnaval, de origen europeo, fueron introducidas en América por los españoles y portugueses. No se tienen datos fehacientes del primer carnaval celebrado en Barranquilla, aunque sí se tiene constancia de estas fiestas desde hace más de un siglo cuando ésta era todavía una pequeña localidad.

BINCHE, EL CARNAVAL MAS REFINADO DE EUROPA

En Europa el único carnaval que ha logrado obtener el reconocimiento por parte de la UNESCO de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad es el de Binche (Bélgica), uno de los más antiguos y refinados de este continente.

Los belgas, especialmente los francófonos, acuden masivamente durante estas fiestas a Binche, una pequeña ciudad medieval situada en el corazón de la región de Hainaut, al suroeste de Bruselas. Miles de visitantes inundan las calles del centro histórico que se encuentra dentro de los restos de una imponente muralla medieval.

El "Guille" es el personaje tradicional e imprescindible de estas fiestas. Los "Guilles" se encuentran por cientos durante el "Mardi Gras" (martes de carnaval), cuando realizan una infatigable danza callejera desde la madrugada hasta el final de la noche, tiempo durante el cual no pueden sentarse en público.

Ese día, los guilles estrenan sus famosos sombreros realizados con trescientas plumas de avestruz y desfilan cubiertos con una máscara de cera que simboliza la igualdad entre las personas. Calzados con zuecos de madera, están vestidos con una blusa y un pantalón decorados con decenas de estrellas, leones y coronas. La blusa está forrada de paja lo que les confiere un aspecto tan caricaturesco.

En el Domingo de Carnaval los Guilles, marisnes, pierrots y arlequines desfilan por las calles de la ciudad, bailan y exhiben sus espectacularestrajes. Todas las noches se realizan castillos de fuegos artificiales y las calles se llenan de confetis que la gente arroja.

El origen de estos personajes procede de una celebración en donde María de Hungría (Dama de Binche), con la intención de impresionar a su hermano Carlos V y a su hijo, Felipe II, organizó siete días de banquetes, fuegos artificiales, desfiles y bailes.

La visita del monarca y su hijo estuvo acompañada por una misión de exploradores españoles tras el descubrimiento de América, por lo que, para celebrarlo, los caballeros de la corte española se disfrazaron de incas.