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"Bienvenidos a la nueva Libia"

Las ciudades del este del país celebran el triunfo de las revueltas frente a Gadafi. En la principal plaza de Tobruk, rebautizada en honor al Pueblo, se lanzan disparos al aire y se quema un monigote que representa al dictador derrocado

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miércoles, 23 de febrero del 2011

  • Un hombre hace el signo de la victoria ante un misil antiaéreo abandonado por los militares en una base cercana a Tobruk, en el este de Libia. Las ciudades de la parte oriental del país han festejado hoy el triunfo de la revuelta contra el dictador Muamar el Gadafi. Foto: Vanguardia/AP

Tobruk, Libia. "Bienvenidos a la nueva Libia", grita un niño desde la vereda, agitando su arma de juguete entre una muchedumbre de manifestantes. Desde el pasado 18 de febrero Tobruk está en manos de los rebeldes que se han levantado en todo el país contra Muamar el Gadafi. En la plaza del Pueblo, el nuevo nombre que han dado los ciudadanos al lugar donde se han producido las principales manifestaciones, el edificio abrasado que albergaba la comisaría central de policía es el escenario de una imagen que ejemplifica la ira de Libia contra su dictador. Un monigote de trapo con el rostro del tirano dibujado pende de una soga sobre la multitud enfervorecida. Los fusiles Kaláshnikov lanzan ráfagas al aire entre el griterío de los manifestantes. Un militar se asoma por una ventana tocado con una gorrilla roja y prende fuego al muñeco ante el delirio de la muchedumbre. "Ilegal, ilegal, Gadafi ilegal!", vociferan.

La ciudad de Tobruk también está plagada de edificios quemados y cubiertos de pintadas. Un aire revolucionario lo impregna todo. Los niños corren por la calle de espaldas al mar Mediterráneo, al que se abre la ciudad, portando banderas: rojas, negras y verdes con una media luna y una estrella en el centro. La primera enseña de Libia tras la independencia. "El pueblo la ha recuperado porque no quiere a este dictador, queremos que nuestro país nos pertenezca", cuenta Mohamed. Y su primer paso ha sido repudiar la enseña que asocian a Gadafi.

La playa de Tobruk parece ajena a la batalla que se ha librado en sus calles. Contra una arena clara rompen olas bajas de un azul profundo. Algunas barcazas están amarradas muy cerca de la costa con las redes recogidas. Aún se desconoce el número de muertos que está dejando atrás la locura de Gadafi. "Nos indignó el modo en que nos habló, pero nos dimos cuenta de lo asustado y desesperado que estaba", considera Mohamed, uno de los impulsores de la protesta en la ciudad. "Luchamos y vencimos. El Ejército se unió a nosotros pasada la primera noche y la policía lo ha hecho días después. Ahora la ciudad es nuestra", explica.

La situación de Tobruk no es una excepción en la parte oriental de Libia. Bengasi, segunda ciudad del país (en torno al millón de habitantes) y bastión de la revuelta, también está bajo control de los manifestantes. "Bengasi está bien... No hay peligro ahora", ha dicho Farhan Abou Mogthab, un trabajador sirio de 40 años de edad, en declaraciones a Reuters. Los habitantes de la ciudad han comenzado a formar comités populares para organizar los asuntos públicos. Lo mismo pasa en Musaid, en la misma frontera con Egipto, o en Derna. En este último caso, lo ha reconocido el propio régimen cuando el viceministro de Exteriores ha relatado a embajadores europeos que Al Qaeda había formado allí un "emirato islámico". Un vecino de la ciudad, de en torno a 50.000 habitantes, lo ha expresado a los reporteros de France Presse de otro modo: "El muro del miedo ha caído".

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