Un beso marca momentos muy importantes de las vidas de las personas. Foto DPA
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La autora irlandesa Lana Citron explora toda su complejidad en su libro "A Compendium of Kisses", en el que habla sobre la anatomía y la evolución del beso pero también sobre su significado diferente a lo largo de la historia en varios lugares.
Múnich, Alemania.- Es sinónimo de amor y amistad, aunque también de traición: el beso. Un libro analiza la historia de esta manifestación humana casi universal, con diversos significados y que para muchos marca los momentos más importantes de la vida.

¿Quién no jugó en algún cumpleaños adolescente al juego de la botella? Con poca luz, los jóvenes se sentaban en círculo y se hacía girar la botella: los señalados a ambos lados tenían que besarse. Era un juego inquietante y muy instructivo. Se aprendía que un beso podía ser mucho más entretenido que los húmedos ósculos que daban las tías abuelas, pero, además, que el besar es todo menos un juego de niños: la simple experiencia demostraba que es un arte que no todos dominan.

Un beso no es simplemente un beso. ¿Pero entonces qué es? ¿Es acaso "la contraposición de  músculos contraídos de forma circular", como lo definió de forma fría el médico Henry Gibbons en el siglo XIX? Por supuesto que no. Todos sabemos que es mucho más.

La autora irlandesa Lana Citron explora toda su complejidad en su libro "A Compendium of Kisses", en el que habla sobre la anatomía y la evolución del beso pero también sobre su significado diferente a lo largo de la historia en varios lugares, en el cine, el arte y la literatura. Y en él subraya que el beso dista mucho de ser un privilegio de los amantes, sino que se utiliza en las más diversas situaciones.

Así, por ejemplo, entre los romanos se daba un beso para sellar oficialmente un acuerdo. Por su parte, los cristianos -pese a la pesada carga del beso de Judas- se besaban como símbolo de su unidad desde el siglo V tras rezar el Padre Nuestro. Algunos críticos vieron en ello, sin embargo, una amenaza a las buenas costumbres, y por eso pronto se dejó de hacer y se impuso el beso a figuras religiosas de madera.

Esta forma de tratar objetos sigue vigente hoy mismo, desde los libros sagrados o las cruces a los pies, manos, anillos, el suelo, los dados para que nos den suerte y las copas tras una victoria... e incluso en los cuentos se besa a las ranas.

Y a propósito de los animales, también ellos besan, sobre todos nuestros parientes más cercanos, los monos, y los bonobos más que ningún otro. Considerados sexualmente muy liberales, incluso se dan besos de lengua, según concluyeron los investigadores.

Sin embargo, no en todas partes se besa con tanta liberalidad. Los miembros de la tribu tsonga, del sur de Africa, se horrorizaron al ver besarse a los europeos: "¡Miren a esa gente! ¡Se chupan unos a otros!¡Se comen la saliva y la suciedad del otro!" También entre los lapones besar era tabú, y eso pese a que los hombres y mujeres nadaban desnudos.

Los científicos aseguran que las personas que besan a menudo suelen sufrir menos infecciones sanguíneas, de estómago o de la vejiga. Además el besar es bueno para el corazón, baja la tensión sanguínea, estimula el cerebro, libera una hormona de la felicidad y refuerza la autoestima.

A los enamorados, por supuesto, eso les da igual. Lo mismo que el hecho de que mueven para ello más de 30 músculos faciales, gastan entre dos y seis calorías e inclinan en la mayor parte de los casos la cabeza hacia la derecha.

Sin embargo, según los estudios, no se besa sin segundas intenciones: las mujeres lo hacen al parecer para probar si la pareja realmente es la adecuada. ¿Y los hombres? Para poder llevarse a las damas a la cama, por supuesto.