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Asustan `duendes' en ejido de Torreón

El relato de que vecinos del ejido La Palma, a unos cinco kilómetros de la zona conurbada de Torreón, atraparon a un par de duendes, movilizó a gran parte de la comunidad, ya por miedo, por respeto, o porque les causa hilaridad

Por:   Francisco Rodríguez

lunes, 01 de julio del 2013

  • Foto: Vanguardia/Especial

Torreón. La velocidad con la que ha corrido la historia ahora hace que, desde la entrada al rancho, los habitantes guían a los visitantes, como si fueran trabajadores turísticos, hasta la casa de la familia Alegría Zúñiga.

Allí, en una casa con paredes deterioradas y con un patio que asemeja un terreno baldío, Antonio Alegría y Gabriela Zúñiga aseveraron haber encontrado un duende de 10 centímetros.

"La casa estaba abandonada, llegamos a limpiarla porque nos la prestaron. Los dos primeros días fue raro, no pudimos dormir", narró Antonio.

La primera noche, acostados en colchones prestados, escucharon el azote de puertas, carcajadas, murmullos entre las paredes. No durmieron.

Después de bendecir la casa se toparon con el duende.

"Levanto una ropa y miro un monito extraño y lo tiro y voltea y nos miró a los ojos; como agresivo. Le tiro una caja encima, sin saber qué era. Fuimos con el tío que es religioso y nos dijo que era un duende", contó Antonio.

Antonio describió al presunto duende como un muñeco pequeño de nariz larga, ojos saltones; verdes, orejas punteadas, cabello blanco y con una moneda de oro en la mano izquierda que nunca soltó.

En fotografías tomadas del celular, se ve también la figura de un mono arrugado, patas grandes a comparación de su tronco, "vestido" de color verde, la boca un poco abierta y los ojos con la mirada de susto.

Durante el "exorcismo" del duende, la esposa de Antonio empezó a sentirse mal y todos los que estaban ahí prestaron su atención en ella.

El duende desapareció y fue hasta el siguiente día que lo encontraron tirado, estático; como encogido. Antonio se puso unos guantes y lo metió a una jaula. Ahí lo grabaron y empezaron a oler como a perro muerto.

"Nos sacamos de onda y corremos, nos asustamos y nos fuimos con una tía. Mucha gente llegó hasta la casa. La gente del pueblo empezó a decir que era brujería, que el duende se agarraba de la pierna de Gabriela, que cobrábamos para que lo vieran", mencionó Antonio.

La familia se quedó solo dos días con el duende. Optaron por regalarlo a una persona que llegó de Francisco I. Madero.

Sin embargo, los ruidos y el miedo persistieron. Hace ocho días optaron por irse a vivir con familia de Gabriela. Pero Antonio no gusta de estar de arrimado y prefirieron regresar. Tienen tres días de vuelta.

"No le tengo miedo a nada, pero hay veces que escuchas cosas que te hacen levantarte, risas, te alegan y corren. ¿Qué es?", se pregunta Antonio.  "Nos da temor estar aquí. Hay mala vibra. Se siente. Eso que está detrás es malo", aseguró Gabriela señalando a las muñecas de porcelana desde el fúnebre patio de la casa.

La casa de los Alegría Zúñiga es a donde todos los vecinos guían cuando se les pregunta por los duendes de La Palma.

Sin embargo, el matrimonio aseguró que otro vecino del ejido también encontró otro duende por los mismos días.

"Son carnales, güey", le dijo Pedrín a Antonio por aquellos días. La misma persona de Madero se llevó a ese duende.

Antonio y Gabriela querían irse de Torreón, pero hace unos días Antonio por fin encontró trabajo y decidieron aguantar; aún cuando por las madrugadas, en la soledad del rancho y con un cielo de luto, ellos siguen escuchando risas burlonas.