Hace casi tres lustros, el cineasta mexicano Sergio Arau adelantó el cuestionamiento en su película “Un Día sin Mexicanos”: ¿qué pasaría si un día, literalmente de la noche a la mañana desaparecieran todos los latinos —fundamentalmente de origen mexicano— que viven en el estado norteamericano de California?

La respuesta que adelanta el director cinematográfico es la que a todos —al menos todos los que estamos de este lado de la frontera— nos agradaría escuchar: el caos absoluto, pues múltiples tareas, indispensables para sostener el estilo de vida de los estadounidense dependen, directa o indirectamente, de la mano de obra latina.

Y es que aún cuando la lógica nos convoca a suponer que la teoría de Arau se cumpliría de forma milimétrica en caso de desaparecer los migrantes en los Estados Unidos, lo cierto es que la ausencia de evidencia empírica obliga a ser más cautos en el pronóstico.

Hasta ahora, en que la población inmigrante del vecino país del norte fue convocada para llevar a la realidad la historia de ficción de Arau, mediante una campaña que se difundió por redes sociales.

“Un día sin migrantes, unámonos todos: indocumentados, residentes, ciudadanos, inmigrantes de todo el mundo… no ir a trabajar, no abrir nuestros negocios, no compras en tiendas o por internet, no comer en restaurantes, no comprar gasolina, no ir a clases, no mandar a nuestros hijos a la escuela… señor Presidente, sin nosotros y sin nuestro aporte este país se paraliza…”, dice la convocatoria.

El llamado fue amplio y está naturalmente relacionado con la política anti inmigrante del presidente Trump, una de cuyas promesas de campaña fue detener la inmigración hacia los Estados Unidos y deportar a millones de personas que actualmente residen ilegalmente en dicho país.

No se trató pues, propiamente, de recrear la idea de “Un Día sin Mexicanos”, sino de hacer notar, en todo el territorio estadounidense, el poder de los inmigrantes que han construido la historia de dicho país.

De acuerdo con los reportes periodísticos llegados desde territorio estadounidense, el éxito de la campaña fue moderado, pero sus efectos pudieron sentirse claramente en ciudades como Washington, Nueva York, Chicago, Filadelfia y Los Ángeles, manchas urbanas con altos porcentajes de población inmigrante.

Se trata de una iniciativa importante que puede tener, sin duda, un efecto concreto en la instrumentación de las políticas migratorias de la administración Trump, pues nada mejor para combatir la insensatez, que hacer evidentes sus consecuencias.

Habrá que estar atentos a la evolución del movimiento y de futuras convocatorias, pero sin duda que acciones como ésta ponen en la ruta correcta a las agrupaciones de activistas que se oponen a la instrumentación de una política que criminaliza la inmigración.