En relación con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, una cosa está clara a estas alturas: estamos obligados a sentarnos a la mesa de las negociaciones y necesitamos tener una postura clara respecto de lo que queremos lograr.

Más allá de las posturas individuales, los números fríos parecen demostrar claramente que el acuerdo firmado con los Estados Unidos y Canadá ha sido benéfico para nuestros intereses y diversas áreas de la economía nacional se han beneficiado del mismo desde el principio.

También es cierto, desde luego, que en algunos rubros todos los socios comerciales han sacado mayor ventaja del acuerdo y que quienes, desde suelo patrio, se encuentran en posición de desventaja no cuentan con elementos para hablar a favor del acuerdo trilateral.

Exactamente lo mismo ocurre con nuestros socios comerciales y ésa esa justamente la razón por la cual el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha levantado dicha bandera desde que era candidato a la oficina principal de la Casa Blanca.

Una síntesis apretada del Tratado, que es posible realizar desde cualquiera de las tres esquinas desde la cuales se lee el mismo, es que se trata de un “negocio” en el cual se tienen pérdidas y ganancias.

La gran pregunta es entonces cuál es el balance y si dicho balance justifica que mantengamos el acuerdo y, sobre todo, cómo podemos sacarle más provecho en el futuro inmediato. 

Está claro, desde luego, que todos los socios del acuerdo persiguen lo mismo, pero también parece claro que en cada uno de los casos es posible obtener un saldo favorable que implica beneficios individuales y eso es justamente lo que justifica, desde el inicio, la existencia del Tratado. 

La lógica más elemental indica que justamente el hecho de que nadie ha perdido hasta ahora con el mismo es lo que mantiene el acuerdo en pie, pues si una de las partes tuviera un saldo deficitario neto, eso le habría empujado, desde hace mucho tiempo, a renunciar al Tratado. 

Así pues, nuestro país debe tener una posición inteligente respecto de la puerta que ha abierto Donald Trump —quien ha planteado en primer lugar la revisión del acuerdo— para que las negociaciones resulten favorables a nuestro país y que el saldo positivo se incremente.

La lógica desde la cual se debe partir en esta negociación que es a nadie la conviene realmente salirse del Tratado, pues la verdad es que nadie ha perdido todo, ni nadie ha ganado todo. 

Lo que se requiere entonces es habilidad política para negociar con astucia y evitar que quienes desean poner el énfasis sólo en las pequeñas áreas en las cuales todo mundo tiene saldos negativos, terminen destruyendo un acuerdo que ha sido, desde el principio, un acuerdo ganar-ganar.