El “gasolinazo” y el mensaje del Gobierno fueron el combustible para que viéramos una ira desbordada que lastima al país con saqueos, violencia, ataques a policías, y campañas para sembrar el odio, el temor y dividir a los mexicanos. 

¿Qué debe hacer un Gobierno responsable ante esta situación? Por supuesto que tiene que reaccionar más rápido. Sin pasmarse, sin esperar a ver qué dicen las redes, o las encuestas, o las manifestaciones. Asumir su responsabilidad sin tratar de echar la culpa a otros.

Debe hablar con la verdad. La confianza depositada en la institución presidencial es importante. La mentira está generando un descontento que amenaza la estabilidad. Duele y preocupa escuchar al Presidente decir falsedades para repartir culpas, salir tarde; en vez de responder a tiempo, asumir responsabilidad y solidarizarse con la gente.

Conozco al PAN y sus gobiernos. En el PAN nunca se ha utilizado el precio de las gasolinas como método de recaudación del dinero de la gente. Y no es cierto que en el sexenio pasado se haya “regalado” la gasolina. Al contrario. Como lo expliqué aquí la semana pasada, el subsidio a la gasolina se fue corrigiendo gradualmente, dándole tiempo a la economía y a la gente de ir ajustando y absorbiendo el impacto. Ante eso, el PRI organizaba marchas mensuales contra lo que ellos mismos acuñaron como “gasolinazo”. No se nos olvide: gran parte de la campaña de Peña Nieto consistió en la promesa de que no habría aumentos a los combustibles. Lo dije y lo reitero: el Gobierno piensa que la indignación es sólo por el aumento de precios. Se equivoca, la indignación es por sus constantes abusos y mentiras. Por la hipocresía de criticar los aumentos antes y ahora criticar que no se aumentó la gasolina más rápido, ya no hay margen de maniobra. Bien harían en reconocer que esto ya es una crisis económica y tomar medidas urgentes.

Es falso cuando el Presidente dice que el sexenio pasado “se quemó” el dinero subsidiando la gasolina. Proteger la economía de las familias y cuidar la estabilidad social no es “quemar” el dinero. Seguramente mucha gente del Gobierno nunca ha sabido lo que es que a la familia no le alcance para el gasto del día. Para ellos es mejor caer 20 escalones una sola vez –aunque lleve el riesgo de muerte, que bajar 20 veces un escalón. Por eso hicieron uno de los mayores aumentos en precio de las gasolinas del mundo. No tienen sensibilidad social. 

Piden un esfuerzo a los ciudadanos, pero ¿y la clase política? ¿Y si se revisan algunos otros esfuerzos por parte de la autoridad? Unos ejemplos: asesores de imagen, bonos, viáticos, rentas de aviones, publicidad. De entrada el esfuerzo debería venir en el sentido de que todos, no sólo los ciudadanos, sino también funcionarios se pagaran su propia gasolina, su propio café, su propio celular. Podrían cancelar las miles de plazas que han creado desde 2012. Podrían cancelar los contratos asignados a los amigos directamente y licitarlos. Podemos ir bajando también el financiamiento de los partidos políticos, que han servido más para agendas personales que para ser una escuela de civismo y valores democráticos.
También deben rendir cuentas quienes han incitado a la violencia y el desorden, incluyendo a López Obrador, quien todo 2016 –a través de casi un millón de spots– estuvo llamando a los mexicanos a “la rebelión en la granja”. No hay rebeliones expresadas entre insultos que puedan considerarse pacíficas. Eso es engañar a la gente con juegos de palabras. 

¿Qué debemos hacer los ciudadanos? Traducir la indignación en acción. Organizarnos para dignificar la política a través de la vía democrática y pacífica. Cuando llegue el momento, cambiar de Gobierno, cambiar de diputados que se regalan bonos y “moches”, darle un nuevo rumbo a México. No olvidar quién nos miente y quién nos dice la verdad. A través de la política con dignidad, démonos las organizaciones sociales y los partidos políticos que merecemos. Démonos un Gobierno que realmente pueda devolverle la esperanza a México.