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El varón puede quedar atrapado en la vagina durante el coito (para el que se encuentre en esa situación, el paso del tiempo ha de sentirse como una eternidad)

Suena a una burda comedia sexual, pero las historias de parejas que se quedaron atascadas durante el acto sexual, han estado con nosotros durante siglos... y algunas de ellas hasta puede que sean ciertas.

“No es el final más romántico que una pareja pueda imaginar”, comenta el doctor Aristomenis Exadaktylos, quien durante 12 años ha estado recibiendo pacientes con todo tipo de problemas sexuales en su consultorio de Atenas, Grecia.

Exadaktylos ha registrado en su vademécum personas que han tenido problemas durante el acto sexual, entre ellos migrañas, taquicardia e incluso amnesia temporal. Pero cuando en un programa de radio le preguntaron si había tenido algún caso en que la vagina de la mujer se aferrara al pene, su respuesta fue negativa, y añadió que probablemente se trataba de un mito urbano.

Pero el comentario del médico fue rápidamente desmentido por varios oyentes de la estación radiofónica, que de inmediato se comunicaron al programa…

“Debo decirle que no es un mito”, señaló una mujer que pidió permanecer en el anonimato. “Una noche nos pasó a mí y a mi difunto esposo. Él no pudo retirarse porque su pene se quedó ‘atorado’. Lo atribuí a la intensidad de la respuesta del músculo vaginal durante el orgasmo”.

Lo que sucede
Otro oyente, quien pidió ser llamado Ángelo, dijo que cuando tenía 15 años recordaba haber escuchado la historia de un hombre que se quedó atrapado dentro de una mujer y tuvieron que llamar a una ambulancia para que los llevaran al hospital, en donde fueron separados. 

Años más tarde, Ángelo se enroló la marina mercante y tuvo una relación intermitente con una mujer en Japón. En una ocasión, él y su pareja estaban teniendo “sexo muy agradable” cuando, de repente, se percató de que no podía retirar el pene de la vagina.

 Les tomó dos o tres minutos de forcejeo y risas, pero la experiencia no fue dolorosa para ninguno de los dos.

Ángelo que ahora tiene 75 años, dice que nunca había mencionado el hecho y que éste nunca le volvió a ocurrir.

El doctor John Dean, sexólogo del Reino Unido, comentó los casos relatados como ejemplos creíbles de un raro fenómeno conocido en el ámbito profesional como penis captivus  o ‘pene cautivo’.

“Cuando el pene está dentro de la vagina se va hinchando gradualmente”, explicó el doctor. “Y por otra parte, los músculos de la base pélvica de la mujer se contraen rítmicamente con el orgasmo. Cuando esos músculos se contraen con fuerza, la excitación provoca que el pene se hinche aún más, por lo cual puede quedar atrapado”, asegura el doctor Dean.

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Al final, los músculos vaginales se relajan, el pene se descongestiona de sangre y el hombre puede retirarse.

Los canes también
Si usted es dueño de un perro probablemente habrá visto a su mascota quedarse pegada con un compañero o compañera durante la copulación. Sin embargo, en este caso hay razones anatómicas especiales para que eso ocurra, según describe Peggy Root, una experta en reproducción animal de la Universidad de Minnesota.

“El pene del perro tiene un compartimento que se llena de sangre poco después del inicio del coito, creando una especie de candado que mantiene al macho aferrado a la vagina de su compañera”.

El doctor Dean dice haber discutido los casos de pene cautivo con sus colegas, a lo largo de los años, después de que varios de sus pacientes le contaron sus experiencias sobre quedar atascados, pero asegura que los casos se han manejado más por curiosidad que por tratarse de un problema serio.

Él hace una distinción entre penis captivus y una condición más común y grave conocida como vaginismus, en la que los músculos vaginales de la mujer se contraen con tanta fuerza que impiden llevar a cabo el coito, de manera que, si éste ya se ha iniciado, la vagina puede retener al pene atrapado en su interior. 

Reseñas remotas
Dos reseñas sobre penis captivus, publicadas en 1935 y 1979, ponen de  manifiesto cierta fascinación sobre el tema.

En 1372, Geoffery de la Tour-Landry relató cómo un libidinoso llamado Pers Lenard tuvo relaciones sexuales con una mujer encima del altar de una iglesia, “y Dios los ató tan firmemente que al final no pudieron separarse”.

Al día siguiente mucha gente del pueblo vio a la pareja todavía entrelazada “como perro y perra”, dice Tour-Landry. Hasta que finalmente el largo coito de la pareja llegó a su final.

El pene cautivo figura en otras historias y mitos medievales que F Kraupl Taylor, autor de otra reseña de 1979, cree que tendrían una “muy tenue conexión con la realidad”.

También se muestra escéptico con respecto a un relato de lo ocurrido en Varsovia, en 1920, que terminó con un doble suicidio.

En esa ocasión, el penis captivus afligió a dos amantes que habían sostenido relaciones sexuales en el interior de un museo. Y la pareja solo pudo separarse después de que la mujer fue anestesiada.

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La verdadera tragedia ocurrió cuando la prensa sensacionalista publicó la historia. “Al día siguiente dos disparos de revólver pusieron fin al sufrimiento mental de los dos amantes”, dice la historia.

En 1908, en su libro ‘La vida sexual de nuestro tiempo’, Iwan Blich relata otro caso de penis captivus después de un encuentro furtivo, esta vez en un oscuro rincón del puerto de Bremen, en Alemania.

La mujer tuvo un ‘espasmo involuntario’ durante el coito: el hombre —un estibador— quedó atrapado y una gran multitud se congregó para verlos. Eventualmente, la pareja fue trasladada a un hospital donde a la mujer se le administró cloroformo para que sus músculos vaginales se relajaran y el hombre pudiera retirar su pene.

En un manual de ginecología de 1933, el autor Walter Stoeckel especuló que el penis captivus  sólo afectaba a las parejas que tenían relaciones sexuales ilícitas, pues el temor de ser descubiertos supuestamente podía provocar un espasmo muscular repentino en la vagina de la mujer.

Esa opinión ha sido descartada por los expertos, sin embargo, conviene referir que todos los casos de penis captivus reportados recientemente —en Kenia, Malawi, Zimbabue y Filipinas— se han dado en parejas adúlteras.

Casos alrevesados
Un video en Nairobi, Kenia, muestra una muchedumbre rodeando una casa en donde se aseguraba, que una pareja sufría las consecuencias del pene cautivo.

El incidente ocurrió en 2012, supuestamente después de que un marido engañado solicitara los servicios de un brujo. Se reportó que la pareja finalmente pudo de-sengancharse tras los clamores del brujo. El marido engañado convenció al culpable de que le pagara el equivalente  a 230 dólares para olvidar el asunto. El hombre fue filmado retirando el dinero de un cajero automático para pagarle al marido ofendido.

Y los medios en Zimbabue informaron el año pasado de una mujer que había demandado a su novio porque la embrujó con un hechizo que la hizo quedar enganchada a su amante.

Según la prensa, ella exigía una compensación del novio celoso por “haberla humillado y adoctrinado sobre cómo debería usar sus partes privadas para atrapar a su amante”.

De la vida real
También hay relatos de penis captivus dentro del matrimonio, incluyendo dos casos estudiados por ginecólogos alemanes en el siglo XX.

En 1947, en sus días como médico residente en el Hospital Real del Condado de la Isla de Wight, el doctor Brendan Musgrave relata lo siguiente:

“Puedo recordar claramente a la ambulancia llegando al hospital con dos personas jóvenes, una pareja en su Luna de Miel, cargadas en una misma camilla y llevadas hasta la Unidad de Urgencias, donde fueron separados”.

El doctor John Dean dice “no poder explicar la “inusual historia”, ya que la gente que ha experimentado penis captivus por lo general solo tiene el problema durante unos cuantos segundos. “Sin embargo”, añade, “es posible que si uno se encuentra en esa situación, el paso del tiempo se sienta como una eternidad”.