El díptico “Cuestión de riqueza” fue bien leído por usted. Gracias por atender estas letras. El demonio no descansa. De existir, éste no descansa. En lo personal, y si usted me ha leído, sabe que no creo ni un ápice en él. Es decir, si a duras penas y con fe rota, creo en el gran Dios judío, el Dios de Moisés, Abraham, Job, Jonás, Isaías… y claro, en la materia física, de acero y roca del maestro Jesucristo, es imposible que crea en el demonio, Satanás y toda su corte de ángeles malvados. No creo en el demonio como un factor externo que roba, azuza el quebranto del patrimonio familiar en los bancos, obliga a delinquir, obliga al sacrificio de inocentes, lanza armas químicas en Siria, siembra la droga en los jóvenes, los obliga a suicidarse…

En este pinche demonio tan terreno y pedestre no creo ni un ápice. Eso sería no tener responsabilidad alguna de nuestros actos, de nuestro presente, de nuestro futuro, de nuestra solidaridad y bondad con las cuales fuimos dotados. Eso que nos hace humanos. Como tampoco creo en los golpes de pecho de los hermanos católicos y cristianos. Eso sería lo mismo. Es decir, depositar en Dios el cambio democrático en Coahuila, lo cual fue un gran fiasco por no salir a votar en su momento. El cambio de timón en el Gobierno era cuestión de ir a votar, no de mandar un Email o WhatsApp a Dios. 

El primer acto de campaña de mi amigo, el abogado Eduardo Pacheco, líder del Partido Encuentro Social, ahora que fue candidato a diputado local y junto con su primo, el pastor Carlos Pacheco, artífices de la casa de rescate y oración “Cristo Vive”, fue convocar en redes sociales a orar de rodillas… frente al Congreso local. Desgraciadamente, Dios está tal vez muy ocupado. El domingo 4 de junio no vino a votar. En esto, con respeto, no creo. “Sólo el que conoce a Dios halla gracia a sus ojos, y no el que se limita a ayunar y rezar”. 

Abú Amram ibn Abd Allah. Obras y fe deben de ir de la mano. No basta rezar, como dice la vieja tonada, hacen falta muchas cosas para conseguir la paz. Cosas tangibles que en su momento y con suficiente  tiempo, aquí se las deletree.  

Voy a documentar su pesimismo lector y le quiero probar que Dios no tiene nada qué ver en este amasijo de robo de dinero, elecciones harto cuestionadas y una riqueza pública que debería de canalizarse a la gente jodida que pululamos en México. Va: en la última década, sólo en los últimos diez años, al menos 17 funcionarios de alto nivel (gobernadores, principalmente) han sido investigados, algunos detenidos y la mayoría prófugos y en libertad, por delitos de robo de dinero público. 

ESQUINA-BAJAN
Se le llama impunidad. Hay impunidad. En México existe la impunidad, a diferencia de nuestros hermanos guatemaltecos o brasileños que han procesado a sus presidentes ricos, los cuales han metido a la cárcel. Según una investigación realizada por Pablo Montes, del IMCO, y sólo del año 2000 al 2013, se exhibieron en la prensa nacional 71 casos de corrupción por parte de 41 gobernadores. Apenas 16 casos fueron investigados y sólo cuatro, ojo, fueron encontrados culpables. Cuatro de 71 casos documentados. No castigo, sino impunidad. La última encuesta nacional del Inegi demuestra que sólo atrás de la inseguridad, la corrupción es lo que preocupa a los mexicanos. 

Y cómo no va a preocupar, si no hay castigo. La gota que una vez más ha derramado el vaso del hartazgo social, han sido las detenciones de exgobernadores que robaron el presupuesto de sus estados: en Florencia, Italia, el exgobernador de Tamaulipas, Tomás Yarrington, quien tenía cinco años fugado de México y cargaba en sus hombros con sendas órdenes de aprehensión en Estados Unidos y México. Detuvieron también a Javier Duarte en Guatemala. Y acaban de echarle el guante a Roberto Borge, exgobernador de Quintana Roo. 

Pero hay una constante en la ubicación, detención y procesos a Yarrington, Duarte y Borge: fueron señalados por la justicia internacional, la gringa, no tanto por requerimiento de la justicia y jueces domésticos. Pues sí, cuando estos y nadie más habían saqueado las arcas estatales de sus feudos y vivían a salto de mata, pero ricos, y ni eran molestados. Enrique Peña Nieto cuando llegó al poder prometió un “nuevo PRI”. Hoy, ese nuevo PRI tiene nombre y apellidos de exfuncionarios corruptos: Andrés Granier, de Tabasco; Tomás Yarrington y Egidio Torre, de Tamaulipas; Flavino Ríos, de Veracruz; Rodrigo Medina, de Nuevo León… En Coahuila se fugó la posibilidad de cambiar la historia. Aquí le presentaré una saga al respecto.   

LETRAS MINÚSCULAS
¿Obra del demonio lo anterior? ¿Rezar y estar de rodillas frente al Congreso estatal? No, lector, yo prefiero estar de pie y recordarle todo esto…