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Ayer concluyeron los trabajos del coloquio ¿México necesita o no una nueva Constitución?, organizado por la casa de estudios y que fue coordinado por el embajador Héctor Vasconcelos.

Ciudad de México. Actualmente, la Constitución política de México es un documento confuso, contradictorio e inaccesible, incluso para los expertos; sumamente complicado en su estructura y complejo en su redacción: es un texto abigarrado, lleno de “parches” e inconsistencias, señalaron expertos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Indicaron que esto es resultado de las reformas que se le han hecho en distintos momentos y que han desajustado la técnica constitucional, por lo que en el marco del centenario del texto constitucional (el próximo 5 de febrero) corresponde analizar cómo darle mayor claridad.

Ayer concluyeron los trabajos del coloquio ¿México necesita o no una nueva Constitución?, organizado por la casa de estudios y que fue coordinado por el embajador Héctor Vasconcelos.

En ese marco, el ex director del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, Héctor Fix Fierro, detalló que esa entidad académica hizo una propuesta de reordenamiento y consolidación de la carta magna. “Estamos proponiendo una comparación”.

Se trata de algo similar a lo que hicieron los constituyentes de 1917, que reordenaron el texto constitucional de 1957, y le agregaron algunas cosas. Indicó que para que la propuesta del IIJ se haga realidad, tiene que ser considerada y retomada por el Congreso, pero sin un pacto de todas las fuerzas políticas, se quedará como una propuesta más.

Durante las discusiones del coloquio, Pauline Capdevielle, coordinadora de la Cátedra Extraordinaria Benito Juárez sobre Laicidad de la UNAM y del Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional, sostuvo que la equidad de género y los derechos de las mujeres deben ser considerados como un eje fundamental de la reflexión si se desea contar con una Constitución verdaderamente incluyente.

Los derechos sexuales y reproductivos se relacionan con la laicidad, afirmó. Un Estado laico respalda y garantiza las libertades fundamentales, en particular la de conciencia y religión, y el principio de no discriminación. Más laicidad implica más derechos para las mujeres; la capacidad de ellas para controlar su cuerpo es una condición indispensable para su acceso a una ciudadanía plena.

Germán Sandoval, de la Facultad de Derecho, consideró que antes que construir una nueva Constitución, hay que refundamentar la democracia, y con ello, al Estado, donde la clase política se allane al Estado de derecho y no prostituya a las instituciones. Antes que pensar en cambiar la carta magna, “es nuestro deber cambiar a la clase política”.