El presidente mexicano, Enrique Peña Nieto (d), y su esposa, Angélica Rivera (i), junto al papa Francisco. Foto EFE/Presidencia de México
"Su visita trasciende el encuentro entre dos Estados. Se trata del encuentro de un pueblo con su fe", dijo el presidente de México, Enrique Peña Nieto, al pontífice.

La reciente visita del papa Francisco a México ha puesto en entredicho, una vez más, la verdadera laicidad del Estado mexicano, reconocida constitucionalmente pero a menuda ignorada por los gobernantes en actos oficiales donde dan muestras de sus creencias.

"Su visita trasciende el encuentro entre dos Estados. Se trata del encuentro de un pueblo con su fe", dijo el presidente de México, Enrique Peña Nieto, al pontífice, en la ceremonia de bienvenida celebrada en el Palacio Nacional, sede del Ejecutivo.

En este acto, el mandatario habló también de "un pueblo orgullosamente guadalupano".

"En la visita de Estado se guardaron ciertos protocolos, pero el presidente se dio unas licencias que son casi un desafío para el Estado laico", valoró Hugo José Suárez, del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Peña Nieto, del oficialista Partido Revolucionario Institucional (PRI), también asistió públicamente, y comulgó, en la misa que ofició el papa en la emblemática Basílica de Guadalupe, acompañado de su esposa, Angélica Rivera.

Aunque adujo que asistió a la ceremonia a título personal, no como mandatario, se sentó en primera fila y fue enfocado por las cámaras en varias ocasiones.

"¿Fue entonces el presidente quien asistió? ¿O será que nos quedamos sin él durante esas dos horas?", se preguntó el experto Roberto Blancarte en una reciente columna en el diario Milenio.

En un país de 120 millones de personas y un 82,7 % de católicos, dichas acciones pueden tomarse como una auténtica afrenta a la laicidad del Estado y, por extensión, a los 20 millones de mexicanos que no profesan dicha religión, o ninguna.

La relación de Francisco con la clase política es también excelente tanto entre líderes de izquierdas como de derechas.

El líder del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), Andrés Manuel López Obrador, asistió en octubre pasado al Vaticano y entregó una carta al pontífice en la que agradecía la visita al país por dar "gran aliento" al pueblo, ello junto a una medalla al defensor de los indígenas fray Bartolomé de las Casas.

Feligreses asisten a una misa ofrecida por el papa Francisco en Ciudad Juárez, Chihuahua. Foto EFE

El presidente del conservador Partido Acción Nacional (PAN), Ricardo Anaya, celebró la visita porque su mensaje llevará a "un impulso hacia la paz, la esperanza y la reconciliación".

Esto gestos de los políticos trascienden, de largo, las palabras.

Prueba de ello son las distintas reformas a la Constitución de 1917 que han ido acercando Iglesia y Estado en los últimos 25 años, luego de dos siglos de desavenencias porque en la configuración del México independiente se buscó separar ambas instituciones.

En 1992, el Vaticano y el país retomaron las relaciones diplomáticas con una reforma constitucional, del artículo 130, que otorgó personalidad jurídica a las instituciones religiosas, les devolvió el derecho a propiedad y patrimonio propio, y permitió votar a los ministro de culto, más no a ser votados.

Entre 2012 y 2013, otras reformas constitucionales afianzaron esta renovada relación entre ambos poderes y se hizo presente en cambios, tan sutiles como sensibles, en los artículos 24 y 40, identificó para Efe el politólogo del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) Felipe Curcó.

En el 40 se introdujo explícitamente el término "laico" al calificar la República mexicana.

El papa Francisco saluda a feligreses a su llegada para una misa en Ciudad Juárez, Chihuahua. Foto EFE

"Este término no instauró el Estado laico, vino solamente a formalizar un tipo de régimen ya existente", remarcó el experto, quien calificó la modificación de "innecesaria" y recordó que la laicidad ya era explicitada en la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público de 1992.

Si bien esta modificación podría parecer que apuntala la laicidad del Estado, no se puede entender sin la modificación del artículo 24, cuando se especificó el "derecho a la libertad de religión", cuando antes se decía que el hombre era "libre para profesar la creencia religiosa que más le agrade".

"El cambio tiene consecuencias jurídicas importantes" porque ahora la creencia es una libertad "externa" y ello implica que "el Estado está obligado a garantizar los recursos y condiciones materiales" para que se dé, opinó Curcó.

El papa Francisco (c), el jefe del gobierno de la Ciudad de México Miguel Ángel Mancera (i) y la secretaria de Relaciones Exteriores,Claudia Ruiz Massieu (d). Foto EFE

Si bien todavía no se ha dado, la modificación puede conllevar, por ejemplo, a que las escuelas públicas, donde nunca se ha impartido religión, tuvieran que ofrecer esta enseñanza.

Y por falta de recursos, solo sería viable impartir el culto católico, agregó el especialista en teoría política.

Todo ello tiene como fin último "ir desmantelando el laicismo mexicano" e ir "abonando el terreno para que el clero pueda avanzar", añadió Curcó.

Peña Nieto lo dejó muy claro en su discurso en el Palacio Nacional: "Es la primera vez que el sumo pontífice es recibido en este histórico recinto. Ello es reflejo de la buena relación entre la Santa Sede y México".

Aun con ello, fue un poco más sutil que otros presidentes, como el panista Vicente Fox (2000-2006), quien no tuvo reparo alguno en arrodillarse ante Juan Pablo II en su visita de 2002 para besar el anillo del obispo de Roma.