‘Panamá papers’ es una bofetada que nos recuerda lo compleja y anónima que puede ser una red de intereses

La bomba de hace una semana, los “Panama Papers”, hicieron que la tinta llegara al río.

Casi tres terabytes de información filtrada a un diario alemán conteniendo los archivos del bufete de abogados con domicilio en Panamá, Mossack Fonseca,  analizados por un grupo internacional de periodistas bajo la coordinación del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación han ocupado planas completas en los últimos días. Pocos parecen preocuparse por las razones detrás de la filtración, seguimos tratando de entender los datos.

En esa bomba, Coahuila.

En las primeras versiones de la información publicada en medios nacionales, la revista Proceso a la cabeza, describió muy en lo general la relación de la empresa Altos Hornos de México (AHMSA) con la firma Mossack Fonseca vía la compañía Carlyle Technologies Corporation para “la triangulación de recursos de la empresa mexicana desde 2006, cuando la siderúrgica estaba en quiebra”.

A las horas de conocerse el dato, el vocero de AHMSA “se limitó a comentar  que se trató de una operación comercial normal registrada ante las autoridades hacendarias y ante la Bolsa Mexicana de Valores conforme al contrato de servicio” (VANGUARDIA, abril 4, 2016).

Nadie, me parece, esperaba la aceptación de culpa alguna. Se es inocente en tanto no pueda demostrarse lo contrario.

Las autoridades hacendarias (y algunos opinan, no solo ellas) andarán ya investigando. Ahí el asunto sigue vivo.

Hacia el cierre de semana, la relación AHMSA-“Panama Papers” se detalló más.

No se trata de una sola operación, sino varias. Casi 600 archivos (de los 11 millones y medio de documentos objeto de la investigación periodística) cuentan la historia de una relación regular, de años, y operaciones relevantes relacionadas con dos miembros de su Consejo de Administración, las hijas de uno de ellos, dos ejecutivas y un abogado.

El seguimiento periodístico en Proceso lo hace Arturo Rodríguez García. Ahí, datos, fechas, nombres, una cronología que llama al análisis. El asunto, también desde esta perspectiva entonces, sigue vivo.
Darle tiempo al tiempo, que falta camino por recorrer.

El trabajo alrededor de los “Panama Papers”  importa por muchas razones.

Muchas de ellas han sido señaladas por múltiples plumas internacionales, teniendo en mente los Jefes de Estado y sus contratistas, a los dictadores y sus mafias. La presencia de empresas como AHMSA, sin embargo, agrega razones diferentes, muy locales, al asunto.

“Panama Papers” es una bofetada que nos recuerda lo compleja y anónima que puede ser una red de intereses, los efectos de la desigualdad y lo vulnerable de una población frente a las dinámicas internacionales que no imaginamos. En Proceso, queda desde el primer párrafo del texto de Rodríguez García: el mismo año en que no se repartieron utilidades en AHMSA,  2009, tres de sus ejecutivos compraron un departamento de 2.6 millones de dólares, con vista al mar.    

En Coahuila, una cúpula empresarial ha sabido y utilizado los paraísos fiscales que hoy conocemos vía una filtración.

¿Qué sucederá con las cúpulas políticas, nutridas con dinero público, aún no descubiertas? Sabiéndose el camino unos, no es descabellado pensar que lo comentan con los otros.

Toda proporción guardada, recuérdense las empresas texanas (Barcelona at Stone Oak LLC, Alpes Group LLC, IXE Systems, Mpv Familiy Partnership, entre otras) y su probable relación con la deuda y el dinero coahuilense. Poco se conoce, menos se comprende. De cualquier forma, escapa de las manos locales. Y de eso se trata, según parece.

Frente a esto, la solución desde el poder y las leyes de transparencia parecen apenas un placebo.

@victorspena
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