Durante 71 años en México se vivió bajo el formato de un sistema presidencialista cuya base la soportaba el Partido Nacional Revolucionario fundado en 1929 y que luego mutó hasta convertirse en el Partido Revolucionario Institucional. Lo conformaba una estructura corporativista que tenía como soporte los sectores populares, campesinos, obreros, militares y magisteriales. Eran la base de la pirámide. Recuerdan la frase “gánenle al PRI” justamente, este es su origen. El presidencialismo cuya fuerza y sentido de poder tenía su origen en las instituciones y el corporativismo conformado por las masas populares, el partido oficial, el régimen autoritario, el paternalismo y el clientelismo eran el obstáculo más importante para vivir en una verdadera democracia.

Y aunque México a diferencia de los países latinoamericanos, gozó siempre de estabilidad política; el atraso económico, las desigualdades, la represión y las violaciones a los Derechos Humanos dejaban en claro que la nuestra era una democracia de apariencia. Evidentemente, no se trataba de consolidar la democracia, se trataba de afirmar un sistema tutelar.

Los obstáculos de la democracia de 1929 al año 2000 fueron el presidencialismo, y las formas de poder que replicaban esta figura que tenía el poder total y absoluto. Jefe militar, religioso, político y social, que encarnaba la figura del Tlatoani náhuatl. El presidente no era una persona mortal, era un personaje que representaba el poder desmedido. Jefe de Estado y jefe de gobierno, suprema autoridad agraria, jefe de las fuerzas armadas, arbitro de las relaciones obrero-patronales, quien nombra y destituye secretarios de estado.

Saque sus cuentas. En la base, un partido dominante, que se volvió partido oficial, cuya estructura corporativa le permitió controlar y manipular las masas. A su favor tenía una sociedad campesina, un país analfabeta y pobre con una cultura bastante atrasada. La democracia encontró en el presidencialismo y el corporativismo dos elementos que obstaculizaron su operación.

Ante las inminentes elecciones que se acercan en Coahuila y cuyas campañas han comenzado ya ¿en donde pudiéramos identificar los nuevos obstáculos de la anhelada democracia?

Uno es el que nos narra Heródoto (484-420 a.C.) en Historias, III, 80, 1 donde nos relata la narración de Darío el rey de Persia y sus generales que discurren acerca de las ventajas y desventajas de la monarquía, la democracia y la oligarquía. Uno desacredita la monarquía porque desarrolla soberbia y desmesura. Otro considera a la oligarquía como una degeneración de la aristocracia y se convierte en tiranía. Otro de los generales defiende la democracia porque es “el gobierno del pueblo” y porque en este sistema afirma, las magistraturas se obtienen por sorteo, se rinden cuentas a la comunidad y los asuntos públicos se someten a la deliberación del pueblo. Finalmente otro de los generales rechaza la democracia por la ignorancia del pueblo.Propone elegir a un grupo de personas bien preparadas, es decir, los aristócratas (los más capaces). Un obstáculo por supuesto, es la ignorancia.

Es importante investigar quién es el candidato. Conocer su nombre no es necesariamente saber quién es, lo que quiero es que busques por ahí saber ¿a qué se dedicó  antes de hacer carrera política? ¿En qué situaciones convenientes o inconvenientes se han involucrado?¿Cómo se ha conducido en su vida personal? ¿Qué antecedentes académicos tiene, más o menos idóneos para la responsabilidad que buscan?¿Cuáles estudios pueden, de entrada, ayudarles más o menos en la tarea gubernamental o legislativa? ¿Cómo piensa hacer realidad sus objetivos y proyectos? ¿De las promesas que hace cuales pueden cumplir y cuáles no? ¿Si ha sido en otro momento servidores públicos y como se ha comportado? ¿Qué ha hecho y que han dejado de hacer? ¿Cuáles son los aciertos y cuáles son los errores que ha tenido?

Norberto Bobbio afirma que en los países latinoamericanos no podemos, ni podremos ser democráticos porque la democracia requiere de personas racionales. Continua diciendo, que la racionalidad nos permite hacer un ejercicio de análisis y de toma de decisión adecuadas sobre quienes nos conviene o no como sociedad para que asuma un cargo  o puesto público, pero sobre todo nos permite recopilar elementos para apreciar, con objetividad y fundamento, sus propuestas, sus trayectorias políticas y profesionales, sus formaciones académicas y en lo relevante para la función pública, sus características personales.

Otro obstáculo lo representa la desigualdad y la pobreza que en nuestro país en tiempos de elecciones se han convertido en un negocio. Se lucra con la pobreza y la desigualdad y estos elementos han sido factor a para que siga apareciendo el clientelismo y el paternalismo como una práctica que compra voluntades, porque las condiciones sociales son complicadas.

En el tema de la elección de representantes públicos, no se debe partir del presupuesto de reflexiones mercantilistas en relación a las dádivas o los beneficios particulares que tal o cual candidato nos traerá, sino en el bien de todos. La Comisión Nacional de Evaluación en México (Coneval) afirma que el 55.3 por ciento de los mexicanos son pobres y en el entendido de que todo individuo contiene un ciudadano, nuestros hermanos más pobres se han convertido en capital político. En Coahuila hay cerca de 885 mil 800 personas en extrema pobreza. Es evidente que por la necesidad que tiene mucha de nuestra gente y por las excesivas cantidades que el estado y los particulares otorgan a los partidos para gastos de campaña la pobreza y la desigualdad, debilitan y vulneran la vida democrática.

Un obstáculo más lo representa la corrupción, que sigue siendo factor tanto de quienes corrompen como de quienes se dejan corromper.  ¿Qué sería de los partidos que lucran con la pobreza, si los individuos en México fueran autónomos o simplemente no tuvieran tantas necesidades?

Son muchos los obstáculos que tiene la democracia en nuestro país y en nuestro estado para volverse una realidad, pero son más las áreas de oportunidad que tenemos para palearlos. De manera particular la decisión de participar de forma activa y sin pensarlo dos veces haciendo caer en la cuenta a nuestros amigos, conocidos, vecinos y en general de la gente que interactúa con nosotros de lo importante que es la construcción de la democracia y tener en claro que nadie lo va a hacer por nosotros. Seremos para bien o para mal los responsables de lo que ocurrirá en el estado en los próximos seis años.