Foto: Archivo

A propósito del ejido Patrocinio, me estaba yo acordando de lo que me contó la madre de un desaparecido. No se vale decir nombres.

La susodicha señora, que por cierto es oriunda de Piedras Negras, me platicaba de cierto campesino de San José de Aura, municipio de Progreso, Coahuila, que un día pastoreando sus cabras por el monte se topó con una visión insólita.

El hombre caminaba por encima de un barranco, una cañada, algo así, cuando miró al fondo a un grupo de personas, hombres y mujeres, todos en paños menores, calzones y brasieres, formados en rueda y más allá a unos tipos con armas largas que los custodiaban.

Como ve, la escena era realmente surrealista, y yo diría que hasta desquiciante, pero sucedió, el campesino no lo había imaginado, soñado, no era un espejismo, una alucinación.

La prueba es que después una amiga periodista me habló de los hallazgos de ropa interior que han hecho los colectivos de familias de desaparecidos en algunos parajes solitarios del estado.

Y a mí me dio prurito, como temor.

Otro día escuché, por boca de un rescatista, una leyenda negra que circula en torno a la presa Palo Blanco, ubicada sobre la antigua carretera a Monclova.

De este embalse se dice que es un cementerio acuático, donde yacen, hasta el fondo, los restos de personas que fueron ejecutadas por el crimen organizado.

¿Será verdad?, ¿será mentira?, eso sí quién sabe y que investigue quien tenga que investigar.

Pero ¿y a cuento de qué viene todo esto?, dirá usted, No sé.

Es que me estaba acordando también de una amiga que hace años, en la época que la gente de Saltillo ha dado en llamar como “de las balaceras”, fue levantada con toda su familia por un cartel del narcotráfico.

Su hermano, que andaba con “la maña”, se había cambiado de bando y, como sabrá, los traicionados cargaron con todos.

Y yo me preguntaba, en uno de esos pocos ratos de ocio que suelo tener: ¿dónde quedaría mi amiga?, ¿a dónde se la llevaron?, ¿estará viva?

Y no sé por qué, pero cada que pienso en Patrocinio, en Palo Blanco o en San José de Aura, me acuerdo de ella.

¿Dónde estás, Gris? Háblame…