Perfumada por el mar al fondo, la cuadra se adorna con siluetas jóvenes que corren por grupos: unos intentan descifrar en palabras revueltas, el nombre de cuentos de Edgar Allan Poe; otros tienen qué hacer un rap con un poema de Francisco de Quevedo y otros más, reproducir una emisión de un programa de radio para dar voz a La guerra de los mundos, escrita por Orson Welles. Estas y otras son las estaciones en las que deben detenerse para terminar su rally literario. Los premios son libros y vales por cierta cantidad de dinero para ir a Libromar, la librería local, para adquirir los libros que más les gusten. Para mi contento y asombro, están pletóricos, gritan de alegría al recibir esos premios: son libros, solo libros, únicamente libros, son mundos que ellos valoran y aman. Estoy emocionada profundamente y pienso: hay futuro, siempre habrá futuro para los libros. Incluso ahora.

Esto ocurre en el contexto de los millennials y de la generación Z que tanta desesperanza trae a empresarios, empleadores y a filósofos. Fui invitada por la asociación civil Pluma Joven, que uniendo sus propios recursos y contactos, la aportación de una de las bodegas de la vinatera Santo Tomás y el apoyo de la UNAM, realizaron la cuarta edición del Encuentro Literario Generacional, en la que ocurre este rally que describo someramente y también los mini talleres agrupados por temas: romance, ciencia ficción, realidad, fantasía y horror.  

Si no hubiera sido por Rafael Cessa y Uriel Luviano, me hubiera perdido de esta utopía viva. Allí voy en un avión hacia Ensenada, invitada por este grupo de jóvenes entre 20 y 25 años. Ellos, comandados por Dayanna Chaidez, me colocaron frente a este encuentro que se antoja imposible y que constituye un proyecto único en todo México: jóvenes que promueven la lectura y la escritura entre jóvenes de secundaria y preparatoria.

Allí estuvieron reunidos 150 muchachos con sus cabelleras largas o asimétricas, verdes o rosas, con lentes y varitas mágicas o espadas láser. Escribieron, leyeron, preguntaron a los escritores que acudieron a dar los mini talleres, a leer su obra o a dar charlas. Particularmente los vi motivados por la presencia de Benito Taibo, quien se desplazó hasta Ensenada -seguramente entre el asombro y el gozo-, atendido por la frescura de jóvenes, durante toda su estancia.

Nos sumamos a Benito Taibo, los escritores Xel Ha López, Gibrán Valle, Edgar Omar Avilés, Adán Echeverría y yo, entre otros facilitadores. Así, conocimos también a chicas y chicos de San Quintín y Colonet, dos comunidades cercanas a Ensenada, quienes recibieron apoyo junto a su profesora, para estar durante tres días, en el encuentro y navegar en el mundo de la literatura.

Yo celebro que la juventud habite su tiempo. Celebro que se desprendan esa etiqueta equívoca de que son el futuro de cualquier cosa y tomen su lugar. Celebro que habiten utopías y digan: es posible en colectivo, aquí y ahora. Como el Librofest que también organizan y este año va por su sexta edición. En él, usando libropesos, intercambian libros en la comunidad.

Y pensar que todo nació de mentes jóvenes que leían y leían, que escribían y soñaban un encuentro, como Christian Vázquez y Joatam de Basabe, también parte de los fundadores de Pluma Joven. Ahora ese encuentro es un sueño con los ojos abiertos. Lo celebro profundamente. claudiadesierto@gmail.com