Fueron los asesinatos políticos o el erróneo manejo financiero por la administración salinista de la paridad peso-dólar en 1994  -además en diciembre el levantamiento zapatista en Chiapas-, el hecho es que para cuando Ernesto Zedillo era presidente electo, según datos del Banco de México, las reservas internacionales de divisas se habían reducido en más de 57 por ciento, es decir de 29.1 mil millones de dólares en enero a 12.47 mmdd en noviembre de ese año.

El asunto es que el tipo de cambio se sostuvo de manera artificial y de 3.34 pesos por dólar en enero del mismo año 94 drásticamente pasó a 5.15 ppd en diciembre de ese año fatídico, después de que se anunció un “leve” deslizamiento de 15 por ciento en la paridad: “el error de diciembre” y las reservas internacionales cayeron a 6.15 mmdd.

A esto se añaden los compromisos financieros públicos garantizados en dólares, los llamados tesobonos, cuyo saldo pasó, según datos de INEGI, de 1,352.3 mil millones de dólares en enero del año señalado (4,512 mil millones de pesos), a 18,384 mmdd (con la acumulación de deuda y tipo de cambio devaluado la cifra fue de ¡94,384 millones de pesos!), sin reservas suficientes para cubrir dicha deuda; de ahí la decisión ejecutiva de Bill Clinton de otorgar un préstamo de 20 mil millones de dólares a México en enero de 1995, ante la negativa del Congreso de Estados Unidos de rescatar financieramente a nuestro país (crédito que se pagó en 1997, con 1.4 mmdd de intereses), y del Fondo Monetario Internacional de aportar 18 mmdd para enfrentar los vencimientos de corto plazo.

El tipo de cambio depreciado y la inflación a más de 7 por ciento acumulada en diciembre del 94 por los efectos de la depreciación, obligó al incremento de la tasa de interés de referencia al ahorro de 10 por ciento en enero a alrededor del 20 por ciento en enero del 95, con el impacto en tasas crediticias. Lo anterior generó el  “no pago” de créditos a nivel agregado, tanto en hipotecarios como empresariales y al consumo; miles perdieron su patrimonio familiar y miles de negocios cerraron y fueron embargados (se incrementó la ola de suicidios).

Los bancos, ya reprivatizados a “banqueros sin oficio”, no pudieron hacer frente a los compromisos pasivos de ahorro y es cuando se inventa el Instituto para la Protección al Ahorro Bancario (IPAB), que sustituyó al Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fopabroa), para rescatar a los bancos comerciales con las aportaciones impositivas de toda la sociedad mexicana. Otro asunto en lo mismo son las ilegales triangulaciones y autopréstamos que los dueños de los bancos realizaron y que también se incluyeron en el Fobaproa.

El rescate bancario posterior a la crisis de 1994-1995 ha costado mucho al país. De esos años a hoy se han cubierto capital e intereses de los pagarés firmados por el IPAB-Fobaproa, sin embargo la deuda de los mexicanos por este concepto crece y crece. Es decir, lo que los bancos comerciales debieron pagar a los ahorradores lo ha pagado la sociedad mexicana con los impuestos.

Sí había opciones alternativas de pago de créditos hipotecarios, empresariales y de consumo, las que no fueran drásticamente onerosas para los deudores; además los dueños de los bancos también debían cargar con la responsabilidad, pero no fue así. En diciembre de 1998 con 325 votos de  diputados del PRI y del PAN -159 de la oposición- se legalizó el rescate bancario, así 552.3 mmdp se convirtieron en deuda pública administrada por el IPAB.

Ernesto Zedillo entregó el saldo IPAB-Fobapora en 669 mil millones de pesos, Vicente Fox dejó dicho saldo en 701 mmdp, Felipe Calderón en 828 mmdp y a enero de este año 2017 el saldo de  Enrique Peña es 884.4 mmdp. Los bancos, ahora más del 80 por ciento en manos extranjeras, en todos estos años han ganado más de un billón de pesos, mucho más de lo que aún se debe (además la venta de bancos vía bolsa de valores por lo que no se pagó un solo peso de impuestos: Banamex a Citibank y Bancomer a BBVA). Mal asunto… Fobaproa no se olvida.