El escritor Matías Alinovi, recupera en el libro "El secreto de Borges" el cuento que Jorge Luis Borges platicó a grupo de niños. Foto: Pequeño Editor
Jorge Luis Borges recibió a un grupo de niños en su casa y los cautivó contándoles un cuento. El escritor Matías Alinovi, recupera en el libro "El secreto de Borges" la historia que el célebre autor improvisó esa tarde.
Entendí todo, entendí el sentido del cuento, se ve que las palabras que usó fueron muy transparentes, porque vi todas las imágenes de lo que dijo"...
Matías Alinovi, escritor

Jorge Luis Borges recibió en 1981 a un grupo de niños de cuarto grado en su casa y los cautivó contándoles un cuento. Uno de esos privilegiados alumnos, el escritor Matías Alinovi, recupera en el libro "El secreto de Borges" la historia que el célebre autor improvisó esa tarde.

En ese relato oral que ahora llega al papel, el más universal de los escritores argentinos reveló cinco años antes de su muerte en 1986 en Ginebra la razón de su longevidad: "el agua de tortuga" que bebió en su infancia.

"Sentado en un sillón verde, con bastón, muy viejo, estaba Borges", se lee en las páginas del cuento infantil con ilustraciones de Diego Alterleib, lanzado por el sello Pequeño Editor durante la actual 43 Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

El encuentro se concretó después de que la maestra se enterara de que uno de sus alumnos, José Manuel, era el nieto de Fanny, ama de llaves de Borges, y le pidiera que gestionase la cita. "Entramos con ímpetu de chicos. Lo primero que hicimos fue abalanzarnos sobre los caramelos que (el escritor) tenía en una bandeja en el centro de una mesa", rememora Alinovi en diálogo con dpa.

Jorge Luis Borges recibió en 1981 a un grupo de niños de cuarto grado en su casa y los cautivó contándoles un cuento. Uno de esos privilegiados alumnos, el escritor Matías Alinovi, recupera en el libro "El secreto de Borges". Foto: Pequeño Editor

Los alumnos de la escuela del barrio regalaron al autor de "El Aleph" un gran paquete de caramelos masticables. El escritor se encontraba "en la postura que para nosotros es clásica de Borges, con las manos sobre el bastón. Miraba un poco para arriba, no miraba de frente", afirma Alinovi, que entonces tenía nueve años.

En la casa de Borges en la calle Maipú, en el centro de Buenos Aires, se congregaron unas 20 personas, entre los alumnos del colegio San Marón, la maestra, la directora y Fanny. "Era un departamento muy sencillo, con un living bastante chico", recuerda Alinovi, amigo de José Manuel, con quien compartía sus tardes en la cercana Plaza San Martín.

Alinovi (Buenos Aires, 1972) evoca a ese Borges viejo y ciego que los recibió hace más de tres décadas como "lejano". "Al mismo tiempo le prestábamos mucha atención. Era un momento bastante solemne”.

Borges comenzó a hablar y confesó que antes de que lo visitaran tenía dos miedos. "El primero era que viniéramos, porque él no sabía de qué iba a hablar con chicos de cuarto grado. Pero el segundo miedo, que era más fuerte que el primero, era que no viniéramos, así que ahora estaba contento porque habíamos venido", escribió Alinovi.

Luego el escritor, uno de los más influyentes del siglo XX, solicitó a los alumnos que le dijeran sus apellidos. Los niños así lo hicieron y él supo de dónde provenían.

Poco después fue "una palabra de mucho peso cuando él dijo 'les voy a contar cómo llegué a ser tan viejo'. Ya nos habíamos sentado en el parqué y eso sorprendió", señala el autor de las novelas "La Reja" y "París y el odio”.

Borges, nacido en 1899 en Buenos Aires, refirió que cuando era niño en su casa no había agua corriente y la sacaban de un aljibe. Todas las casas del barrio tenían pozos, que daban al mismo lago debajo de Palermo.

Un vecino puso tortugas de agua en su pozo y en poco tiempo hubo muchísimas. Borges relató que se había dado cuenta de que "el agua que había tomado cuando era chico no era agua, sino agua de tortuga. Y como las tortugas vivían tanto, él también había vivido tanto”.

Los pequeños visitantes no eran el tipo de público que solía frecuentar a Borges, que nunca escribió cuentos para niños. Sin embargo, Alinovi señala: "Entendí todo, entendí el sentido del cuento, se ve que las palabras que usó fueron muy transparentes, porque vi todas las imágenes de lo que dijo".
Alinovi, que luego estudió física, concurrió a la cita con un grabador que le dio su madre para la ocasión. "Grabé todo muy obedientemente y durante años escuché esa grabación que obviamente perdí”.

Tras la desaparición de ese registro, atesoró el encuentro en su memoria. "Es un recuerdo que yo recuerdo recordar igual hace mucho tiempo. Conté muchas veces esta anécdota desde que soy chico. Mi mamá, mi papá, me decían 'contale a fulano cuando fuiste a la casa de Borges'. De alguna manera se armó un relato canónico, un relato oficial para mí mismo, que yo siempre conté igual. No podría contarlo de otra manera", indica.

¿Cuándo surgió la idea de plasmar esa experiencia en el papel? "Siempre pensé que quería hacer algo, pero lo que quería hacer era un poco ambicioso y nunca tomaba cuerpo. Y un día hace relativamente poco pensé: 'él nos contó un cuento para chicos, quizá simplemente la historia es un cuento para chicos y es lo que hay que hacer’".

A la pregunta de si luego volvieron a tener contacto con Borges, Alinovi apunta que sí, porque el escritor fue a su colegio, invitado a dictar una charla. "Tengo el recuerdo de verlo a él sentado en una silla, con un micrófono. No sé de qué habló”.

Y muchos años después de aquella tarde en la que Borges les narró el cuento infantil que nunca escribió, Alinovi reflexiona sobre la figura del escritor argentino: "Ha traído la gloria y la condena de convocarte a la superación literariamente. Colocó la vara muy alta, dejó un desafío y marcó el futuro. Escribir como él, copiarlo, es condenarse, eso es obvio”.