“Para hacer la guerra, hacen falta tres cosas:dinero, dinero y dinero”.
Napoleón Bonaparte.

En Coahuila, los estrategas de las campañas electorales utilizan misiles para acusar al contrario de “la grosera multiplicación del dinero y las prácticas ilegales que introducen en la campaña”. 

Ellos se esfuerzan por desnudar “la ilegalidad (que surge del) dinero fuera de las reglas del financiamiento público” e impulsan “la guerra sucia entre candidatos a partir de filtraciones de información confidencial”.

Recordemos que “por cada peso presupuestal para financiar campañas, puede haber al menos cuatro pesos adicionales de financiamiento no reportado de fuentes diversas e ilegales”.

¿Piensa usted que en Coahuila los partidos políticos y los candidatos independientes no utilizarían “dinero fuera de las reglas del financiamiento público”? ¿O que no se lanzarían ataques para desnudarse por hacerlo?

Se equivoca. Todos cabalgan sobre esa tentación encabritada. De ahí, el lanzamiento inmisericorde de misiles entre ellos para iluminar el firmamento de una doble moral que los asfixia a todos por igual.

Los misiles se distinguen por su nivel de letalidad: 

• Baja letalidad (impacta integridad moral y política): los relojes de lujo de Miguel Riquelme que suman un millón 200 mil pesos; la mansión de Guillermo Anaya por un valor de 20 millones de pesos.
• Mediana letalidad (entra a terrenos del peculado electoral): denuncia ante la Fepade por la bodega que resguarda artículos y materiales del Fonden bajo la presunción de ser entregados en la campaña de Riquelme.
• Máxima letalidad (ocasiona impugnación de candidatura o proceso electoral): denuncia interpuesta por el PRI ante la Fepade y la PGR para acusar al PAN por su esquema ilegal de compra de votos, “con un costo superior a 70 millones de pesos, a través del pago de más de seis mil activistas a los que semanalmente se les deposita su dinero a través de tarjetas de nómina Banorte”.

Éste es el “Padre de Todos los Misiles”. ¿Sobrevivirán los panistas a su mortal letalidad?