El Instituto Cervantes optó por Mendoza al considerar que devolvió “goce por el relato y el interés por la historia”.
En su literatura, el escritor explota las oportunidades que lo más profundo de la humanidad y su lenguaje más popular ofrecen

Por ser considerado un excelso ejecutante de la lengua española en lo más puro de su esencia, regresando a la vida palabras cotidianas del ayer y recordándole al lenguaje evolucionado su humilde pasado, Eduardo Mendoza recibirá hoy el Premio de Literatura Miguel de Cervantes 2016.

La tradición señala que el galardón debe entregarse el 23 de abril, fecha en que se conmemora el fallecimiento de Cervantes, Shakespeare y el Inca Garcilaso, así como el Día Internacional del Libro, pero como la fecha cae en domingo, la ceremonia será hoy, 20 de abril. 

Mendoza, quien es el vigésimo segundo ganador del Premio de nacionalidad española, lo recibirá de los reyes Felipe IV y Letizia Ortiz en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares. 

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El veredicto dado en noviembre del año pasado, señaló que con la publicación de su primera novela “El caso de Savolta” en 1975, “inauguró una nueva etapa en la narrativa española en la que devolvió al lector el goce por el relato y el interés por la historia que se cuenta, cosa que ha mantenido a lo largo de su brillante carrera”. 

Pedro Álvarez de Miranda (presidente del jurado y miembro de la Real Academia de la Lengua Española), aseguró que la apelación del comité fue contundente a favor de Mendoza, quien fue señalado como un novelista puro que, por ser el catalán su idioma nativo, representa un verdadero panorama de la lengua castellana. 

En su historial de publicaciones, el barcelonés cuenta con 15 novelas, 2 libros de relatos, 2 obras de teatro y 4 ensayos; ahora la lista crece con “Las barbas del profeta”, texto inédito que se revela con motivo del premio. 

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La novela narra un viaje propio del autor a la Tierra de José y sus hermanos, la de Salomón, de la Torre de Babel o Jonás, saldando consigo mismo una deuda que tenía con el Mendoza pequeño que encontró su camino gracias a la biblia, aunque esto nada tiene que ver con haber llevado una vida religiosa. 

“La Historia Sagrada, por si alguien no lo sabe, era un resumen de los paisajes más relevantes de la historia. Quién decidía su relevancia, yo no lo sé. Tengo la impresión de que venía dada por una tradición que nadie se habría atrevía a disputar ni cómo habría sabido”, menciona el autor en las anotaciones de su libro. 

Aún así asegura que el único motivo por el que concibe que aquella materia formara parte de un sistema educativo, era la de reforzar las creencias religiosas aunque a él, quien no profesa nada, si logró despertarle otras cosas.

La novela también es una forma de conmemorar aquellos días difíciles que pasó en medio de una cruda infancia franquista, cuando tuvo sus primeros contactos con la fantasía y la imaginación, ambas impulsadas por relatos bíblicos como la expulsión de Adán y Eva del Paraíso, la muerte de Caín a manos de Abel o el sacrificio de Isaac. 

Ver su creatividad motivada por el libro que gobierna al catolicismo le permitieron reflexionar la premisa de su literatura, pues para él, una sociedad se explica mejor a sí misma si no se le separa de sus mitos fundamentales. 

“Como toda literatura genuina, a diferencia de las lecturas dirigidas y controladas a les que entonces se tenía acceso, suscitaba más preguntas que respuestas y en lugar de ofrecer ejemplos o enseñanzas, producía estupor”, añade Mendoza. 

El último libro de Mendoza es “Las Barbas del Profeta” una historia que se inmiscuye en historias religiosas cristianas.

Así también aprendió a valorar que no todo lo que aprendía era innecesario como muchas veces llegó a sentir, sino que el problema era que muchas materias eran (y son) presentadas en su versión más aburrida y menos efectiva. 

“La única excepción escolar a esta monotonía, al menos en mi recuerdo, la constituía esta materia perfectamente excéntrica, cuya legitimidad nadie podía poner en tela de juicio, pero cuyo sentido nadie habría sabido explicar si se lo hubieran preguntado”, dijo.

En su texto, Mendoza lanza una crítica a los sistemas escolares que deciden quitar lo intangible como el civismo, la literatura y la comunicación de sus programas para dar un mayor espacio a las ciencias duras y otras más impersonales. 

“El abandono de las humanidades en los planes de estudio causa un mal irreparable para los estudiantes, que ellos y la sociedad pagarán con creces si no lo están pagando ya”, asegura.

El dato
> Esta es la entrega 40 del Premio.
> Con 6 premiados, México es el segundo país con más Cervantes.
> Fernando del Paso formó parte del jurado del último año.