Son muchos los progresos que ha alcanzado la ciencia durante los últimos dos mil años, desde esa lejana época en que Jesús nació, vivió y murió en Galilea. En todo este tiempo, la ciencia ha replicado, y con frecuencia superado, los milagros atribuidos al carpintero de Nazaret. Un ejemplo es el embarazo de María, la madre de Jesús que de acuerdo a los evangelios de Mateo, Lucas y Juan, concibió por obra del Espíritu Santo y no por un acto de carácter sexual. A María, siendo virgen, el ángel Gabriel le anunció que concebiría al Hijo de Dios. Al respecto, la ciencia ha hecho lo propio desde el año 1978 con la fertilización in vitro con la cual desde entonces han nacido cinco millones de seres humanos. La primera “bebé de probeta” nació en Inglaterra hace 36 años con la creación en laboratorio de Louise Brown, un hecho que revolucionó la medicina reproductiva y que dio a las mujeres con problemas de infertilidad la oportunidad de tener su milagro personal, sólo que éste a cargo no de un ángel, sino de la ciencia. Por cierto, el Evangelio de Marcos no dice nada respecto a la concepción de María.

Otro milagro notable de Jesús lo menciona Mateo en su Evangelio, fue en Cafarnaúm, un poblado a orillas del mar de Galilea, cuando dos ciegos se le acercaron a decirle: “Ten piedad de nosotros, Hijo de David”. Jesús tocó sus ojos y les devolvió la vista. Hoy la ciencia médica casi en forma rutinaria lo hace todos los días. Y es que casi la mitad de los problemas de visión o de ceguera son a causa de cataratas o por la degeneración del lente ocular que con el tiempo tiende a volverse opaco, pero que con una operación de 15 minutos, los oftalmólogos devuelven la vista a sus pacientes.

Es también en Cafarnaúm en donde tiene lugar uno más de los milagros de Jesús. El Evangelio de Marcos refiere que un hombre paralítico fue llevado ante su presencia y le dijo: “Hijo, tus pecados te son perdonados, a ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”. El paralítico se levantó y salió de ahí caminando. Hoy día, y gracias a la neuro-robótica –una nueva rama de la ciencia– es posible que personas con lesiones totales o parciales en la columna vertebral caminen. Además, desde 1948, el científico John Enders dio el paso definitivo en contra de la polio, el virus que afecta a la humanidad desde tiempos inmemoriales y que como principal efecto tiene causar daños al sistema nervioso central y también parálisis muscular. Enders cultivó el virus en el laboratorio, paso definitivo para crear la vacuna que ha salvado millones de vidas y evitado millones más de paralíticos en el mundo, un hecho que le valió ganar el Premio Nobel de Medicina.

Pero quizás el milagro más conocido, la verdadera prueba de la supuesta divinidad de Jesús, fue la resurrección de Lázaro descrita en el Evangelio de Juan, que dice que al llegar a Betania, lo trajo de su “muerte” ordenándole afuera de su sepulcro: “Lázaro, ven afuera”. Por cierto, la famosa frase de “Lázaro, levántate y anda” no aparece jamás en la Biblia y es más bien un poema de Gustavo Adolfo Bécquer.

Pero también en la resurrección, la ciencia muestra avances. Las máquinas de resucitación cardiopulmonar y el “Proyecto Conciencia”, del científico de la Universidad de Nueva York, Sam Parnia, han conducido experimentos que tras la muerte de una persona, enfrían el cuerpo y lo conectan a una máquina que hace circular y oxigena la sangre. Esto permite la resucitación hasta siete horas después de que un corazón dejó de latir cuando las células del cerebro son aún viables. La máquina ha sido probada ya con éxito.

Los milagros de Jesús han sido dados por ciertos y una gran mayoría no los pondría en duda jamás. Y es que se tratan de actos de fe, hechos que ni siquiera quienes los escribieron los presenciaron y aun así, y sin mayores pruebas, se insiste en que creamos en ellos porque aparecen en la Biblia. En cambio, para la ciencia, cada uno de sus avances ha tenido que ser probado y documentado para ser reconocido como cierto. Al respecto, el escritor estadounidense Mark Twain decía: “Si es un milagro, cualquier testimonio es suficiente, pero si es un hecho, es necesario probarlo”. Ahí reside el verdadero milagro en toda esta historia: a pesar de los hechos, millones de personas aún creen.

@marcosduranf