Empresas han elegido como forma de hacer negocios el participar en los ciertos y seguros oligopolios de las concesiones adquiridas para explotar determinadas oportunidades

Recibí una llamada desde la madre patria. Era el CEO de una empresa cuyas transacciones andan por encima de los cien millones de euros anuales operando en más de 40 países, y que la tendencia de su crecimiento les hace pensar que aumentar dichos números durante los próximos años, es prácticamente un hecho. Aunque sus números todavía no son para asustar a nadie, para un simple mortal, recibir esta clase de llamadas no es cosa de todos los días.

No era nada que ver con mi trabajo primario, de dónde saco para comer, pues. Dijo llamar para esclarecerme la participación de su empresa en un problema ventilado por mí en estas mismas páginas semanas atrás: El asunto de los boletos para un evento en la ciudad de México que fueron inaccesibles para el grueso de quienes intentaron hacerse de ellos por las vías anunciadas, mientras que simultáneamente estaban a la venta en el sitio de Ticketbis a precios fijados por los oferentes particulares, obviamente y bajo las reglas de la oferta y la demanda, muy por encima del precio acordado por los organizadores y los concesionarios por ellos escogidos.

Su modelo de negocio es muy simple: cuentan con una plataforma virtual desde donde, personas de diversas nacionalidades realizan un intercambio comercial de boletos para musicales, conciertos, juegos deportivos y cualquier tipo de evento que implique boletaje. Un usuario pone su boleto a la venta, otro usuario lo compra. Me aclaró Ander Michelena, CEO de ticketbis, que por el momento su empresa no es concesionario de ligas deportivas, promotores o representantes artísticos, sino un intermediario que pone en contacto a dos particulares para garantizar a ambas partes un trato justo y seguro. Para ponerlo en blanco y negro: el Uber del boletaje. Así que, ticketbis fue solo la página a la que acudieron aquellos que tenían un boleto que vender, para ofrecerlo a aquellos que querían comprar. El porqué había desde el primer minuto oferta particular, simultáneamente a una preventa que había sido concesionada a una institución financiera de alcance nacional, sigue siendo algo que los tarjetahabientes de Banorte le siguen reclamando a su banco.

Y ya me tardé demasiado para sacar las odiosas comparaciones. La otra parte de mi artículo anterior: el mejicanísimo Banorte que tuvo en sus manos la preventa, se quedó en la omisa posición del “háganle como quieran” y el sarcasmo del “huuuyy, que miedo que te lleves tu mísera cuenta a otro banco”. No necesito decirte que, si tuviera que apostar, apostaría a que antes de que el grandioso Banorte ponga un pie en España, el aún modesto ticketbis estaría en condiciones de absorberlo. Ja-ja-ja-ja, dirán muchos como en su momento lo hizo Kodak, Blockbuster, Olivetti y cigarros Viceroy en el contexto de lo material, y más recientemente MSM Messenger y los teléfonos Black Berry en el área de la comunicación. Menospreciar la necesidad del pequeño consumidor o ignorar hacia dónde va el mercado, jamás ha mantenido a flote a ninguna compañía, por protegida o querida que esta sea.

Porque, empresas que han elegido como forma de hacer negocios el participar en los ciertos y seguros oligopolios de las concesiones adquiridas para explotar determinadas oportunidades, en lugar de aspirar al soñado e imaginario monopolio que te acarrea el buen servicio brindado al mercado abierto, siempre han estado destinadas a desaparecer más temprano que tarde. Ignorar las quejas y necesidades del consumidor individual cómo lo ha hecho Banorte, ciertamente no les quita el sueño, porqué saben que ni siquiera se van las pequeñas cuentas por no hacer más trámites en el reino de la tramitología, pero ciertamente que jamás crecerán más allá de lo que las acotadas concesiones les permiten, tomando sólo una rebanada del pastel mexicano, a lo mucho americano, dejando de lado el potencial de un mercado mundial.

Muy extendida está la percepción de que los problemas que México ha tenido a lo largo de su historia vienen enraizados desde que los españoles nos conquistaron, heredando de generación en generación una cultura de sometimiento y negación ante los distintos verdugos de nuestra tradición; diferente a lo que se piensa de los Estados Unidos, que fueron colonizados por ingleses, quienes legaron una cultura de adaptación, de crecimiento y desarrollo en suelo extraño. Conquista es igual a llenarse de riquezas sometiendo por la fuerza, colonizar es aprovechar las oportunidades que otros han despreciado en su propia tierra.

Aprovechando las bondades de la tecnología y las comunicaciones, utilizando herramientas como trendkite, talkwlker, brandwatch o la más popular alerta de menciones de google, empresas como ticketbis encuentran la forma de escuchar no solo a sus clientes, sino todo lo que se publica sobre ellos, y así se preparan para colonizar un mundo dónde las fronteras de los mercados han desaparecido y dónde, a aquellas empresas que aún creen en la conquista de concesiones para acaparar mercados sometidos, algún día las veremos en los anales de la nostalgia. Jamás he comprado por ticketbis y tengo más de 25 años siendo cliente de Banorte, pero tengo la absoluta certeza, de que mis hijos tendrán más tratos con la colonizadora empresa española, que con el conquistador banco mexicano.

cesarelizondov@gmail.com