El miercóles pasado se vio rodando por las calles de Saltillo un autobús naranja que utiliza como combustible el odio, la intolerancia y la discriminación. Se trata del “Autobús de la Libertad”, una versión moderna de la santa inquisición pero en modo móvil. A bordo de este autobús viaja Juan Manuel Dabdoub, presidente del Consejo Nacional para la Familia –no cualquier familia– sino lo que ellos llaman “familia tradicional”, la de un hombre con una mujer.

Este autobús viaja por todo México, promoviendo que el género está determinado por la biología y no por las emociones, sentimientos o decisiones personales. Que los transgénero no existen y que el matrimonio igualitario es un “falso derecho”. 

Fomentan que se dé marcha atrás a estos matrimonios declarados por la corte como legales, para que las personas puedan casarse con quien se quiera y obtener una condición de igualdad ante la Ley. 

Recorren el País “concientizando” sobre el derecho que tienen los padres de educar a sus hijos, derecho que aseguran no se respeta, y que la familia tiene que ser protegida por la sociedad y por el Estado y “que en México no sólo no se le protege, sino que se le agrede”. Dicen que no quieren que a los niños se les dé una educación sustentada en ideologías, porque son un conjunto de ideas. No entendí.

El polémico Juan Manuel Dabdoub, es quién la semana pasada, en Guadalajara, tapó, literalmente, la boca a una mujer que trataba de hacerle una pregunta. Quizás, pensando que las mujeres “calladitas se ven más bonitas”, limitó la libertad de expresión, esa que ellos tanto demandan. 

Claro que el recorrido del autobús por el País ha sido tomado como una provocación por activistas de la comunidad lésbico-gay, que en algunas ciudades han detenido momentáneamente el “Autobús de la Libertad” y en otras, lo han vandalizado, un hecho que repruebo. 

Lo digo porque estoy convencido de las causas de la comunidad LGBT, pero sé que la violencia no será jamás la salida. Y es que es eso lo que buscan organizaciones como la que encabeza Juan Manuel Dabdoub: que estos grupos se muestren como intolerantes. 

Yo entiendo la desesperación de la comunidad lésbico-gay. Y es que no debe ser fácil saberse odiados y discriminados, que se les quiera negar la capacidad de vivir un estilo de vida legal y que se intente que regresen a las sombras y, por lo tanto, a la falta de derechos humanos básicos.

Pero lo que resultó sumamente “extraño” es que, de todas las ciudades que ha visitado el autobús, fue sólo aquí donde se registró un hecho de violencia grave. Esto sucedió cuando la policía municipal de Saltillo cuidaba con esmero el “Autobús de la Libertad”, que al llegar a la esquina de las calles de Allende y Victoria, en pleno centro histórico, fue bloqueado por integrantes de la comunidad LGBT y de la organización San Aelredo. Luego, y en medio de la confusión, un policía municipal realizó un disparo “accidental”, del cual por fortuna nadie resultó herido.

Después, y como si se tratará de atrapar a los peligrosos delincuentes que todos los días roban a placer en las colonias de Saltillo, los manifestantes cuyas armas eran pancartas, fueron enfrentados por el Grupo Centauro, la policía antimotines municipal, que encapuchados y con rifles de alto poder, amenazaron con llevar a las celdas a los que bloqueaban la buena marcha del vehículo. El miedo obligó a los manifestantes a retirarse.

Yo no creo en las teorías conspiracionistas, por eso dudo mucho que detrás de esto pudieran estár las reminisencias del Saltillo conservador, una ciudad que durante décadas fue dominada por una pequeña élite, promotora de ideologías como las de “Nuestro padre Maciel”, como usaban llamarle, y que, por fortuna, la influencia sobre el destino de la ciudad es sólo un recuerdo. 

Lo que sí puedo decir, es que la “oportuna” intervención de la policía municipal, amenazando con reprimir a los manifestantes, lo logró, un hecho que permitió que el “Autobús de la Libertad” continuara con toda tranquilidad su camino, dejando a su paso un oscuro rastro de discriminación, intolerancia hacia la diversidad sexual y odio hacia quien piense distinto a ellos. Vaya libertad.

@marcosduranf